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Geopolítica: Argentina tiene una «oportunidad histórica» en el nuevo tablero mundial

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Las transformaciones geopolíticas globales están redefiniendo el comercio internacional, las alianzas entre países y las estrategias económicas de las principales potencias. En este nuevo escenario, el sector agroindustrial argentino adquiere una importancia estratégica debido a su capacidad para producir alimentos, energía renovable y bienes con potencial ambiental, todos con una demanda creciente a nivel mundial. Sin embargo, para aprovechar esta coyuntura, el país requiere de numerosos cambios estructurales.

Martín Piñeiro y Marcelo Regunaga, expertos que participaron en un seminario organizado por la Fundación Producir Conservando, señalaron que el sistema multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial está perdiendo relevancia. En su lugar, emerge una dinámica internacional donde las grandes potencias utilizan herramientas comerciales, financieras y militares para defender sus intereses estratégicos.

En un contexto mundial marcado por conflictos bélicos y geopolíticos, el comercio internacional ya no se define solo por ventajas comparativas y eficiencia económica. Ahora cobran especial relevancia las alianzas estratégicas y las consideraciones de seguridad nacional, dado que muchos países no poseen recursos naturales suficientes para abastecer su demanda interna de alimentos y energía.

Ventajas comparativas y riesgos estratégicos

Argentina cuenta con una ventaja significativa debido a su amplia disponibilidad de recursos naturales, agua y tierras productivas. A esto se suma una alta capacidad tecnológica y empresarial en la producción agroindustrial de bienes con gran demanda global como granos, carnes, lácteos y biocombustibles, en una región sin conflictos bélicos. Los analistas remarcaron que:

“Las tensiones geopolíticas generan impactos sobre las cadenas globales de abastecimiento, aumentan costos logísticos, dificultan el transporte marítimo y estimulan tendencias hacia la autosuficiencia en bienes considerados estratégicos.”

Por ello, la agricultura deja de ser solamente un sector económico para transformarse en un activo geopolítico esencial. En este esquema, América del Sur se posiciona con ventajas como productora y exportadora agroindustrial.

En este nuevo tablero, los especialistas también identifican el resurgimiento de la Doctrina Monroe en Estados Unidos bajo el principio de “Las Américas para los americanos”. Esto, si bien puede representar una oportunidad para Argentina en términos de inversiones, financiamiento y acceso a mercados, también conlleva “riesgos de subordinación política y restricciones estratégicas”.

La interrupción de rutas navegables internacionales, a causa de los conflictos bélicos, provoca aumentos en los costos de energía, fertilizantes y transporte marítimo, impactando la competitividad agrícola global. En este aspecto, Argentina se encuentra relativamente menos expuesta que otros países debido a sistemas productivos menos intensivos en energía y fertilizantes, aunque igualmente enfrenta impactos macroeconómicos relevantes.

Asimismo, destacaron que el acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea podría impulsar mejoras regulatorias, el desarrollo de cadenas regionales de valor y una mayor cooperación tecnológica y ambiental. Esto permitiría “reducir la dependencia excesiva respecto de Estados Unidos y China, fortaleciendo vínculos con países que buscan sostener reglas multilaterales y estabilidad institucional”.

Desafíos internos para capitalizar la oportunidad

A pesar de las ventajas ambientales, productivas y geográficas que otorgan a Argentina una oportunidad para un gran salto en su agroindustria a nivel global, el país enfrenta numerosos escollos que podrían hacerle perder el tren del crecimiento y el desarrollo. Para Piñeiro y Regunaga, entre estos desafíos se encuentran la alta presión impositiva, la baja competitividad sistémica, el déficit de infraestructura física y logística, el escaso financiamiento de largo plazo, la insuficiente inversión en investigación y desarrollo, la limitada articulación público-privada, la falta de acuerdos comerciales relevantes, el poco agregado de valor y la baja diferenciación de exportaciones.

Los expertos enfatizaron:

“No alcanza con disponer de recursos naturales: también es necesario desarrollar innovación tecnológica, infraestructura y capacidades institucionales.”

Para lograrlo, propusieron generar una estrategia internacional que posicione a la agroindustria sudamericana como un proveedor confiable de alimentos, energía y soluciones ambientales. Esto requiere fortalecer el MERCOSUR, armonizar regulaciones, desarrollar cadenas regionales y mejorar la promoción comercial y la diplomacia económica. Concluyeron que “el desafío no consiste únicamente en producir más, sino en construir una estrategia nacional y regional que permita aprovechar inteligentemente la nueva geopolítica de los alimentos”.

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