Alopecia femenina: el 30% de las mujeres afectadas y el impacto de la pérdida de cejas
La alopecia, tradicionalmente asociada a los hombres, representa un desafío significativo para las mujeres, afectando a cerca del 30% de ellas en España. Este porcentaje, que se estima creciente, no solo implica una cuestión estética, sino una profunda carga psicológica y social, tal como lo expresan testimonios y especialistas.
Elisabet Rodríguez, cofundadora de la asociación A pelo Alopecia, convive desde los 9 años con la alopecia areata, una condición que le provocó la pérdida total del cabello. “Durante mucho tiempo, el cabello fue para mí un símbolo de identidad y feminidad que, al empezar a caer, arrastró consigo parte de mi seguridad”, relata. Su experiencia resalta el fuerte peso simbólico del cabello en la sociedad, especialmente para las mujeres, y cómo su pérdida puede cuestionar múltiples estereotipos.
Rodríguez subraya la importancia de transformar el estigma en empoderamiento. De esta necesidad nació en 2017 A pelo Alopecia, una organización que busca que ninguna mujer se sienta sola en este proceso. “El objetivo es claro: que nadie se sienta sola en este proceso. Y entre sus prioridades está visibilizar la alopecia femenina de forma que deje de ser un tabú o motivo de lástima”, explica, destacando que “nuestra valía y nuestra belleza no dependen de los folículos pilosos”.
El trauma de perder las cejas y el aumento de casos
La vivencia de Rosa Gallach, de 55 años, ilustra la necesidad de este apoyo. Lo que comenzó como una pequeña mancha de alopecia areata hace una década, evolucionó hasta la pérdida de cabello en la cabeza y otras partes del cuerpo, incluyendo cejas y pestañas durante la pandemia. “Compartir experiencias o tratamientos es un apoyo brutal para salir adelante, porque tu primer instinto es taparte, ponerte una peluca, decir yo no puedo salir así a la calle”, afirma Gallach, quien encontró un “subidón muy heavy” al unirse a la “familia pelona” de A pelo Alopecia.
El doctor Sergio Vañó, coordinador de la Unidad de Tricología y Trasplante Capilar del Hospital Ramon y Cajal, advierte sobre el aumento de la incidencia de alopecia femenina en los últimos años, atribuido a una combinación de factores ambientales, hormonales y tratamientos médicos. “Aún quedan muchos aspectos para los que no encontramos explicación”, reconoce el especialista, quien también es secretario general de la European Hair Research Society.
Entre los tipos de alopecia que concentran mayor esfuerzo de investigación se encuentra la alopecia frontal fibrosante, más frecuente en mujeres y con una incidencia creciente. Esta se caracteriza por un retroceso progresivo de la línea de implantación del cabello. Si bien no se habla de curación, sí es posible “detener, con diferentes tratamientos el mecanismo que causa la inflamación que provoca la caída”.
Una preocupación particular es la pérdida de cejas (madarosis), que podría ser un indicador temprano de alopecia fibrosante. Flora Fiel, de 73 años, perdió sus cejas diez años antes de su tratamiento de quimioterapia por estrés. Para ella, el impacto de esa pérdida fue mayor que la del cabello por quimioterapia. “Ha sido peor perder las cejas; es un trauma y lo ves claramente cuando vuelves a ver tu cara con unas cejas, aunque sean tatuadas, y compruebas la diferencia entre tenerlas y no tenerlas. Cambia completamente la expresión, su ausencia da un aspecto de enfermedad (aunque no lo estés) y de vejez”, confiesa Fiel, quien hoy se haría un trasplante si pudiera retroceder en el tiempo.
Otros factores y la importancia de la detección temprana
Además de la alopecia frontal fibrosante, la alopecia androgénica es otra de las formas más comunes en mujeres, manifestándose como una pérdida de densidad capilar. Déficits nutricionales, enfermedades ginecológicas, anorexia o dietas restrictivas pueden estar detrás de este problema. Vañó también destaca que ciertos tratamientos médicos, más allá de la quimioterapia, pueden afectar la densidad capilar. Margarita Orozco, de 63 años, experimenta un adelgazamiento del cabello debido al anastrozol, un tratamiento hormonal para el cáncer de mama. Aunque lo considera un “efecto menor”, le “molesta bastante”.
El peluquero Javi Martínez, con más de 30 años de experiencia, señala que el salón de peluquería puede ser el primer “canario de la mina” para detectar la alopecia femenina. Observa un cambio positivo en las mujeres, que buscan alternativas más saludables en cosmética y un estilo de vida sano. Sin embargo, si detecta una pérdida llamativa de cabello y ausencia de pelo nuevo, advierte a sus clientas que deben consultar a un especialista.
En definitiva, la alopecia en mujeres, sea del tipo que fuere y a cualquier edad, conlleva un fuerte componente psicológico. El proceso de aceptación y el acompañamiento son cruciales. Elisabet Rodríguez lo resume con orgullo: “Hoy, cuando me miro al espejo, ya no veo una carencia. Veo una identidad elegida y una comunidad de mujeres valientes que han decidido que el pelo sea lo de menos. En A pelo no solo compartimos una condición física; compartimos la libertad de ser nosotras mismas, con o sin peluca, pero siempre con la cabeza muy alta”.

