De Ushuaia a Alaska: la odisea en moto de un argentino que cruzó el continente
Sebastián Villanueva, un porteño de 33 años oriundo de Barracas, cumplió el sueño de su vida: recorrer las Américas en su motocicleta, apodada “Pantera”. Su travesía, que se extendió por cinco años y dos meses, lo llevó desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, hasta las gélidas auroras boreales de Alaska, y su regreso culminó el 1 de mayo de 2026 en el Obelisco de Buenos Aires, donde fue recibido por una multitud.
La pasión de Villanueva por las motos nació a los 13 años, influenciado por su tío Quique. Aunque el viaje estaba planeado para el 21 de marzo de 2020, la pandemia de COVID-19 y la cuarentena decretada por el entonces presidente Alberto Fernández un día antes, lo obligaron a posponerlo y reinventarse. Trabajó como repartidor en scooter, una experiencia que, según él, le sirvió como «entrenamiento para estar todo el tiempo arriba de una moto».
La travesía: de la Ruta 40 a las Tierras Árticas
El 5 de marzo de 2021, Día del Motociclista Argentino, Sebastián Villanueva finalmente inició su aventura desde Ushuaia. Recorrió la emblemática Ruta 40 en Argentina, para luego adentrarse en Bolivia y Brasil, donde navegó tres días por el río Amazonas y enfrentó la desafiante BR-319, conocida como la «ruta fantasma» en la selva amazónica.
Su ruta continuó por Perú, Ecuador, Colombia y, aprovechando la reapertura de pasos, se adentró en Venezuela por cuatro meses. Luego, cruzó Centroamérica, pasando por Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador, antes de llegar a Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá, hasta alcanzar Prudhoe Bay, el punto más septentrional de las Américas en Alaska.
El regreso, iniciado en noviembre de 2025, fue aún más extremo. Con temperaturas que descendieron hasta los 25 grados bajo cero, Villanueva enfrentó tormentas de nieve y rutas congeladas. En Teslin, Canadá, su moto se negó a arrancar tras una noche a la intemperie, requiriendo ocho horas de esfuerzo para calentarla y ponerla en marcha.
El peor momento y las huellas del frío
El día siguiente a la falla de su moto se convirtió en el más crítico del viaje. Sebastián condujo 260 kilómetros con temperaturas de 25 grados bajo cero, en una experiencia que casi le cuesta la vida. “Fue una de las cosas más extremas que hice en mi vida, con mucho riesgo también. Estuve siete u ocho horas manejando, me agarró un principio de hipotermia, casi me muero. Me quemé una mano por el frío y se me deformaron las córneas de los ojos. Estoy vivo de milagro”, relató a la prensa. La sensación térmica, por la velocidad, llegó a los 40 o 45 grados bajo cero, en una jornada sin refugio posible.
Encuentros y anécdotas inolvidables
Más allá de los desafíos, el viaje de Sebastián estuvo plagado de encuentros humanos y experiencias únicas. En el norte neuquino, conoció a César y Yolanda, una pareja de adultos mayores que viven aislados criando chivos. En Colombia, dos niños lo ayudaron a sacar su moto de un barrial en la «zona roja», donde terminó acampando. En Costa Rica, cruzó ríos infestados de cocodrilos con la ayuda de guías locales, y en Honduras, durmió en una casa abandonada con un murciélago.
En Bombay Beach, Estados Unidos, compartió tiempo con una comunidad hippie, destacando a «Manifest», un hombre que vivía con su perro y siete gallinas. Durante el invierno polar canadiense, se sumergió en la cultura de los pueblos originarios –Primeras Naciones, inuit y métis–, compartiendo sus tradiciones de pesca y caza, y experimentando los trineos tirados por huskies y las noches polares de 20 días con temperaturas de hasta 50 grados bajo cero. En Alaska, acampó rodeado de osos y lobos, aprendiendo a tomar precauciones extremas.
Hospitalidad, paisajes y el impacto de las redes
Entre los países más hospitalarios, Sebastián destacó a Venezuela y Colombia, por la calidez y ayuda de su gente. A nivel paisajístico, ubica a Argentina en su top tres, resaltando su diversidad de montañas, glaciares, selva y desierto. También mencionó el desierto de Perú y la inolvidable experiencia de acampar al borde del Gran Cañón del Colorado.
El viaje también transformó a Sebastián en un fenómeno en redes sociales. Con más de un millón de seguidores en sus plataformas (440.000 en Instagram, 360.000 en YouTube y 300.000 en Facebook), vive de los ingresos generados por su contenido, aunque tardó dos años en monetizar su aventura. Su historia ha conmovido a familias y atraído la atención de figuras públicas como el cantante Chano y el humorista Miguel Granados.
Para Sebastián Villanueva, el mensaje principal de su odisea es la superación personal: “Los límites están en la cabeza y los sueños en el corazón”. Reflexiona sobre la importancia de intentar una y otra vez, y de ver cada problema como una nueva experiencia. Orgulloso de representar a Argentina en cada rincón del continente, ya planea nuevas aventuras, incluyendo recorrer Uruguay y Chile, y escribir un libro sobre su épico viaje.

