Santa Fe: dos avionetas con cocaína exponen la sofisticación narco
ROSARIO.—El hallazgo de dos avionetas con casi 800 kilos de cocaína en Santa Fe en apenas ocho días subraya la consolidación de Argentina como un nodo logístico clave para el narcotráfico. Este fenómeno se inscribe en un contexto de aumento global de la oferta de cocaína, impulsado por países productores como Bolivia, que incrementó un 10 por ciento su área de cultivo de coca, alcanzando una capacidad de producción anual de unas 380 toneladas.
La droga, con un valor de adquisición de aproximadamente 2000 dólares el kilo en el Trópico de Cochabamba, Bolivia, multiplica su precio entre 10 y 15 veces en mercados como Europa, Asia y Oceanía. Esta brecha de valor enfatiza la importancia y el costo de la logística, el eslabón más complejo y redituable del negocio criminal.
Fuentes del Ministerio de Seguridad Nacional y de la Procuración de Narcocriminalidad (Procunar) coinciden en que la estrategia logística del narcotráfico ha mutado. Los recientes secuestros en Santa Fe, que involucraron aeronaves y un total de casi 800 kilos de cocaína, son una muestra clara de este nuevo esquema.
El jefe de Gendarmería, Claudio Brilloni, reveló que en lo que va del año se registraron 179 vuelos irregulares, conocidos como Tránsito Aéreo Irregular (TAI), monitoreados por el Comando Conjunto Aeroespacial. Esta información, según un fiscal federal, ahora llega en tiempo real a las fuerzas de seguridad federales, permitiendo una respuesta más ágil ante la actividad ilícita.
Rosario, epicentro de una red global
La ubicación estratégica de Rosario, con su extensa hidrovía Paraná-Paraguay y más de 30 puertos privados a lo largo de 80 kilómetros, la convierte en un punto neurálgico para el tráfico internacional de drogas. Lo que antes se interpretaba como violencia entre bandas locales por control territorial, hoy se revela como una compleja red de organizaciones criminales rosarinas, enlazadas con carteles brasileños y redes colombianas de lavado de activos. Estas estructuras son eslabones fundamentales en cadenas de tráfico que conectan Bolivia, Paraguay, Argentina y Brasil, utilizando los puertos santafesinos como plataformas de exportación hacia Europa, Asia y África.
Casos como los de Fabián Pelozo, Jorge Granier, el brasileño Fuminho del PCC, y Brian Bilbao no son hechos aislados. Son manifestaciones de un fenómeno sistémico que ilustra la redefinición de la criminalidad organizada en la región, donde la sofisticación logística es primordial.
Evolución de la logística aérea: de “bombardeo” a aterrizajes precisos
El desembarco en Bolivia del magnate narco uruguayo Sebastián Marset, detenido y extraditado en marzo pasado, visibilizó el incremento del flujo de cocaína que se mueve por la hidrovía. Parte de esta droga llega a Argentina en avionetas especialmente adaptadas. Los investigadores señalan que ahora se utilizan aeronaves Cessna 210 Centurión, monomotoras y con tren de aterrizaje retráctil, que ofrecen mayor capacidad de carga y autonomía. Este modelo reemplazó al Cessna 206, que era empleado para el “bombardeo” de cocaína, es decir, el arrojo de paquetes desde baja altura.
La nueva modalidad implica aterrizajes en caminos rurales o campos, como el ocurrido la semana pasada en Vera, Santa Fe. Un Cessna 210 necesita menos de 400 metros para tomar tierra. Un piloto especializado explicó que estas aeronaves suelen llevar al piloto y una persona encargada de la carga de combustible en vuelo, lo que les permite hacer una sola escala en Paraguay o incluso un vuelo directo desde Santa Cruz de la Sierra, cubriendo unos 1650 kilómetros. Los bidones de nafta son un hallazgo recurrente en los secuestros.
