Política

Interna en el Gobierno: la mesa política se apacigua, pero las fricciones persisten

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La reciente reunión de la mesa política del Gobierno nacional, que congregó a figuras clave como Santiago Caputo y Martín Menem, transcurrió en un clima inesperadamente tranquilo. A pesar de las discusiones públicas previas, los protagonistas mantuvieron un perfil bajo, llevando a un asistente a describir la situación: “En Twitter son explosivos y acá se quedan calladitos”. Incluso la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, optó por el silencio, anticipando a sus colaboradores que mantendrá esa postura al considerar que ya expresó sus diferencias con el vocero Manuel Adorni.

Este aparente aplacamiento sugiere que los referentes libertarios son conscientes de los riesgos de exponer permanentemente las tensiones internas. Si bien las fricciones existen y el presidente Javier Milei no ha mostrado hasta ahora una vocación clara por encauzarlas, la mayoría de sus colaboradores entiende que el margen para las “patriadas personales” es limitado. Esto se atribuye no solo a una cuestión de lealtad, sino también a la fuerte gravitación que el mandatario aún ejerce, a pesar de errores y escándalos.

La narrativa económica y el desafío opositor

La influencia de Milei parece extenderse más allá del Gobierno, abarcando a una parte significativa del establishment. A pesar del ajuste económico, una reactivación que aún no se generaliza y la caída del ingreso disponible, un sector importante del electorado percibe al Presidente como el único capaz de ofrecer una narrativa económica para superar la crisis. Este factor dificulta a la oposición la búsqueda de un liderazgo claro y la ha llevado incluso a incorporar banderas propias del oficialismo, como el equilibrio fiscal.

Encuestas recientes, como una de Atlas Intel publicada por Bloomberg, indican una recuperación de 4 puntos en la imagen positiva del Gobierno durante mayo, la primera mejora desde noviembre. El presidente Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, se muestran optimistas sobre la actividad económica. “En mayo pega la vuelta”, afirmó el Presidente en privado, en un contexto donde el riesgo país volvió a ubicarse por debajo de los 500 puntos. El éxito de esta perspectiva dependerá, sin embargo, de variables clave como la inflación, los ingresos y la situación cambiaria.

Empresarios vs. Gobierno: visiones sobre la reactivación

Una parte de la sociedad ha demostrado una paciencia mayor con el ajuste libertario en comparación con experiencias anteriores, incluso superando a muchos empresarios. La semana pasada, en una reunión con Luis Caputo, los directivos de la Unión Industrial Argentina (UIA), liderados por Martín Rappallini, le manifestaron al ministro que la mayoría de los sectores aún están lejos de una reactivación. “Yo tengo otros números”, respondió Caputo, insistiendo en la suba de la recaudación.

El establishment económico, sin embargo, no vislumbra un círculo virtuoso y se ve forzado a revisar costos ante la ausencia de una inflación que disimule ineficiencias. En la última reunión de la UIA, el comité directivo cuestionó las tasas municipales de Pilar y la política de algunos gobernadores de reducir Ingresos Brutos solo a quienes se radican en sus provincias. También plantearon su queja por el impuesto al cheque, considerado distorsivo. Caputo coincidió en el diagnóstico, pero anticipó que su eliminación atentaría contra el equilibrio fiscal. Además, descartó una reforma tributaria durante el actual mandato de Milei, incluso ante los pedidos del Fondo Monetario Internacional (FMI), a la espera de que las inversiones del Régimen de Incentivo a Grande Inversiones (RIGI) generen recaudación.

Una economía más robusta tonificaría al Gobierno para encarar no sólo las elecciones del año próximo, sino la conformación de las listas.

Desafíos legislativos y la paradoja política

La espera por una economía robusta es “demasiado tiempo para la industria”, que observa un crecimiento heterogéneo y pocos motivos para la euforia. Esta situación generó tensión, como lo evidenció el enojo de Sergio Iraeta, secretario de Agricultura, ante productores que no aplaudían la reducción de retenciones a las exportaciones, al considerar que es insuficiente.

El Gobierno confía en aumentar la base tributaria, ya que Caputo avisó que será difícil sostener el equilibrio fiscal solo con ajuste. Apuesta al regreso del crédito y a los “dólares del colchón”, y evalúa cambios en la ley de Inocencia Fiscal. Una economía más sólida sería clave para el oficialismo de cara a las elecciones de 2025 y la conformación de listas, donde se debate la conveniencia de acuerdos con gobernadores o la presentación de candidatos propios que podrían restar apoyos en el Congreso.

El estancamiento de diez proyectos del oficialismo en el Senado, incluyendo la reforma política y los pliegos de jueces, es un claro ejemplo de la necesidad de negociación. Empresas alimenticias, por ejemplo, buscan la derogación de la Ley de Etiquetado Frontal, un proyecto que el Ejecutivo envió sin contar con los votos para su dictamen. La presencia de numerosos ejecutivos recorriendo despachos en la Cámara alta evidencia la urgencia.

El oficialismo necesita acordar con la oposición. La pregunta es si los radicales, que votaron a favor de la Ley de Etiquetado Frontal en 2021, acompañarán ahora su derogación. Lule Menem afirmó en la mesa política que los gobernadores le anticiparon apoyo para eliminar las PASO, aunque Patricia Bullrich objetó que “no es lo que dicen sus respectivos senadores”.

El dilema central son los costos de no acordar. Milei ha delegado esta discusión en Karina Milei y los Menem, pero el resultado final depende de las cuentas públicas, un área en la que el Presidente no negocia. Sus restricciones presupuestarias y el equilibrio fiscal buscan atenuar la inflación y desdibujar a la oposición, que condena el ajuste. Ante esta paradoja, “la política no ha encontrado hasta ahora un plan B”.

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