La Armada Argentina exige inversión urgente para proteger la soberanía marítima
El jefe de la Armada Argentina, almirante Juan Carlos Romay, lanzó un contundente reclamo al poder político por la crítica necesidad de inversión en equipamiento y personal para fortalecer el poder naval nacional. Frente al ministro de Defensa, Carlos Presti, el canciller Pablo Quirno y una amplia plana mayor de autoridades, Romay advirtió sobre la urgencia de proteger la soberanía y los recursos estratégicos en el Atlántico y los ríos de jurisdicción argentina.
El mensaje, pronunciado este domingo en la Base Naval Puerto Belgrano durante la conmemoración del Día Nacional de la Armada Argentina, subraya que el mar es un pilar fundamental para la soberanía, la economía y la seguridad nacional. Más del 90% del comercio exterior del país se realiza por vía marítima, lo que expone la vulnerabilidad de Argentina ante tensiones internacionales que afectan las rutas globales, como las observadas en el Golfo Pérsico o el Mar Rojo.
Romay enfatizó la necesidad de adquirir tecnología y equipamiento moderno, señalando que la falta de una «conciencia marítima», inversión y presencia estatal sostenida pone en riesgo la riqueza de los 4.700 kilómetros de litoral nacional, que incluyen una Zona Económica Exclusiva de casi un millón de kilómetros cuadrados y una estratégica proyección hacia la Antártida.
Carencias históricas y el impacto presupuestario
Aunque evitó nombrar directamente a gestiones pasadas o presentes, el discurso de Romay es un claro llamado a revertir las severas carencias que padece la Armada. La fuerza enfrenta una grave escasez de buques, helicópteros y submarinos. De hecho, desde el hundimiento del ARA San Juan, los submarinistas argentinos se capacitan teóricamente en Perú para no perder sus capacidades, una situación que evidencia la precariedad actual.
El reclamo adquiere mayor relevancia en un contexto global donde los conflictos, como la guerra en Ucrania y en Oriente Medio, impulsan una creciente industria militar. Países vecinos como Brasil y Chile invierten en la preservación de sus territorios, mientras que el presupuesto 2026 del gobierno de Javier Milei prevé una reducción de hasta 48.000 millones de pesos en gastos operativos, afectando a todas las ramas de las fuerzas armadas.
El jefe de la Armada denunció una falta histórica de «conciencia marítima» y de inversión, a pesar de que Argentina posee uno de los espacios marítimos más extensos y estratégicos del planeta. La ausencia de presencia naval en el mar, según Romay, se traduce en una potencial pérdida de soberanía sobre recursos vitales como la pesca, la energía y la infraestructura offshore.
Ejes de un plan para el futuro naval
El almirante Romay articuló su discurso en torno a tres ejes fundamentales, planteando pedidos concretos para una política marítima de largo plazo:
«Las Armadas son muy sensibles a la discontinuidad presupuestaria. Un buque sin mantenimiento pierde disponibilidad. Un sistema de armas sin actualización queda obsoleto. Un stock crítico sin reposición deja a la Fuerza sin respuesta. La preparación para escenarios complejos exige estabilidad y planificación de largo plazo».
El primer punto exige una inversión militar previsible y sostenida, crucial para el mantenimiento, modernización y actualización tecnológica de buques y sistemas. Subrayó que la discontinuidad presupuestaria compromete la operatividad y la capacidad de respuesta de la fuerza.
En segundo lugar, Romay instó a fortalecer la base industrial de defensa nacional. Argumentó que, en un mundo con sanciones y cadenas de suministro inestables, depender excesivamente de proveedores externos aumenta las vulnerabilidades. Mantener, reparar y eventualmente producir medios navales en el país no es un lujo, sino una cuestión de autonomía estratégica.
Finalmente, el jefe de la Armada hizo hincapié en la innovación tecnológica. Tomando como ejemplo los conflictos en el Mar Negro y el Golfo Pérsico, destacó que la superioridad militar actual no reside solo en plataformas complejas, sino en la integración de sensores, armamentos innovadores, sistemas autónomos, guerra electrónica y protección cibernética. Concluyó que, si bien las unidades tripuladas son insustituibles, deben operar integradas con medios no tripulados y un comando y control robusto.
El discurso de Romay, que buscó construir una defensa nacional sólida y una tradición naval desde Guillermo Brown hasta la Guerra de Malvinas, refuerza la idea de que el control del mar se logra «estando en el mar», y que la capacidad tecnológica y la vigilancia permanente son tan importantes como la cantidad de barcos en la actual disputa geopolítica.

