Ciudades Argentinas: el «Estado poco inteligente» y el desafío de la integración territorial
La popularización del concepto de “Smart cities” o ciudades inteligentes ha puesto de manifiesto la profunda transformación que el uso de tecnologías emergentes puede generar en la calidad de vida urbana. Sin embargo, en el caso argentino, una lectura más amplia de las dinámicas socio-demográficas expone una preocupante ausencia de políticas claras que contribuyan no solo a mejorar las urbes, sino también a un adecuado aprovechamiento del potencial territorial del país.
Así lo señala el sociólogo y exdiputado nacional Fabio Quetglas, quien analiza las conclusiones del recientemente publicado “Índice de Ciudades Argentinas”. Este instrumento mide la calidad de vida de 43 ciudades —que concentran más del 60% de la población— a través de 26 ítems, y más allá del ranking en sí mismo, evidencia cuatro rasgos que denotan una marcada insuficiencia institucional en la planificación territorial.
Desequilibrio territorial y desafíos regionales
El primer rasgo distintivo es que las diez ciudades mejor posicionadas en el ranking pertenecen al corredor central del país, que conecta la provincia de Buenos Aires y la región centro con Mendoza. Este fenómeno, según Quetglas, no es casual y revela dos quiebres significativos: uno al norte, caracterizado por un bajo dinamismo productivo, y otro al sur, afectado por los altos costos de las distancias y la logística. “El país no ha resuelto adecuadamente su integración territorial. No es inteligente naturalizar un modelo que es resultado de decisiones políticas concretas”, afirma Quetglas.
En segundo lugar, se destaca el caso de Neuquén. Si bien lidera los indicadores económicos, no logra ingresar al top 10 de la tabla general debido a sus déficits en hábitat y prestaciones sociales. Esto plantea un interrogante crucial: ¿cuentan las gestiones subnacionales con los instrumentos adecuados para atender el aumento exponencial de las demandas sociales que generan las migraciones? Quetglas advierte que una priorización inadecuada de las necesidades cotidianas de migrantes y sectores vulnerables, en un área con infraestructura insuficiente, podría atentar contra el desarrollo a largo plazo. “¿Es inteligente creer que siempre ‘los melones se acomodan en la carreta’, desconociendo que los melones de abajo suelen terminar machucados?”, cuestiona.
La logística y la gestión metropolitana, asignaturas pendientes
El tercer punto relevante es que solo una ciudad del país, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), alcanza el puntaje óptimo en materia logística. Esta realidad lleva a Quetglas a preguntarse si es razonable que Argentina no multiplique sus posibilidades logísticas, especialmente mirando hacia el norte y el oeste del territorio nacional.
Finalmente, el índice señala a Lomas de Zamora como la ciudad con los peores resultados de la muestra. A pesar de contar con zonas de alta calidad de vida como Adrogué y beneficiarse de la cercanía a CABA, la inseguridad y los déficits sociales la relegan a este puesto. Este caso subraya la necesidad imperiosa de que Argentina se dote de un modelo de gestión metropolitana. El objetivo no es “sacralizar las metrópolis”, sino atender de manera realista agendas que deben sortear la fragmentación y la descoordinación institucional.
La tecnología puede ser solución o fetiche. La inteligencia de los estados no se mide por la cantidad de gadgets que se incluyen en los procesos administrativos, sino por asumir la agenda que corresponde.
Quetglas concluye que es poco inteligente creer que las dinámicas territoriales argentinas se resolverán con “golpes de efecto”. El “Índice de Ciudades Argentinas” no solo exhibe la calidad de algunas urbes, sino que también revela la profundidad y complejidad de una agenda que a menudo se confunde con planteos reivindicativos o ecos de la historia. “Nuestro territorio es un desafío actual, concreto e ineludible; o se transforma en agenda o nos vendrá a la agenda como crisis”, sentencia.

