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Teatro en alerta: los ecos de Pinti y Alcón en la lucha por la Ley Nacional del Teatro

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Hace tres décadas, la comunidad teatral argentina demostró su poder de organización y movilización en defensa del sector, sentando las bases para la actual Ley Nacional del Teatro. Hoy, con los debates reavivados por las políticas de ajuste y la propuesta de derogar normativas fundamentales, la historia se repite y el ambiente artístico vuelve a encender las alarmas.

Las acciones de 1995 y 1996, que contaron con figuras de la talla de Enrique Pinti y Alfredo Alcón, marcaron un punto de inflexión. Desde una multitudinaria sentada en la avenida Corrientes frente al Teatro San Martín hasta una irónica “fiesta” en la Manzana de las Luces, los artistas lograron visibilizar sus demandas y presionar por un marco legal que protegiera y fomentara la actividad.

Las movilizaciones que cambiaron la historia

En abril de 1995, el Movimiento de Ayuda al Teatro (MATe), presidido por Alejandra Boero, Roberto Cossa y Eduardo Rovner, junto a la Asociación Argentina de Actores y otras entidades, organizó una «sentada silenciosa» en la puerta del Teatro San Martín. La avenida Corrientes fue cortada por miles de actores, directores, dramaturgos y gestores culturales que reclamaban por la supervivencia de la cultura.

Políticos: basta de verso, llegó el tiempo de la poesía. Los artistas nos sentimos defraudados por la falta de interés real de los partidos, sus líderes y sus asesores en el tema cultural.

Entre los presentes se destacaron figuras como Ernesto Sábato (con un mensaje grabado), Alfredo Alcón, Leonor Manso, Iris Marga, China Zorrilla, Carlos Carella, Griselda Gambaro, María Rosa Gallo, Inda Ledesma, Carlos Gorostiza, Eduardo Pavlovsky, Carlos Rottemberg, Cipe Lincovsky y Enrique Pinti. Cipe Lincovsky resumió el sentimiento general: “Estoy acá porque la cultura está en terapia intensiva, así como las otras cosas del país”. Por su parte, Luis Brandoni añadió: “Un pueblo que no tiene manifestaciones artísticas es un pueblo que nadie tiene en cuenta”.

Al año siguiente, el 17 de junio de 1996, la Manzana de las Luces fue escenario de otro acto clave. Presentado como una “fiesta, baile y regocijo con motivo de la Tercera Refundición de la Ciudad de Buenos Aires”, el evento fue conducido por Enrique Pinti, vestido de virrey y con uno de sus monólogos de humor político. Ante la presencia de candidatos a intendente porteño, la directora Alejandra Boero leyó la lista de salas cerradas, soltando un globo por cada una, simbolizando la pérdida de espacios culturales.

Estas acciones fueron cruciales para que las organizaciones teatrales fortalecieran su capacidad de movilización y comenzaran un diálogo directo con legisladores y funcionarios del Ejecutivo. Un año después, en 1997, se promulgó la Ley Nacional del Teatro (N°24.800), que creó el Instituto Nacional del Teatro (INT), un organismo fundamental para el fomento del teatro independiente en todo el país.

El presente: amenazas de derogación y desfinanciamiento

Tres décadas después, el sector teatral se encuentra nuevamente en estado de alerta. La Cámara de Diputados aprobó la llamada “ley Hojarascas”, que incorpora la derogación de la ley N°14.800. Esta norma, promulgada en 1959 tras la demolición del viejo Teatro Politeama, declara de interés nacional la actividad teatral y obliga a los propietarios que demuelen una sala a construir una nueva con características similares en el mismo predio. Gracias a ella, el nuevo Politeama de Juan José Campanella y sus socios pudo reabrir en 2022.

La propuesta de derogación es resistida por diversas entidades, incluyendo la Asociación Argentina de Actores y Artei (que nuclea a las salas alternativas). Incluso Aadet, la cámara que agrupa a los dueños de salas y que en teoría sería beneficiada, se opone. Sebastián Blutrach, presidente de Aadet y dueño del Teatro El Picadero, expresó en el Congreso: “A los que pretenden beneficiar, que son los dueños de sala, no fuimos consultados ante este intento de derogar esta ley ni estamos de acuerdo con que esta ley se derogue”. Blutrach enfatizó que la ley 14.800 “conservó muchas salas, evitó la desaparición masiva de teatros y consolidó un circuito teatral privado dinámico y sostenible”. El proyecto se encuentra ahora en el Senado, pendiente de tratamiento en comisiones.

A esto se suma la crítica situación del Instituto Nacional del Teatro (INT). Según un comunicado de Artei, el INT atraviesa una “virtual parálisis” debido a un “brutal desfinanciamiento” por parte del gobierno nacional, que le habría quitado más de 5000 millones de pesos que le correspondían por ley. Además, el organismo no ha avanzado en expedientes y apenas paga deudas de años anteriores a cuentagotas. Los representantes provinciales del INT denuncian la falta de llamados a concursos para cubrir cargos vacantes desde julio de 2024, lo que pone en riesgo la continuidad del funcionamiento del Consejo de Dirección.

El Congreso Nacional ya votó el rechazo al decreto 345/2025, que buscaba introducir nuevas pautas de mecanismos internos en el INT, reflejando el amplio rechazo de la comunidad teatral a los intentos de desvirtuar su funcionamiento.

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