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Milei, el segundo semestre y la encrucijada del crecimiento económico

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La economía argentina transita un escenario complejo, donde la promesa de un repunte en el segundo semestre se erige como el gran desafío para el gobierno de Javier Milei. La situación remite inevitablemente a la expectativa generada por Mauricio Macri en 2016 con sus “brotes verdes”, una analogía que subraya la persistencia de una incógnita central: ¿cuáles serán los verdaderos motores que impulsen el crecimiento sostenido después de un duro ajuste que sigue impactando en el bolsillo de los argentinos y en el mercado laboral?

El inicio de 2026 mostró una dinámica débil. Si bien marzo arrojó un rebote en la industria y la construcción, abril revirtió esa tendencia con caídas en la producción automotriz y los despachos de cemento. Este panorama llevó a consultoras a revisar a la baja sus proyecciones de actividad para el año, estimando un crecimiento de entre el 1% y el 2%, por debajo del 2,8% previsto por el Banco Central en su último relevamiento.

Claudio Caprarulo, director de Analytica, sintetiza la situación: “Más allá del buen dato de marzo, la actividad continúa estancada desde el segundo semestre del año pasado. El impulso de sectores como el agro, la minería e hidrocarburos no compensa la mala performance de la industria, el comercio y la construcción. La demanda marca un pulso bajo de crecimiento”.

Las apuestas del Gobierno: exportaciones e inversiones

Pese a los datos, el Gobierno mantiene un tono optimista. El Presidente sostiene que, tras un trimestre “malo”, la economía “empezó a despegar”. La estrategia principal se centra en atraer inversiones ligadas a la exportación de materias primas, incentivadas por beneficios impositivos como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), al que ahora se suma el SuperRIGI. Sin embargo, la concreción de estos proyectos aún se encuentra en una etapa incipiente.

Las exportaciones representan un pilar clave en esta visión. En el primer cuatrimestre, las ventas al exterior crecieron un 30% interanual, generando un superávit de US$ 2.500 millones. Según la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), las exportaciones podrían superar los US$ 100.000 millones en 2026, impulsadas por la suba del precio del petróleo y una mayor cosecha agrícola. Este escenario permitiría alcanzar un superávit comercial de US$ 20.000 millones.

Otra de las esperanzas oficiales es la dinamización del crédito privado a través de la baja de tasas. El financiamiento fue un motor importante en el repunte de 2024 y principios de 2025. No obstante, el propio Banco Central reconoció que el impacto es “acotado” debido a la baja demanda de préstamos por parte de las empresas y una mora récord en los hogares, lo que evidencia la persistencia de la cautela y las dificultades en el consumo.

Desafíos en la demanda interna y el empleo

La recuperación del poder adquisitivo y el empleo se perfilan como los eslabones más débiles de la cadena. Carlos Pérez, director de Fundación Capital, advierte: “Hacia delante, no se evidencian claros drivers de crecimiento, con la política económica, presentando un sesgo contractivo. En primer lugar, los aumentos salariales continúan evolucionando por debajo de la inflación, con las autoridades poniéndole un techo del 2% mensual a las paritarias”.

La evolución del poder de compra dependerá del reinicio de la desinflación. Aunque los economistas esperan que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) sea inferior al 2% en la última parte del año, la consultora de Martín Redrado prevé una nueva contracción del 5% anual en términos reales para los salarios privados registrados, incluso si mejoran. Tras la pérdida de 193.000 empleos asalariados privados en dos años, FIEL ve “difícil una trayectoria muy favorable del empleo”, aunque proyecta que los ingresos podrían recuperarse “algo” por paritarias, con un crecimiento del PIB del 2% en 2026.

La política fiscal también presenta sus propios retos. Después de nueve meses consecutivos de caída en la recaudación, el Gobierno implementó un nuevo ajuste del gasto de $2,5 billones, afectando áreas como educación y salud, con el objetivo de sostener el déficit cero. Si los ingresos no repuntan, se anticipan nuevos recortes, lo que podría socavar aún más la actividad económica. El JP Morgan subraya la importancia de “una recuperación sostenida del IVA y de otros ingresos ligados a la actividad para mantener el ancla fiscal”, pronosticando una mejora en la segunda mitad de 2026 a partir de la baja de la inflación.

Por su parte, Barclays se muestra “escéptico” de que la política de tasas impulse significativamente la actividad, dada la limitada incidencia del crédito en la economía argentina. La entidad advierte sobre la brecha entre el consumo de bienes durables y el rezago del consumo masivo, y señala un “alto” riesgo de retorno a políticas macroeconómicas “populistas” en 2027. El banco londinense concluye que el problema político surge “cuando la combinación de políticas (consolidación fiscal + liberalización comercial + moneda fuerte, junto con una confianza del sector privado todavía débil) produce una actividad económica no primaria débil. Esto, a su vez, tiende a generar un crecimiento lento de los salarios reales y del empleo formal, una amenaza para la popularidad de Milei”.

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