Amenazas a un arrepentido clave en la causa Cuadernos: pide prisión domiciliaria
Claudio Uberti, uno de los “arrepentidos” más relevantes en la mega causa Cuadernos, se encuentra confinado en una habitación del hospital de la cárcel de Ezeiza. El ex funcionario, que ocupó la titularidad del Organismo de Control de Concesiones Viales (OCCOVI) durante el kirchnerismo, vive bajo un estricto aislamiento por temor a ser asesinado. El Servicio Penitenciario Federal (SPF) reconoce la situación de riesgo y las amenazas que ha recibido para que no continúe declarando ante la Justicia.
Uberti, quien ya cumple una condena por el caso “Antonini Wilson” –el ingreso de una valija con 800 mil dólares sin declarar en 2007–, es una pieza fundamental en el juicio oral de Cuadernos. Su testimonio es crucial, ya que es el único de los imputados colaboradores que podría confirmar en audiencia pública que la ex presidenta Cristina Kirchner tenía pleno conocimiento del sistema de recaudación de coimas. Ante esta situación, y la imposibilidad de sostener un confinamiento permanente en la prisión, Uberti solicitó a la Justicia que le permita cumplir su condena bajo arresto domiciliario.
La demora judicial y las condiciones de Uberti
La jueza de ejecución penal Sabrina Namer y el fiscal Nicolás Czizik son los encargados de resolver el pedido de prisión domiciliaria de Uberti, pero hasta el momento no han emitido una definición. La defensa del ex titular del OCCOVI, a cargo de Guillermo Armani, ha reiterado que su cliente solo ampliaría su declaración en las audiencias públicas de Cuadernos si se garantizan sus derechos y su integridad física, algo que, según sus abogados, no es posible mientras viva amenazado y en prisión.
El escrito presentado por la defensa, al que accedió Clarín, detalla que las amenazas sufridas por Uberti están acreditadas por los agentes penitenciarios. Además, el propio SPF informó que no cuenta con sectores específicos para alojar a internos incorporados al Protocolo de Resguardo de Personas en Situación Especial de Vulnerabilidad, reconociendo así las limitaciones para brindar la protección necesaria. Este documento subraya que existen “circunstancias objetivas y debidamente acreditadas que comprometen la integridad física y psíquica” del imputado, y que, por lo tanto, “pesa sobre los órganos intervinientes un especial deber de tutela y prevención”.
Un arrepentido clave que se niega a ser un “buchón”
Uberti fue el “arrepentido” que más veces declaró y presentó escritos ante el fiscal Carlos Stornelli y el fallecido juez Claudio Bonadio durante la instrucción de la causa. Su rol es vital para el juicio oral, donde se lo acusa a la ex presidenta Kirchner de liderar una organización que montó un sistema de recaudación de coimas durante su gestión. Las amenazas no solo lo alcanzaron a él, sino también a su madre, hijo y esposa, buscando garantizar que no rompiera el “pacto de silencio” de la política K.
En su única intervención en el juicio oral y público, Uberti rechazó la calificación de “buchón” utilizada por las defensas de los acusados, afirmando: “Soy arrepentido, no un buchón”. A diferencia de otros imputados colaboradores, Uberti ya reveló detalles explícitos sobre el sistema ilegal de cobro de retornos, involucrando directamente a Néstor Kirchner y Cristina Kirchner. A pesar de la gravedad de la situación, el ex funcionario descarta ingresar al Programa de Protección de Testigos, como sí lo hizo Oscar Centeno, el ex chofer y escribiente de los cuadernos.
La situación de Uberti plantea un interrogante crítico sobre el desarrollo del juicio de Cuadernos: ¿volverá a declarar en las audiencias orales? ¿Le concederá la Justicia el arresto domiciliario? La resolución de este pedido no solo impacta en la seguridad del testigo, sino también en la posibilidad de que se revele la verdad completa sobre uno de los casos de corrupción más importantes de la historia argentina.

