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El ego de Milei bajo la lupa: entre la fama autoimpuesta y las internas libertarias

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“Estoy orgulloso y feliz de la profesión que elegí. Soy uno de los tres tipos más conocidos del planeta”, afirmó el presidente Javier Milei esta semana durante una clase en la Universidad de San Andrés. Sin embargo, esta declaración, que refleja un ego descomunal, choca con la realidad: no existe ningún ranking global que lo ubique siquiera entre las 50 personalidades más conocidas. La comparación con figuras como Lionel Messi, Donald Trump o Mick Jagger evidencia la desproporción de la afirmación presidencial.

En enero de este año, Plisio.blog, la sección de noticias de una popular pasarela de pagos en criptomonedas (un ámbito donde el mandatario podría tener mayor reconocimiento), publicó un informe sobre las personas más famosas y celebridades del mundo en 2026. Para elaborar esta medición, se consideraron cuatro variables clave: cantidad de seguidores en redes sociales, actividad en buscadores de información, encuestas de admiración y popularidad, y los ingresos según Forbes. En ninguna de estas categorías figura Javier Milei.

Fama digital: lejos de los referentes globales

El análisis de las redes sociales es contundente. En Instagram, el líder es Cristiano Ronaldo con 664 millones de seguidores, seguido por Lionel Messi (505 millones), Selena Gómez (406 millones), Dwayne Johnson (383 millones) y Kylie Jenner (383 millones). Milei, con 4,6 millones de seguidores, no aparece entre los primeros 1000, un número significativo para Argentina, pero marginal en la esfera global.

En X (antes Twitter), la red social preferida por los políticos, la situación no es diferente. Su propietario, Elon Musk, suma 240 millones de seguidores, muy por delante de Barack Obama (119,3 millones) y Donald Trump (111,5 millones). Milei apenas supera los 4 millones en esta plataforma. En TikTok, la supremacía la tienen Khaby Lame (160,6 millones) y Charli D’Amelio (156,8 millones).

Respecto a las búsquedas en internet, el informe de Plisio.blog destaca que miden la curiosidad, no el afecto. “La gente busca en Google lo que les sorprende más que lo que les gusta”, señala. Los datos de tendencias de 2025 estuvieron dominados por Charlie Kirk, Gene Hackman y Ozzy Osbourne, a menudo por picos de búsqueda relacionados con fallecimientos. En cuanto a riqueza, medida por Forbes, el Presidente tampoco se acerca a los niveles de las figuras más adineradas del mundo.

Vuelve a llamar la atención el egocentrismo que maneja el Presidente, definido por Patricia Bullrich como una persona con “una emocionalidad importante”.

Violencia verbal e internas en La Libertad Avanza

Más allá de su autoproclamada fama, la personalidad de Milei se caracteriza por un temperamento explosivo y una marcada tendencia a la violencia verbal. Antes de asumir la presidencia, utilizó el término “mogólico” para insultar a un economista, un descalificativo que lamentablemente ha sido replicado por sus seguidores y, esta semana, por su asesor Santiago Caputo, dirigido a “enemigos internos” en X. El uso de esta palabra, que atenta contra la dignidad de las personas con síndrome de Down, es moral y humanamente repudiable, y su propagación desde figuras ligadas al poder resulta inadmisible.

Los insultos a legisladores, el “odio al 95% del periodismo” y la invitación a detestar a quienes él mismo detesta (periodistas, cantantes, empresarios, políticos) generan un clima de violencia verbal innecesario e improductivo en la conversación social. Estos modos definen los rasgos de la personalidad de Javier Milei, pero ahora se suman las evidentes internas dentro de La Libertad Avanza (LLA).

La coalición libertaria atraviesa una disputa a cielo abierto, con insultos y acusaciones en redes sociales. El Presidente no logra zanjar las diferencias entre su hermana Karina Milei, los primos Menem y la “tropa de tuiteros” que responde a Santiago Caputo. Ante denuncias de manejo de cuentas falsas que exponen privilegios relacionados con negocios públicos, Milei solo atinó a decir: “esto es algo que está prefabricado para generar un problema”. Curiosamente, en esta ocasión, no hubo insultos ni agravios, y se mostró componedor, sin denunciar espionaje como lo hizo con periodistas por informar. Esta selectividad en sus reacciones sugiere que la “emocionalidad” presidencial a veces funciona como un mecanismo de defensa a conveniencia.

“Tiros en los pies”: el impacto de sus palabras en la agenda

La violencia verbal del Presidente, incluso en temas relevantes de su gestión, atenta contra sí mismo, generando lo que popularmente se conoce como “tirarse tiros en los pies”. Un ejemplo reciente lo brindó la Consultora Zonda, dirigida por Matías Méndez. Un estudio midió la participación de Milei en canales de streaming partidarios (Neura y Carajo) entre la noche del 14 y la madrugada del 15 de mayo. En 254 minutos, el Presidente lanzó 73 insultos y agresiones, incluyendo graves descalificaciones como tratar de “genocida” a la periodista Débora Plager.

El resultado fue que la conversación social se centró más en sus modos insultantes y en temas banales que en el único logro económico del cuatrimestre: la baja de la inflación del 3,4% en marzo al 2,6% en abril. El trabajo de Zonda concluye que, en esta oportunidad, la responsabilidad de haber desviado la agenda recae íntegramente en el propio Presidente.

Cuando Milei no mide las consecuencias de sus palabras, se arriesga a quedar atrapado en ellas. Sus pronósticos aventurados y lecturas sui generis, como la afirmación de haber “devuelto a la gente 100 mil millones de dólares” o que “Espert fue declarado inocente” (lo cual no sucedió, ya que Fred Machado, socio de Espert, se declaró culpable de fraude y lavado de activos en EE.UU.), carecen de respaldo. Su insistencia en que “la inflación está bajando porque la inflación mayorista anticipa la minorista” debería alertarlo ahora que la inflación mayorista dio un salto en abril al 5,2% por efecto del petróleo. Cuando se le recuerdan pronósticos fallidos, la respuesta no suele ser una justificación, sino un insulto.

Esta forma de proceder, sumada a las contradicciones en casos como el de las acusaciones contra su jefe de Gabinete (Milei afirmó que ya tenía su declaración jurada, pero 15 días después aún no fue presentada), contribuye a que Milei también se haga conocido en el mundo. Los líderes disruptivos y exóticos a menudo atraen la lupa internacional, y el ego exagerado es una consecuencia negativa recurrente de la fama obtenida demasiado rápido.

Karina Milei y Santiago Caputo

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