Sociedad

Anorexia en hombres: Iván tenía 13 años y perdió la mitad de su peso

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A los 13 años, Iván comenzó una lucha silenciosa y devastadora. En secreto, empezó a tirar la comida que le servían, un comportamiento que lo llevó a perder más de la mitad de su peso corporal. Su historia expone la compleja realidad de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en adolescentes varones, a menudo invisibilizados por prejuicios sociales.

El relato de Iván se centra en la dificultad de enfrentar una enfermedad que la sociedad asocia predominantemente con el género femenino. La pregunta «¿Cómo vas a tener esa enfermedad si es de mujeres?» resuena como un eco de la incomprensión y el estigma que rodeó su proceso, dificultando tanto el diagnóstico como el apoyo adecuado en sus primeras etapas.

El inicio de la lucha y la reconstrucción personal

La adolescencia es una etapa de profundos cambios y vulnerabilidades. Para Iván, este período se vio marcado por el desarrollo de la anorexia, una condición que lo llevó a extremos físicos y emocionales. Es fundamental comprender que los TCA no distinguen género y que los hombres también pueden sufrir de anorexia, bulimia o trastorno por atracón, aunque con frecuencia se enfrentan a barreras adicionales para buscar ayuda debido a estereotipos.

La pérdida drástica de peso fue solo una de las manifestaciones visibles de una batalla interna mucho más profunda. La reconstrucción de su identidad, tras haber sido consumido por la enfermedad, se presenta como uno de los desafíos más significativos en su camino hacia la recuperación. Implicó no solo recuperar la salud física, sino también redefinir su relación con la comida, su cuerpo y su propia imagen, en un entorno que inicialmente no supo reconocer su sufrimiento.

Desafíos y la importancia de la visibilización

El testimonio de Iván subraya la necesidad urgente de desmantelar los mitos en torno a los trastornos alimentarios. La creencia de que son «enfermedades de mujeres» no solo retrasa la detección y el tratamiento en varones, sino que también agrava el aislamiento y la vergüenza que pueden sentir al padecerlos. La falta de reconocimiento social puede llevar a que los hombres afectados oculten sus síntomas por más tiempo, exacerbando las complicaciones de salud.

Su valentía al compartir su experiencia es un paso crucial para generar conciencia. Historias como la de Iván son vitales para educar a la sociedad, a los profesionales de la salud y a las familias sobre la universalidad de los TCA, promoviendo entornos más inclusivos y comprensivos para todos quienes los padecen, independientemente de su género.

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