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Conflicto universitario: Dos carreras «clave» de la UBA no iniciaron el cuatrimestre

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La Universidad de Buenos Aires (UBA) enfrenta una situación crítica en dos de sus carreras más demandadas y estratégicas: Ciencias de Datos y Ciencias de la Computación, ambas dictadas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. A pocas semanas de los segundos parciales para el resto de la universidad, los estudiantes de estas disciplinas aún no han podido comenzar la cursada del primer cuatrimestre, lo que genera una profunda preocupación entre las autoridades y el alumnado.

Este retraso, que ya había sido anticipado por publicaciones como LA NACION hace un mes, se enmarca en el prolongado conflicto entre las universidades nacionales y el Gobierno por la falta de aplicación de la Ley de Financiamiento Educativo y el deterioro salarial de docentes y no docentes. Sin embargo, la situación en Exactas presenta particularidades que la distinguen del reclamo general.

El foco en Exactas: Dos carreras sin clases

La problemática se concentra específicamente en el Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas. Mientras que en la mayoría de las unidades académicas de la UBA se adoptaron medidas para mitigar el impacto de las protestas en la cursada –como el refuerzo de material virtual o las «huelgas a la japonesa» sin suspensión de clases–, en estas dos carreras la interrupción fue total. Esta situación es especialmente delicada, dado que Ciencias de Datos y Ciencias de la Computación son fundamentales para áreas como la Inteligencia Artificial y la tecnología, con alta demanda laboral.

Fuentes del rectorado de la UBA, liderado por Ricardo Gelpi, expresaron a LA NACION su particular atención a este conflicto. “Si bien la situación en el Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas nos preocupa especialmente por su prolongación en el tiempo, es importante aclarar que se trata de un conflicto acotado a dos carreras de esa unidad académica y que difiere de manera sustancial, tanto en su forma como en su desarrollo, de los reclamos gremiales que atraviesa la Universidad en su conjunto”, indicaron.

Desde el rectorado también se mostraron críticos con las medidas de fuerza «dispersas y de larga duración», al considerarlas ineficaces y generadoras de una «reacción social inversa» a la justicia del reclamo. Impulsan «acciones de protesta más productivas y empáticas», como las marchas federales universitarias, en lugar de la suspensión de clases.

Preocupación y diálogo para evitar la pérdida del cuatrimestre

La Facultad de Ciencias Exactas informó al rectorado sobre la existencia de otras cátedras en una situación similar y aseguró que se mantiene el diálogo con los responsables para que retomen las clases. El objetivo primordial es «trabajar activamente para resolver la situación de manera que los estudiantes no pierdan el ciclo lectivo». Sin embargo, Guillermo Durán, decano de Ciencias Exactas, prefirió no hacer declaraciones hasta que el conflicto se resuelva.

Fuentes internas de la facultad explicaron que la situación varía significativamente entre carreras y materias, con algunas cátedras dictando clases normalmente, otras retomando y algunas que ni siquiera comenzaron. La adhesión a las distintas organizaciones gremiales es un factor determinante en estas diferencias.

La «sangría docente» en Exactas

Más allá del conflicto puntual en Computación, la Facultad de Ciencias Exactas enfrenta una «sangría docente» alarmante. Según datos proporcionados, desde diciembre de 2023, 438 docentes e investigadores renunciaron, lo que representa una pérdida de un profesional cada dos días. Esta cifra es especialmente grave considerando que en Exactas, a diferencia del resto de la UBA, la mayoría de los docentes tienen cargos full time y sus salarios universitarios son su principal o único ingreso.

“Estamos perdiendo docentes e investigadores altamente capacitados, formados durante muchos años en la universidad pública y que hoy se van a trabajar a universidades privadas, al exterior o a ganarse la vida en trabajos que nada tienen que ver con lo que se formaron”, lamentaron las fuentes. Un jefe de trabajos prácticos con 15 años de antigüedad y un postdoctorado, por ejemplo, percibe cerca de 1 millón de pesos. Esta fuga de cerebros, advierten, tendrá un impacto negativo directo en la calidad de las carreras en el corto y largo plazo.

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