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Modelo educativo: el colegio de Pilar donde 8 de cada 10 egresados consigue trabajo formal

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En un contexto donde las estadísticas educativas y laborales en Argentina muestran desafíos significativos, el Instituto María Madre Nuestra en Manuel Alberti, partido de Pilar, se erige como un modelo de éxito. Esta institución no solo logra que el 75% de sus alumnos termine el secundario en tiempo y forma, sino que también ostenta que el 80% de sus egresados consigue un empleo formal y el 75% continúa con estudios terciarios o universitarios.

La historia de Elías, un joven de 21 años que viaja casi dos horas desde las afueras de Pilar a Palermo para trabajar en mantenimiento mientras cursa el CBC de Medicina en la UBA, es un reflejo de este fenómeno. Tras dejar la carrera el año pasado por necesidad económica, este año consiguió un empleo en blanco que le permite retomar sus estudios. “Cueste el tiempo que cueste, yo sé que voy a llegar a ser médico”, afirma, inspirado por los valores y el acompañamiento que recibió en la escuela.

Estas cifras contrastan fuertemente con los promedios nacionales. Según un informe de 2024 de Argentinos por la Educación, solo el 10% de los jóvenes en el país finaliza el secundario en tiempo y forma. Además, apenas dos de cada diez jóvenes del decil más bajo acceden a estudios superiores, y solo tres de cada 100 de hogares muy pobres logran un trabajo registrado.

Claves de un modelo de éxito: comunidad, acompañamiento y doble jornada

Franco Ricoveri, director del instituto desde hace ocho años, atribuye el éxito a varios factores. Más allá del acompañamiento personalizado a los alumnos, destaca el espíritu comunitario que rige en Manuel Alberti, una zona con valores de comunidad pequeña donde el colegio es muy respetado. Ricoveri enfatiza que el instituto se convirtió en un pilar para 2.000 hogares con muchas carencias, a menudo con familias lastimadas, divididas o abuelos a cargo de los chicos.

La escuela, que hoy cuenta con alrededor de 2.000 alumnos en todos los niveles (inicial, primario, secundario y terciario), tiene una historia particular. Fundada en 1956 por el padre José Roqueta, quien utilizó viejos vagones de tranvía para instalar un centro de salud y una escuela, se expandió significativamente bajo la dirección del padre Tomás Llorente en 1986, sumando el nivel secundario y terciario para formar a sus propios docentes. “Hay más de tres generaciones en Manuel Alberti que asistieron a esta escuela”, comenta Marcela Pérez, docente de nivel terciario y figura clave en la organización pedagógica.

La doble jornada es otra de las claves que resalta Pérez, al considerarla una garantía de calidad educativa y un cimiento fundamental para que los estudiantes lleguen al secundario con herramientas sólidas. El compromiso se extiende más allá del aula; si detectan ausencias reiteradas, el equipo de orientación y los directivos coordinan acciones, reuniéndose con el alumno y su familia, e incluso acercándose a sus casas si es necesario. Durante la pandemia, la escuela funcionó como comedor comunitario, brindando alimentos y contención.

De exalumnos a docentes: el círculo virtuoso del compromiso

Un aspecto distintivo del Instituto María Madre Nuestra es que gran parte de su personal, desde el encargado de mantenimiento hasta docentes y preceptores, son exalumnos. Darío Torres, el preceptor más antiguo, se graduó en 2004 y sus padres y abuelo también tienen una fuerte conexión con la institución. “Los conozco a todos acá: chicos, padres y abuelos. Nos cruzamos en el club, en la carnicería, en la plaza, en todos lados”, dice Torres, convencido de que el acompañamiento cercano es fundamental para evitar el abandono escolar.

Verónica Zanelli, docente de Química y exalumna, comparte esta perspectiva. Resalta el alto nivel académico y la calidez humana de los profesores como inspiración para seguir sus pasos. Hija de padres que hicieron un gran esfuerzo económico para que sus cuatro hijos fueran profesionales, Verónica fue becada y hoy es parte de este equipo. El instituto es una escuela pública de gestión privada, donde el Estado cubre los sueldos docentes y el resto de los gastos se financia con cuotas accesibles, donaciones y padrinazgos.

La oferta académica se amplía constantemente. En 2025, el instituto firmó un convenio con la Universidad Austral para sumar la Diplomatura en Cuidados de Adultos Mayores, una carrera de un año con rápida salida laboral, que Elías también cursa para complementar sus ingresos. Entre las carreras más elegidas por los egresados se encuentran veterinaria, psicología, gastronomía, marketing, economía, administración de empresas, medicina y diversos profesorados.

La institución también se enfoca en la educación de adultos. “Alrededor del 85% de los padres no terminaron el secundario y acá abrimos las puertas para que lo hagan”, explica Marcela Pérez, destacando el caso de Lorena, madre de Celeste Álvarez, quien terminó el secundario en el turno vespertino de la misma escuela que su hija.

Este enfoque integral, que combina excelencia académica, acompañamiento personalizado y un fuerte sentido de comunidad, permite a jóvenes como Elías y Celeste Álvarez (quien, becada por su excelente rendimiento, hoy estudia Licenciatura en Química en la UBA) proyectar un futuro profesional real y posible, con la seguridad de contar con las herramientas necesarias para la etapa universitaria y laboral.

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