Sociedad

La peluquería como motor de inclusión: 20 años de tijeras solidarias en Argentina

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El roce metálico de las tijeras y el zumbido constante de las máquinas de corte marcan el ritmo de una jornada que se repite día tras día en La Plata. En la esquina de la calle 7, entre 64 y 65, se encuentra el epicentro de una iniciativa que va mucho más allá de la estética: la Fundación Argentina de Barberos Solidarios. Aquí, un simple corte de pelo se convierte en una herramienta poderosa de inclusión social y dignidad.

Historias como la de Carlos Eduardo Íñiguez, un jubilado de 65 años que viaja desde Florencio Varela, ilustran el impacto. “No voy a olvidar el primer día. Juan (Martorelli) estaba en la puerta, me vio atando la bici a un poste y me dijo: ‘¡Corte gratis para jubilados!’. Uno se va satisfecho con un muy buen corte y la ayuda de la mercadería”, relata Carlos, quien desde la pandemia no tiene un ingreso fijo y hoy asiste regularmente junto a su esposa. Su testimonio resalta cómo la fundación no solo provee un servicio, sino también contención y ayuda material.

En este mismo espacio, la solidaridad toma diversas formas. Valeria Pocai, una odontóloga de 55 años que sufrió un aneurisma cerebral, encuentra en la rutina de ir a la fundación “una iniciativa noble y empática”. Incluso, ella misma donó una silla de ruedas ultraliviana a Claudia, otra asistente que hoy siente que está recuperando su vida. Para Rubén González, que vive en la calle, las tijeras son un símbolo de esperanza: “Estos chicos son ángeles. Piensan en el país y ayudan a la gente a ser barbero. Son un verdadero ejemplo”.

Dos décadas de impacto federal

La Fundación Argentina de Barberos Solidarios, con dos décadas de trayectoria ininterrumpida, ha logrado consolidar la peluquería y la estética como herramientas de intervención social de impacto masivo. El equipo, coordinado por Juan Martorelli –quien en otra vida fue peluquero de figuras como Diego Maradona y Ricardo Fort–, nuclea hoy a más de 15.000 profesionales a lo largo y ancho del país. Organizan jornadas de corte, manicuría, maquillaje y capacitación gratuita para sectores en situación de extrema vulnerabilidad.

Si bien su base de operaciones está en La Plata, su alcance es federal y llegan con sus maletines a provincias como Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Tierra del Fuego y Misiones. Con al menos tres jornadas semanales y eventos masivos que movilizan a miles, la fundación busca garantizar que la higiene y la imagen personal dejen de ser un privilegio para convertirse en un derecho que devuelve la dignidad. “Nuestra meta es colaborar con los que menos tienen, pero también con los que quieren salir adelante capacitándose y aprendiendo el oficio. Brindamos una atención solidaria a más de 200 jubilados por lunes y más de 300 niños con autismo y personas con discapacidad”, cuenta Martorelli, presidente de la fundación, quien también destaca la entrega de mercadería provista por Desarrollo Social de la municipalidad de La Plata.

Un récord de tijeras y un futuro ambicioso

La historia comenzó hace más de 20 años, cuando un grupo de jubilados se acercó a pedirle un corte de pelo a Martorelli. Ese fue el detonante para que Juan decidiera volcar su profesión a la calle. Los números que maneja la institución hablan por sí mismos: llevan realizados 60.000 cortes gratuitos. Solo en La Plata, 4000 barberos están listos para actuar, y a nivel provincial la red se extiende a 15.000 voluntarios, con jóvenes que se inician en la labor desde los 12 años.

En cada jornada, participan equipos de entre 40 y 50 especialistas, incluyendo manicuras y maquilladoras que se organizan a través de grupos de WhatsApp, donde cientos de profesionales se postulan para participar. La jornada se vive como una fiesta, donde no faltan las galletitas y el budín para compartir con los vecinos de barrios carenciados como Altos de San Lorenzo. Los hombres buscan degradés modernos, los niños piden diseños artísticos y las mujeres optan por cortes en capas, demostrando que las tendencias también mandan en estos encuentros solidarios.

Lo que comenzó con los cortes de pelo luego se extendió un poco más allá. Juan recuerda el caso de una niña que llegó con papelitos pegados en las uñas, imagen que impulsó la creación del área de manicuría profesional. “Detrás de una necesidad material, hay una necesidad humana y solidaria”, reflexiona Martorelli. Esta visión integral permite que los barberos se conviertan en “familia” y “mejores amigos” para las personas que asisten, incluso ofreciendo una llave de reinserción invaluable, como el alumno que cortó el pelo en la cárcel y luego montó su propia barbería.

La mirada de la fundación está puesta ahora en el futuro y en la educación masiva. Ya han capacitado a más de 9000 personas y tienen el ambicioso plan de llegar a 200.000 jóvenes en todo el país. “Necesitamos apoyo no solo del gobierno, sino de las empresas, para que los jóvenes tengan su propia herramienta de ingreso económico; no se puede vivir solo de la ayuda”, sostiene Martorelli. El sueño no se detiene en las capacitaciones: proyectan un museo de sus jornadas solidarias y mantienen la esperanza de que Lionel Messi firme la bandera argentina que los acompaña en cada barrio.

De esta manera, en cada corte realizado a pulmón, en cada charla de sillón y en cada joven que encuentra en las tijeras un futuro, se teje una red de contención contra la marginalidad. Como bien dice Martorelli, “no son solo barberos; en los barrios donde la asistencia no llega, ellos eligen ser los héroes de la solidaridad, convencidos de que cambiar la imagen de una persona frente al espejo es el primer paso para cambiarle la vida”.

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