Alejandro Maci explora el magnetismo de China Zorrilla en su nuevo documental
El director Alejandro Maci presenta un nuevo documental centrado en la figura de China Zorrilla, la inolvidable actriz uruguaya que conquistó escenarios y corazones a ambos lados del Río de la Plata. Maci, quien ya exploró la vida de María Luisa Bemberg en El eco de mi voz, describe a Zorrilla como “un ser magnético, una narradora oral como no hay dos”, capaz de suspender el tiempo con sus anécdotas.
La memoria oral de China Zorrilla se convirtió en leyenda mucho antes de los homenajes formales. Su presencia, tanto en el cine, el teatro y la televisión como en la vida cotidiana, trascendía la fama. “Era como un imán, capaz de suspender el tiempo con una anécdota”, afirma Maci, quien considera que ese encanto era un “don de Dios”. Quienes compartieron con ella, desde una charla casual hasta largas jornadas de rodaje, coinciden en la alteración de la percepción del tiempo que generaba su relato.
El origen del proyecto y el vínculo con China
El proyecto del documental sobre China Zorrilla llegó a Maci a raíz de su trabajo anterior sobre Bemberg. “Ese documental lo vio Marcos Carnevale, lo vio Pablo Echarri, que ya venían amasando una coproducción con Uruguay, con Alfredo Caro, con la productora Sinapsis”, explica el director. Así, una historia abrió las puertas a la siguiente.
Maci tuvo la oportunidad de trabajar con Zorrilla en dos películas cuando él era joven, aunque no la dirigió. “Estuve meses con ella en un set, y siempre me pareció un personaje atractivísimo”, recuerda. Las producciones en cuestión fueron Nunca estuve en Viena, de Teresa Costantini, y Las cuatro caras de Victoria, dirigida por Barney Finn, donde Zorrilla encarnaba a Victoria Ocampo junto a Carola Reyna, Nacha Guevara y Julia Von Grolman.
Una artista completa: formación, humor y compromiso
El director subraya que Zorrilla era una mujer “muy única en su género”, una artista en el sentido más abarcador. La describe como “muy culta, completamente trilingüe, con una gran exquisitez en sus gustos, en sus lecturas”. Era una cinéfila y una fanática espectadora teatral, dotada de un sentido del humor disparatado, conocida por estar siempre rodeada de amigos y risas. Sin embargo, detrás de esa espontaneidad, había una actriz con una formación teatral rigurosa.
“Era una mujer muy única en su género. Una artista en el sentido más abarcador que una actriz. Una mujer muy culta. Completamente trilingüe, con una gran exquisitez en sus gustos, en sus lecturas. Muy cinéfila, una fanática espectadora teatral. Un personaje con un sentido del humor único que todo el mundo conoció por los medios. Sumamente disparatada, muy amiguera, siempre rodeada de gente, muerta de risa, y al mismo tiempo una actriz con una formación muy dura teatral.”
Su preparación incluyó estudios en Inglaterra y una formación con Margarita Xirgu en la Comedia Nacional Uruguaya durante la década de 1940, donde se desempeñó como actriz de repertorio, interpretando desde William Shakespeare hasta Tirso de Molina.
La llegada a Argentina y los desafíos políticos
China Zorrilla llegó a la Argentina “un poco a regañadientes”, según Maci, y encontró una popularidad masiva tras participar en una tira con Alberto Migré y Alejandro Doria. A sus cincuenta años, madura y dedicada por completo a su profesión, experimentó un cambio radical en su vida. Su incursión en la televisión con éxitos como Pobre Diabla y Piel Naranja, junto a Arnaldo André, la consolidó como una figura central.
Su vida personal también estuvo marcada por un gran amor, un “bon vivant” uruguayo llamado Capurro, cuyo trágico final y el abandono previo le causaron un dolor que, según Maci, nunca superó del todo.
La actriz también enfrentó las vicisitudes políticas de la región. Prohibida en Uruguay durante el proceso militar, se instaló en Argentina en 1973. Paradójicamente, durante la dictadura militar argentina de 1976, se le permitió actuar solo en teatro, no en cine ni televisión. Maci rescata una anécdota que ilustra su magnetismo y compromiso con el público: en una gira de Eva y Victoria, ante la demora de Soledad Silveyra, China subió al escenario y propuso al público conversar. Nadie pidió la devolución de su entrada, cautivados por su relato espontáneo.
Para Maci, el documental busca que la propia China Zorrilla hable a través de su voz y su legado. Además, el director destaca su profundo sentido de la solidaridad y la generosidad, así como una sensibilidad por el otro que, según él, “haría bastante falta hoy”.

