Hantavirus en crucero: el relato del único argentino aislado en Ámsterdam
“Fue un viaje inolvidable por varias razones: porque fue hermoso y también por todo lo que pasó, eso no te lo podés olvidar”, resume Carlos Ferello, el ingeniero argentino de 74 años que se convirtió en el único pasajero de su nacionalidad en el centro de una crisis sanitaria internacional. Ferello viajó a bordo del crucero de expedición MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus que dejó un saldo de tres muertos y varios infectados, desencadenando un operativo a cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Tras varios días en aislamiento dentro del buque, Ferello logró desembarcar en Tenerife y actualmente cumple aislamiento preventivo junto a otros pasajeros en Ámsterdam. Su travesía, iniciada el 1 de abril en Ushuaia y con destino final en Cabo Verde el 4 de mayo, se vio drásticamente alterada por la aparición de casos vinculados al virus Andes, una variante del hantavirus presente en la Patagonia.
Un viaje de aventura transformado en crisis
Ferello, un entusiasta del turismo de expedición, había elegido este crucero para conocer lugares remotos como Tristán de Acuña y Santa Elena. Compartía la embarcación con unos 90 pasajeros de 23 nacionalidades, la mayoría ornitólogos o avistadores de aves. “A mí me gusta navegar, estar en el mar y disfrutar de la vida a bordo”, explica, diferenciándose de los intereses predominantes.
La rutina diaria a bordo incluía conferencias sobre astronomía, vida silvestre y marina, así como desembarcos programados. El viaje transcurría con normalidad, visitando las islas Georgias del Sur, Tristán da Cunha (una de las islas habitadas más remotas) y Santa Elena, donde Napoleón Bonaparte pasó sus últimos años. Sin embargo, la situación dio un giro drástico el 11 de abril con la muerte de un pasajero neerlandés.
El brote y la intervención internacional
La muerte del primer pasajero, un hombre neerlandés de 70 años, generó una profunda impresión. Días después, su esposa, de 69 años, falleció en Johannesburgo, a donde había sido derivada. La tercera víctima fue una pasajera alemana, quien murió el 2 de mayo a bordo del MV Hondius.
Las primeras sospechas concretas de hantavirus surgieron cuando la mujer neerlandesa fue trasladada a Sudáfrica. “En Johannesburgo había equipos para hacer análisis más profundos y fue donde se detectó el hantavirus”, detalla Ferello. La confirmación del diagnóstico involucró a organismos internacionales, el Instituto Pasteur y especialistas de diversos países.
Un episodio que generó malestar entre los pasajeros fue la difusión de videos por parte de un bloguero desde el interior del barco. “Era una persona muy desubicada. La verdad es que no lo quería nadie porque era muy molesto. Cuando hizo ese video indignó a todos porque daba la sensación de que estábamos en un buque fantasma”, relata Ferello, quien asegura que el capitán ordenó retirar el material.
Protocolos de higiene y el apoyo argentino
Tras la confirmación del brote, se implementaron estrictos protocolos sanitarios a bordo. “Nos obligaron a usar barbijo. Separaron las mesas y los que podían comer solos, mejor”, cuenta Ferello, quien siempre optó por comer solo. Se intensificaron las medidas de higiene y el monitoreo. Posteriormente, especialistas sanitarios de la OMS se unieron a la navegación para monitorear a los pasajeros y mapear la situación.
Ferello destaca la “excelente” asistencia recibida por parte de las autoridades argentinas. “Los primeros en contactarme fueron el embajador argentino en Tenerife y la cónsul Geraldine Cohen. Se pusieron completamente a disposición”, afirma. Las gestiones de la embajada con el gobierno neerlandés fueron clave para su traslado y el de otros pasajeros. “Yo estaba solo y se movieron muchísimo para ayudarme. También mantuvieron contacto permanente con Cancillería y con el Ministerio de Salud. Nunca me imaginé algo así. Un diez”, resume.
Aislamiento en Ámsterdam e incertidumbre
A pesar de la crisis, Ferello asegura no haber presentado síntomas de hantavirus en ningún momento. Actualmente, en Ámsterdam, cumple cuarentena preventiva en un hotel, sin contacto con el personal y con la comida dejada en la puerta de su habitación. Debe tomarse la temperatura dos veces al día e informar sobre cualquier síntoma.
“Siempre te queda la duda de si podés estar contagiado, porque a veces no hay síntomas al principio. Pero yo siempre estuve bastante aislado dentro del barco, comía solo y, si hablaba con alguien, usaba barbijo.”
Un dato particular es que un oncólogo estadounidense a bordo asumió el rol de médico cuando el facultativo del crucero se contagió. Ferello aún no sabe cuándo podrá regresar a la Argentina, estimando un máximo de 40 días de aislamiento. A pesar de todo, el ingeniero reflexiona que “gran parte del viaje la disfruté muchísimo. Conocí lugares increíbles y raros. Después todo se complicó, claro. Pero para mí no fue algo traumático”.

