Adiós a Julio Le Parc: El “Iluminador” que no pudo silenciar la luz
Argentina y el mundo del arte despiden a Julio Le Parc, el maestro del arte cinético, fallecido a los 94 años. Su hijo, Yamil Le Parc, lo despidió públicamente con una conmovedora carta titulada “A Julio Le Parc, El iluminador: ‘No se puede silenciar la luz’”, en la que rinde homenaje a la figura de su padre, su legado artístico y su profunda humanidad.
El mensaje de Yamil Le Parc, cargado de emoción, destaca la esencia intacta del artista que, aunque su cuerpo partió, su obra y su espíritu permanecen. “Tu corazón argentino, programado para el amor, ha dejado de latir. Pero no los motores de tus obras electrizantes, que han estado funcionando durante más de medio siglo haciéndonos felices”, expresa en un pasaje que subraya la vitalidad y el impacto duradero de la creación de Le Parc.
Un legado de luz y movimiento
La carta evoca la trascendencia de la obra de Le Parc, mencionando las “curvas de tus hermosas manos hoy torcidas de tanto dibujar” que se retorcerán en “infinitas, sutiles y resonantes Modulaciones”. Se hace referencia a sus “catorce vibrantes colores fundamentales” que seguirán buscando la pureza, y a sus volúmenes que “seguirán virtualizándonos” para invitarnos a la reflexión y la tolerancia, siempre buscando nuestro reflejo en espejos que nos muestran “algo distinto a la vida cotidiana”.
Yamil Le Parc también plantea preguntas retóricas que resaltan la ausencia de su padre y la impronta que dejó en la defensa de la libertad y el arte para todos. “¿Quién inventará juegos para nosotros y para todos? ¿Quién defenderá nuestro derecho a hablar y nuestras libertades? ¿Quién nos enseñará que no debemos callar? ¿Quién hablará con tanta elocuencia sobre el arte para todos? ¿Quién defenderá un futuro mejor para los artistas?”, se pregunta, evidenciando el rol de Le Parc como un incansable promotor de un arte accesible y comprometido.
La audacia de una vida dedicada al arte
El texto resalta la audacia y el coraje de Julio Le Parc para enfrentarse a las puertas cerradas en pos de una sociedad y un mundo mejores. Se lo describe como alguien con el valor de “alzar la voz frente a las autoridades títeres a las que no se puede perturbar”. En este contexto, Yamil Le Parc cita a Victor Hugo para encapsular la filosofía de su padre:
“No se puede silenciar la luz”. Lo obvio es obvio. Qué lástima por los que no lo entendieron.
La despedida también evoca los sacrificios y la dedicación del artista a lo largo de “casi un siglo” de vida, “tantas exposiciones, tantos premios honoríficos, pero también a qué precio, tantas dudas, tanta investigación continua casi científica”. El hijo confiesa que a su padre le llevó “toda una vida hacerte oír y a mí otra para entenderte”, un testimonio de la complejidad y profundidad de la relación y el legado del artista.
La carta concluye con un deseo de paz y luz para el artista, expresando el dolor de la pérdida y la esperanza de que su esencia continúe viva. “Tus pinceles están aquí. Y si aún tienes este intenso deseo de vivir, ¡Vive! Dondequiera que estés, y que la luz y la paz te acompañen. Pero si aún deseas que emprendamos un largo viaje juntos, esta vez será sin mí”.

