Argentina tiene cuatro de las diez rutas aéreas más turbulentas del mundo
Viajar en avión genera, para muchos pasajeros, tensión en tres momentos clave: el despegue, el aterrizaje y las turbulencias. Si bien estas últimas son fenómenos habituales y previstos por la aviación comercial, un reciente informe global reveló cuáles son las rutas donde estas sacudidas se sienten con mayor intensidad, destacando la presencia de Argentina en el ranking.
Según un análisis que evaluó más de 10.000 vuelos y 550 aeropuertos de todo el mundo, la ruta aérea más turbulenta del planeta es la que une Santiago de Chile con Mendoza. Se trata de un trayecto relativamente corto, de apenas 196 kilómetros, con una duración promedio de 60 minutos, pero que concentra condiciones atmosféricas particularmente complejas.
El mismo informe, difundido por LN+, señaló que Argentina tiene un total de cuatro rutas entre las diez más turbulentas del mundo, un dato que subraya la particular geografía y meteorología de ciertas regiones del país.
Santiago-Mendoza: la ruta más turbulenta del mundo
El estudio asignó al vuelo entre la capital chilena y la ciudad mendocina un índice de turbulencia de 22,9 sobre 100, el más alto del relevamiento. Esta calificación se explica por una combinación de factores que confluyen en la región cordillerana.
La proximidad inmediata de la Cordillera de los Andes es uno de los principales responsables. El imponente macizo montañoso genera corrientes de aire irregulares y movimientos verticales que se sienten con fuerza dentro de la cabina. A esto se suman vientos intensos, variaciones térmicas abruptas y cambios de presión, potenciando la inestabilidad atmosférica.
El contraste entre masas de aire frío y caliente en la zona contribuye a la formación de las turbulencias que caracterizan a este corredor aéreo. Aunque el dato pueda sorprender a los pasajeros, es una ruta bien conocida por pilotos y aerolíneas, que operan con procedimientos específicos y equipos preparados para afrontar estas condiciones.
Es importante destacar que, si bien las turbulencias pueden resultar incómodas y generar temor, no representan un riesgo para la seguridad del vuelo. Los aviones modernos y las tripulaciones están diseñados y entrenados para afrontarlas, garantizando la integridad de los pasajeros y la aeronave.
La presencia del macizo montañoso genera corrientes de aire irregulares y movimientos verticales que suelen sentirse con fuerza dentro de la cabina. A esto se suma el contraste entre masas de aire frío y caliente, que potencia la inestabilidad.
La revelación de este ranking global invita a la reflexión sobre la interacción entre la geografía y la aviación, y cómo fenómenos naturales impactan directamente en la experiencia de vuelo, incluso en trayectos de corta distancia como el que une Santiago de Chile con Mendoza.

