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Crítica de cine: «Los Bobos», una sátira perturbadora sobre la codicia que desafía al espectador

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Los bobos, la nueva propuesta cinematográfica de la dupla de directores Sofía Jallinsky y Basovih Marinaro, se erige como una perturbadora sátira que aborda la codicia de manera incisiva, dejando una marca difícil de borrar en el espectador. La película, que cuenta con guion de Marinaro, fotografía de Nicolás Colledani y edición a cargo de Brenda Gitman, Basovih Marinaro y Sofía Jallinsky, propone una mirada audaz y negrísima sobre la condición humana en un contexto de avaricia desmedida.

Esta producción argentina, distribuida por Cinetren y con una duración de 95 minutos, retoma y profundiza el camino iniciado por Jallinsky y Marinaro con su anterior trabajo, Estertor. Aquella obra, ganadora de un premio de distribución en el Festival de Gijón, ya había sorprendido por su singularidad y su pulso cómico mordaz, abordando la tortura a un exrepresor con Alzheimer. Los bobos hereda esa incomodidad osada y ese humor lacerante, pero eleva la apuesta al situar el dinero como el único motor de una trama igualmente oscura y esperpéntica.

La trama: un servicio macabro y sus límites

La historia central de Los bobos gira en torno a dos amigos que ofrecen un servicio escalofriante: por una abultada suma de dinero, someten a personas elegidas por sus clientes a un tratamiento de electroshock. El resultado es una criatura dependiente y babeante, un «bobo» en el léxico de los protagonistas, susceptible a la manipulación. Esta macabra organización está liderada por la Madre, interpretada magistralmente por Liliana Weimer, una figura en silla de ruedas que, con su implacable calculadora, reparte ganancias y asigna tareas.

Lo que inicialmente parece una labor asimilada sin culpa, a fuerza de su repetición, encuentra un límite cuando los protagonistas reciben una oferta jugosa: realizar el tratamiento por fuera de los tentáculos de la Madre y sus obligadas comisiones. Esta transgresión marca el punto de inflexión de la película, desatando un horror que los personajes no imaginaban y exponiendo un universo de rarezas que se convierten en costumbre. La película muestra a sus protagonistas encarnando la codicia moderna como un desliz banal y perturbador, probando en cada paso un poco más de lo que creían inimaginable.

Un elenco destacado y una dirección audaz

El trabajo actoral es uno de los pilares de Los bobos. El elenco, compuesto por Sebastián Romero Monachesi, Cecilia Marani, Fiona Gollob, Liliana Weimer, Florencia Bergallo y Verónica Gerez, logra dar vida a estos personajes complejos y siniestros. Sin embargo, es la interpretación de Liliana Weimer como la Madre la que se destaca, erigiéndose como uno de los personajes más ominosos del cine reciente. Su relato de las águilas, la anécdota de su amiga Rosa y sus risotadas que anuncian el espanto, sintetizan el tono amargo y perturbador de la película.

La dirección de Jallinsky y Marinaro utiliza recursos visuales potentes, como planos cerrados y deformantes, colores que tuercen su sentido y elipsis justas y equilibradas, para construir una atmósfera oscura y perturbadora, pero al mismo tiempo tan cercana que el humor se cuaja en una mueca amarga de perplejidad. Los bobos se consagra como una película difícil, revulsiva e inolvidable, que asume una tradición compleja y esquiva, y afirma su crítica en un territorio a menudo incomprendido, demostrando que la peor validación del horror es aquella que no se muestra.

Una película difícil, revulsiva, inolvidable. El mérito de la dupla de directores consiste en asumir una tradición compleja y esquiva, afirmar su crítica en un territorio a menudo incomprendido, y asumir desde la representación que la peor validación del horror es aquella que no se muestra.

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