El truco de la brasa en el mate: un método casero para combatir los hongos
El mate, insignia de la cultura argentina, es una de las bebidas más arraigadas en el país. Con el tiempo, los cebadores buscan innovar y encontrar métodos para optimizar la experiencia, no solo en el sabor, sino también en el cuidado del recipiente. En este contexto, un truco casero que involucra una brasa se vuelve relevante para combatir un problema común: la proliferación de hongos en el mate.
La situación es conocida: al finalizar una ronda de mates, la yerba húmeda permanece en el recipiente. Con el paso de las horas, el material del mate —ya sea calabaza o madera— absorbe esa humedad, lo que inevitablemente lleva al deterioro de sus paredes internas y a la aparición de hongos.
Para evitar este inconveniente, los conocedores recomiendan una práctica ancestral: una vez vaciado el mate de la yerba usada, se debe colocar una brasa incandescente en su interior. Al agitarla suavemente, la brasa genera un humo denso que impregna el recipiente. Este humo actúa como un potente agente fungicida, eliminando cualquier hongo incipiente y dejando el mate en óptimas condiciones para su próximo uso.
El proceso es sencillo: tras retirar la brasa, se eliminan las cenizas residuales, se enjuaga el mate con agua fría y se deja secar al aire libre. De esta manera, el recipiente queda higienizado y listo para una nueva infusión, prolongando su vida útil y asegurando una experiencia de mate más saludable.
Las claves para un mate perfecto, según un sommelier
Más allá del cuidado del recipiente, la preparación del mate es fundamental para disfrutar de una infusión sabrosa y duradera. Ariel Lacher, sommelier de mate y vino, compartió en LN+ un instructivo detallado para cebar un mate de calidad, destacando la importancia de la temperatura del agua y la cantidad de yerba.
Paso a paso para cebar un buen mate
Lacher enfatiza la relevancia de cada etapa:
“Primero hay que moverlo para mezclar los tres componentes y para que el polvo no quede abajo. Hay que chequear el color de polvo que queda en la mano. Si es marrón, es tierra; si es verde, es parte del proceso de secado. Hay que oler para descartar humedad.”
Este paso inicial asegura una distribución homogénea de los componentes de la yerba.
Luego, el sommelier detalla la creación de la “montañita”:
“Después vamos a hacer la famosa montañita. Hay que poner agua en la parte baja de la misma. Primero se pone el agua y después la bombilla. Es mínimo lo que hay que poner. Si pongo primero la bombilla y después el agua, se infla la yerba y la tapa.”
Este orden es crucial para evitar que la yerba se tape y la infusión pierda fluidez.
Un detalle importante es la colocación de la bombilla:
“Se coloca la bombilla derecha y se hace palanca para empujar la yerba.”
Este movimiento asegura que la bombilla quede bien asentada y permita un cebado óptimo.
Finalmente, sobre la cantidad de agua inicial:
“Recién ahí se pone agua, hasta la mitad del recipiente. No quiero ver todo flotando. Lo ideal es que siempre haya una parte seca.”
Mantener una porción de yerba seca es clave para que el mate rinda más y conserve su sabor por más tiempo, permitiendo que la yerba se hidrate progresivamente.

