Gerchunoff: «Si el Central acercara el dólar al techo de la banda, Milei casi se aseguraría la reelección»
En un contexto de datos económicos ambivalentes, con indicadores alentadores conviviendo con una creciente pérdida de empleo, cierre de empresas y aumento de la informalidad, el destacado historiador económico Pablo Gerchunoff, profesor emérito de la Universidad Di Tella, analiza el presente argentino y el rol del gobierno de Javier Milei. Según Gerchunoff, si el mandatario no atiende a los sectores perdedores del actual proceso, liderará un “ajuste ciego” y frágil, poniendo en riesgo su capital político y electoral.
Gerchunoff, autor del reciente ensayo histórico “La demora y la prisa” (Edhasa), sostiene que Milei ha demostrado ser un “muy buen político” al identificar y capitalizar dos cambios estructurales en el país: el nuevo patrón productivo en la región de la Ruta 40 (que abarca desde la Patagonia hasta el norte argentino) y la reconfiguración de la relación con Estados Unidos. Sin embargo, advierte que el Presidente, pese a tener un horizonte de largo plazo claro, desatiende una crucial doble transición: la social y la electoral. “Tiene una oportunidad y la puede desaprovechar. Si no lo aprovecha Milei, lo aprovechará el que siga”, sentencia.
La visión de Milei y los riesgos del corto plazo
El historiador disiente con la afirmación de que “la macro está bien” y subraya problemas significativos en la administración económica de corto plazo. Identifica una constante histórica argentina que trasciende ideologías: el atraso cambiario y el dólar barato, impulsado por la “obstinada” tendencia de los sectores medios y altos a ahorrar en dólares. Este fenómeno, que compara con la “plata dulce” de otras épocas, persiste desde el peronismo en 1946-1948 hasta la actualidad.
Gerchunoff profundiza en la intuición política de Milei, comparándola con la de Julio Argentino Roca, quien supo ver el potencial del ferrocarril y el buque frigorífico para un proyecto expansivo. El actual presidente, según el analista, ha logrado visibilizar políticamente el cambio productivo en la Ruta 40, aunque advierte sobre posibles excesos en los beneficios otorgados a las empresas inversoras. La otra clave política es la nueva relación con Estados Unidos, que considera un “hallazgo político” capaz de generar esperanza y que, sospecha, tendrá un impacto irreversible más allá de los matices de futuros gobiernos.
No obstante, la crítica principal de Gerchunoff se centra en la política económica. “Donde yo veo los grandes problemas de Milei es en la política económica, en la administración rutinaria de la política económica”, afirma. Explica que, aunque Milei ha generado un mensaje de esperanza a largo plazo, no logra resolver los problemas de corto plazo, poniendo en peligro su capital electoral. Para ganar políticamente en un proceso de “destrucción creativa”, es fundamental ofrecer una salida a los “perdedores” en el corto plazo, algo que el gobierno no está haciendo. “En un proceso de ‘destrucción creativa’ no darles una salida a los perdedores no es una crueldad. Es, antes que nada, un error político”, enfatiza.
El dilema del dólar y la “miopía política”
“Tengo la sensación de que, si mañana el Banco Central acercara el tipo de cambio al techo de la banda que él mismo puso, algo así como 1700 o 1800 pesos, Milei casi se reaseguraría la reelección. Sería oxígeno para los conurbanos. Pero el Gobierno no cree en eso.”
Gerchunoff sugiere que una devaluación controlada de la moneda, acercando el tipo de cambio al techo de la banda establecida por el propio Banco Central (cifras cercanas a 1700 o 1800 pesos), podría ser un “oxígeno para los conurbanos” y una herramienta para integrar a los perdedores a la coalición oficialista. Sin embargo, aclara que ya no recomienda esta medida en el corto plazo, dada la cercanía de un proceso electoral, considerándolo una “torpeza” de su parte.
El historiador compara la actitud de Milei frente a los perdedores con la del expresidente español Felipe González, quien, al cerrar astilleros en un proceso de reformas, mostraba empatía. Milei, en cambio, es incapaz de “llorar por eso”, lo que Gerchunoff interpreta no como maldad, sino como una “miopía política” que ignora la necesidad de integrar a quienes sufren las consecuencias del ajuste. La idea de una migración masiva de cuatro millones de personas desde el Gran Buenos Aires a las provincias patagónicas y del norte, que algunos estudios proyectan para 2050, no conecta con la naturaleza de la democracia electoral, donde los ciudadanos no esperarán décadas por una mejora.
La prisa de Milei y la “Argentina normalizada”
El analista describe a Milei como un hombre dominado por la prisa, una característica que, según su libro, ha marcado la política argentina en momentos de oportunidades históricas. Esta prisa, comparable a la de Juan Domingo Perón en 1946-1948 o Néstor Kirchner, se debe al temor a la derrota en un país caudillista. Sin embargo, advierte que el dogmatismo monofiscalista de Milei podría llevarlo a desperdiciar la oportunidad, por ejemplo, al desatender la infraestructura necesaria para los productores agropecuarios, un factor clave en el pacto nacional que Roca supo construir.
A pesar de las críticas, Gerchunoff reconoce que Milei ha logrado “normalizar” la imagen de Argentina en el mundo. La pregunta habitual sobre “¿qué es el peronismo?” ha sido reemplazada por “¿quién es Milei?”, lo que indica que su experiencia es comprensible en el contexto global actual, donde fenómenos similares ocurren en muchos lugares. Finalmente, reflexiona sobre la posibilidad de que la sociedad argentina, ante un pasado “tan terrorífico”, haya desarrollado una “resignación” que explica la falta de una explosión social a pesar de los perdedores. Si Milei ha logrado inyectar esta resignación, entonces “Milei ganó”, concluye, en referencia a un cambio profundo en la mentalidad colectiva.

