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Tensión en el Gabinete: el «efecto Adorni» sacude al Gobierno de Milei

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La última reunión de Gabinete, celebrada el viernes, se convirtió en un escenario de inusual tensión, muy distinto a los encuentros previos de tono celebratorio. El propio presidente Javier Milei marcó el nuevo clima al dedicar un segmento importante de su discurso a la defensa de Manuel Adorni, jefe de Gabinete, en medio de la creciente polémica que lo rodea. No hubo fotos ni el habitual ritual de abrazos.

Milei, tras proyectar buenas noticias económicas para los próximos meses, fue enérgico en su respaldo a Adorni, afirmando su plena confianza en su inocencia y extendiendo esa lealtad a todos sus ministros en circunstancias similares. La defensa presidencial incluyó, según fuentes, insultos al periodismo, al que señaló como el «culpable absoluto del escándalo». Tras su intervención, y ante un intento de Patricia Bullrich de abrir el debate, el Presidente se retiró, dejando en claro que su palabra era la línea oficial innegociable.

Adorni, por su parte, retomó el hilo y, en lo que algunos interpretaron como una ironía, afirmó:

“Ya escucharon al Presidente, fue muy claro. Al que le guste bien, y al que no, ya sabe lo que puede hacer”

Esta declaración, reconstruida por tres funcionarios presentes, sorprendió al mostrar al cuestionado jefe de Gabinete fijando condiciones de continuidad a sus propios colegas.

El desafío de Bullrich y la demora en la declaración jurada

Patricia Bullrich, visiblemente irritada, insistió en la necesidad de que Adorni diera explicaciones rápidas, argumentando el profundo impacto social del caso y el riesgo para la reelección de Milei. Adorni respondió que lo haría antes del plazo legal, pero eludió precisar cuándo. La demora en la presentación de su declaración jurada alimenta las especulaciones y la incertidante expectativa.

La soledad de Bullrich en el Gabinete fue notoria, a pesar de que varios ministros habían expresado en privado una postura similar durante la semana. Sin embargo, en la reunión predominaron los elogios a la postura presidencial, con un ministro incluso jactándose de la «cohesión interna», pese a la percepción de «fingimiento de demencia» entre los presentes.

De «dos cañitos» a la crisis más profunda

El caso Adorni escaló de una «cuestión contable-judicial» a la crisis política más severa del Gobierno. El detonante fue la declaración de Matías Tabar, contratista que afirmó haber realizado reparaciones por US$245.000 en el country de Adorni en Exaltación de la Cruz. Esta exposición judicial frustró la estrategia oficial de «dar vuelta la página» tras la presentación de Adorni en el Congreso y su conferencia de prensa.

La secuencia de vértigo continuó con la intervención de Bullrich, quien desde Chile habló con Milei para señalar la insostenibilidad de la situación sin una explicación pública. Ante la falta de novedades, la senadora reiteró su planteo en una entrevista televisiva, desafiando la lógica verticalista libertaria. Milei minimizó el problema como «dos cañitos de agua» y prometió la inminente declaración jurada, pero el entorno de Adorni indicó que esta se presentaría recién a fin de mes, desmintiendo al Presidente en 24 horas.

El dilema de Karina Milei y la desconfiguración del Gabinete

La fuente revela una mutación en el apoyo a Adorni: hoy su principal sostén es Javier Milei, no Karina Milei. Tres razones convergen en esta tesis. Primero, el Presidente, influenciado por su «odio profundo por los periodistas», interpreta el escándalo como una operación mediática para debilitarlo, forjando una «amistad tardía» con Adorni basada en la lealtad. En segundo lugar, una decisión sobre Adorni reabriría la herida entre Karina y Santiago Caputo, ya que un reemplazo cercano a la hermana presidencial podría quebrar el «frágil equilibrio» con el asesor, paralizando al Presidente. Finalmente, aunque Karina ha respaldado públicamente a Adorni, quienes la conocen la definen como más pragmática que su hermano y consciente del daño que el escándalo genera al Gobierno.

El «hundimiento de Adorni» representa un golpe durísimo para Karina Milei, quien en su momento de mayor poder interno –con la designación de figuras como Diego Santilli y Pablo Quirno, la conformación de su propio «triángulo» con los primos Menem y Sebastián Pareja, y el empoderamiento de Adorni como emisario– se vio obligada a «salir al rescate de la gestión de su hermano», pasando de «conquistadora a bombera». Incluso, el «karinismo» muestra ruidos internos ante el avance judicial del caso.

La situación ha sumido al Gabinete en un «desorden interno», según la fuente, con la «Jefatura» desdibujada y el diseño previsto por Karina «averiado». La falta de un esquema claro de organización y toma de decisiones lleva a un funcionario relevante a afirmar que «estamos en la estación previa a la anarquía». Karina ejerce un rol híbrido de «presidente bis y jefe de Gabinete de facto», mientras Lule Menem funge de «jefe de Gabinete blue y ministro del Interior bis», y Santiago Caputo actúa como «asesor presidencial a tiempo completo y controller part time de proyectos y decretos». Este «organigrama completamente desalineado» deriva en una «parálisis de la gestión».

Además, se observa un «silencioso pero notorio desplazamiento de los aliados del verano en el Congreso». Las bancadas amigables, que antes permitían sumar mayorías para proyectos sensibles, ahora emiten «señales menos nítidas», con dudas sobre el progreso de la reforma electoral y los pliegos de los jueces, producto del caso Adorni y algunos incumplimientos en la remisión de fondos. La percepción de debilidad del Gobierno eleva el «precio» de las negociaciones.

La irresolución de los problemas internos mina la gestión y empobrece las prestaciones del Gobierno. Cada traspié se transforma en una «crisis interminable», sin lograr construir un esquema de debate ágil que permita evaluar alternativas y salir de los conflictos. La «línea que separa la convicción de la obcecación es demasiado delgada» en la forma de conducir de Milei.

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