Molineros argentinos evalúan importar trigo de Paraguay por “paradoja de la abundancia”
MAR DEL PLATA. La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) analiza importar trigo desde Paraguay ante la dificultad para conseguir mercadería en el mercado local, a pesar de una cosecha récord. Este escenario, denominado por la industria como la “paradoja de la abundancia”, se produce luego de un año con una producción histórica de 29,5 millones de toneladas, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario.
La medida surge por la falta de oferta de los productores y por problemas de calidad panadera en parte del cereal disponible, lo que lleva a la industria a buscar alternativas externas. La importación de trigo desde Paraguay ya cuenta con la aprobación del AFIDI (Autorización Fitosanitaria de Importación) por parte del Senasa, habilitando las negociaciones para concretar las operaciones.
Dificultades en el mercado local y precios competitivos
Diego Cifarelli, presidente de la FAIM, explicó que “se nos dificulta originar trigo porque los tiempos del productor, que vende estratégicamente, y la industria, que compra a diario, no siempre se alinean”. Además, indicó que los valores locales actuales son menos competitivos que los internacionales, lo que impulsa a las empresas a considerar la importación.
El trigo paraguayo se conseguiría a “menos de 300 dólares nacionalizado” y presentaría “mejor calidad”, especialmente en gluten (más de 28). En contraste, el precio pizarra del trigo en Rosario se ubicó en $297.345 por tonelada (equivalente a unos US$215) al 13 de mayo, según la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Cifarelli enfatizó que esta iniciativa no busca poner un techo al precio del trigo, sino naturalizar una práctica de libre mercado. “Si hay un mejor precio para importar determinado producto, bienvenido sea. Libre mercado absoluto”, afirmó, comparando la situación con los negocios de soja y carne.
Capacidad ociosa y el impacto de la informalidad
La industria molinera argentina, que emplea a 400.000 personas y representa entre el 12% y el 13% de las cadenas agroindustriales, tiene una capacidad instalada para moler 13 millones de toneladas, pero actualmente procesa entre 6,5 y 7 millones. Esta capacidad ociosa se debe, según Cifarelli, a la falta de condiciones de competitividad, como los altos costos logísticos frente a países como Brasil.
El dirigente también alertó sobre la informalidad en la cadena de trigo, pan y farináceos, que, según un estudio universitario, genera una evasión de 550.000 millones de pesos por año, o unos 400 millones de dólares. Esta cifra contempla la evasión de IVA, impuestos al débito y crédito, ingresos brutos y tasas municipales, y va en detrimento de la formalización empresarial y la generación de empleo genuino. FAIM trabaja con la Secretaría de Agricultura, ARCA y la Dirección de Control Agropecuario para abordar este desafío.
En cuanto al mercado interno, la molienda de trigo registró una merma del 1,5% en el primer trimestre, aunque el acumulado general creció un 1% respecto a 2025, impulsado por las exportaciones a Bolivia tras la normalización política en ese país.