El manual técnico del Cessna 210 indica una carga útil máxima de 769 kilos. La ecuación para las organizaciones narco es siempre la misma: maximizar la carga y minimizar el combustible. Un piloto solo, con unos 370 kilos de cocaína (un promedio en los secuestros recientes), dispone de 443 litros de combustible, lo que le otorga unas 7 horas y 20 minutos de vuelo. A una velocidad crucero reducida por el peso y la baja altitud (unos 260 km/h), el rango teórico es de 1900 kilómetros, suficiente para conectar el Beni o Santa Cruz de la Sierra con el centro de Santa Fe.
Sin embargo, la presencia de dos tripulantes, como ocurrió en el caso de Villa Eloísa, complica la ecuación. Con dos cuerpos (160 kilos), solo restan 239 kilos para combustible (332 litros), reduciendo la autonomía a unas 5 horas y media de vuelo y un rango de 1430 kilómetros. Esta limitación llevó a incidentes como el de enero de 2025, cuando un Cessna 210 con 359 kilos de cocaína y dos tripulantes –un piloto brasileño con antecedentes y una exreina de belleza boliviana– realizó un aterrizaje de emergencia en un campo de Ibicuy, Entre Ríos, tras quedarse sin combustible a 1500 kilómetros de vuelo desde el sur de Bolivia.
Organizaciones y sus métodos de operación
Tras la caída de Marset, se reveló que su grupo criminal poseía 16 avionetas Cessna 210 en un hangar en Warnes, cerca de Santa Cruz de la Sierra. Uno de los coordinadores de estos vuelos era José Rojas Velasco, alias Pepa, quien, además de pilotar avionetas narco, competía en rally. Fue ejecutado de seis disparos en abril pasado antes de una carrera, tras ser señalado como uno de los “elegidos” para gerenciar la organización de Marset. Investigadores de Procunar sugieren que, detrás de la avioneta con 442 kilos de cocaína secuestrada, podría haber habido otra que logró regresar a Bolivia, lo que indicaría una estrategia de vuelos conjuntos.
Brian Bilbao representa un modelo sofisticado de narcotráfico rosarino, con infraestructura aérea propia entre 2020 y 2023. Su organización transportaba cientos de kilos de cocaína mensuales desde Bolivia y Paraguay, utilizando avionetas propias, pistas clandestinas en campos privados y pilotos profesionales. Operaba desde aeródromos en clubes exclusivos como Campo Timbó y Carrizales. Bilbao, capturado el 11 de noviembre de 2025 en una avioneta con 400 kilos de cocaína, se dedicaba a la logística, el almacenamiento en galpones de empresas legales que él controlaba y la distribución a Buenos Aires, Córdoba y otras provincias. Lavaba dinero comprando teatros, taxis, bares y empresas de biodiesel. Cuando su hermano Waldo cayó en septiembre de 2025, se encontró un sofisticado escondite en su departamento.
El contrabando de cocaína a través de los puertos de Rosario y San Lorenzo es un denominador común. La ubicación estratégica en la hidrovía, el volumen de carga diario y la debilidad de los controles aduaneros facilitan estas operaciones. Las organizaciones narco utilizan empresas exportadoras legítimas, despachantes de aduana experimentados y camuflan la droga en contenedores de productos legales como soja, maíz o arroz, un patrón observado en el secuestro de 1500 kilos de cocaína en Empalme Graneros en 2022.
Martín Verrier, secretario de Lucha contra el Narcotráfico y la Criminalidad Organizada, señaló que el incremento de la oferta de cocaína en los países productores potencia el flujo de salida. Las investigaciones apuntan al puerto de Montevideo como uno de los canales. En mayo de 2025, un tripulante del buque MV Ceci, donde se secuestraron 469 kilos de cocaína tras cargar en el puerto de Vicentín, declaró que la droga fue embarcada cerca de Montevideo y que se esperaba otro cargamento en San Lorenzo, Santa Fe.
Detrás de este cargamento, los investigadores vinculan a Luka Starcevic, considerado el “embajador” de la mafia de los Balcanes en Sudamérica. Starcevic fue detenido en un paso fronterizo del Chaco paraguayo con un DNI argentino apócrifo. Su presencia, y la de células de la mafia serbia, aliadas con grupos como el PCC, revela una compleja trama de crimen organizado internacional en la región del Gran Rosario.

