Tensión en el Gobierno: Bullrich desafía a los Milei por el caso Adorni
La interna en el Gobierno se profundiza a raíz de las revelaciones sobre el patrimonio de Manuel Adorni, jefe de Gabinete. Patricia Bullrich, ahora senadora y exministra de Seguridad, ha puesto en palabras la inquietud que atraviesa a parte del oficialismo, exigiendo al funcionario que «explique los gastos que hizo de inmediato». Esta declaración pública, emitida mientras el presidente Javier Milei se encontraba en California, generó una fuerte reacción en el seno del poder libertario, que defiende a ultranza a Adorni.
Desde Estados Unidos, donde ofrecía un discurso y se reunía con figuras como el cantante Lionel Richie, Milei se desentendió inicialmente de la crisis. Sin embargo, el desafío de Bullrich lo obligó a pronunciarse. «¡Ni en pedo se va Adorni!», sentenció el Presidente en una entrevista televisiva, donde se lo vio visiblemente molesto. Quiso minimizar la divergencia con Bullrich, afirmando: «Ya lo habíamos hablado. Ella espoileó lo que va a hacer Manuel». No obstante, la conversación previa entre ambos, ocurrida telefónicamente mientras Bullrich estaba en Chile, no había concluido en un acuerdo y ya había despertado suspicacias en el entorno de Karina Milei, la arquitecta de la paz libertaria.
El viaje de Bullrich a Chile para reunirse con el presidente José Antonio Kast y la publicación de un video con «aires de campaña» sin autorización del «comando libertario» ya habían encendido las alarmas en el aparato de detección de «traiciones» de Karina Milei. Un legislador oficialista la describe como «un baqueano con olfato fino para oler la tormenta», destacando su capacidad para moverse con autonomía.
La senadora, consciente de que encuestas recientes la ubican con una imagen favorable incluso superior a la del propio Milei, no parece dispuesta a someterse mansamente al verticalismo que custodia Karina. «Yo avanzo por el bien del Gobierno y de estas ideas. Ellos que hagan lo que quieran», es una frase que le atribuyen sus allegados, mostrando su determinación a desafiar el régimen interno.
El dilema de los Milei y las internas en el oficialismo
En este momento de relativa debilidad frente a la opinión pública, los hermanos Milei se encuentran ante un dilema: ¿pueden naturalizar la «crítica constructiva» de Bullrich sin desatar una rebelión interna? La hermana presidencial ya lidia con la engorrosa disputa de espacios de poder con el asesor Santiago Caputo, a quien le atribuye parte de los males que aquejan al Gobierno, incluyendo los audios clandestinos vinculados a la causa por supuesta corrupción en el área de Discapacidad. Esta interna se derrama hacia los tribunales y el territorio de la comunicación.
Esta semana, Karina Milei impulsó una cumbre de influencers afines al Gobierno, reclutados por los diputados Lilia Lemoine y Sergio Figliuolo, alias Tronco. El objetivo es reavivar en redes sociales la mística de los tuiteros que responden a Caputo, como Daniel “Gordo Dan” Parisini, quien en sus últimas publicaciones ha dejado entrever la necesidad de un respiro en la estrategia comunicacional.
La tensión con Bullrich, «libertaria por adopción», se vuelve temeraria en un momento en que el Gobierno no puede permitirse más frentes internos. La senadora se describe a sí misma como una figura que aporta valor propio a un proyecto con escasez de referentes más allá del Presidente. Sin embargo, esta visión choca con la concepción de Karina Milei, quien busca conformar una fuerza leal en todo el país, con la menor cantidad de pactos posible y una toma de decisiones centralizada. Un ejemplo de este choque es la propuesta de eliminar las PASO, a la que Bullrich ya le avisó que no hay votos y que se pueden proponer modelos electorales intermedios.
El caso Adorni y la imagen presidencial
El caso Adorni ha tenido un impacto significativo, convirtiéndose en un tema de conversación en la sociedad. La historia del funcionario que pregonaba la austeridad y se presentaba como el azote de los privilegiados del Estado, ahora se ve envuelto en una serie de revelaciones sobre bienes y ocio de alto nivel, incongruentes con los bajos ingresos que él mismo alardeaba en público. El Presidente ha defendido a Adorni, negándose a exigirle explicaciones urgentes sobre el origen de su patrimonio, que incluiría dos casas, un auto y viajes al exterior pagados en efectivo.
Las revelaciones, que incluyeron la declaración judicial del contratista Matías Tabar sobre un pago en efectivo de 246.000 dólares para refacciones en la casa de Adorni en el country Indio Cua, generaron un «shock» en el Gobierno. A pesar de que Adorni intentó cerrar el capítulo con una presentación en el Congreso y una conferencia de prensa con explicaciones vagas, el plan fracasó. El Presidente, incluso, descalificó a Tabar como «militante kirchnerista» y de «dudoso prontuario», a pesar de que este se mostraba como simpatizante libertario en redes sociales.
La erosión de la imagen del Gobierno, ya visible en encuestas y asociada al repunte de la inflación y el contexto recesivo, se agrava con la extensión del escándalo Adorni. Esto pone en juego la confianza en la palabra presidencial, justo cuando Milei necesita que la sociedad le crea que «lo peor ya pasó» y que Argentina está en el punto de despegue. Guillermo Francos, en sintonía con Bullrich, ha expresado que sería «bueno que aclare su situación», ya que «esto empioja mucho la relación del Gobierno con la ciudadanía».
Milei, por su parte, se enfurece con los reclamos y acusa a la prensa de «violentar» el principio de presunción de inocencia, aunque luego descalifica públicamente al contratista Tabar. La situación de Adorni, y la defensa incondicional por parte de los hermanos Milei, representan un desafío crucial para la estabilidad y la credibilidad del Gobierno en un momento delicado.

