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Un nuevo informe reabre la herida de Kubitschek: ¿asesinato de la dictadura?

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Un nuevo informe gubernamental en Brasil reaviva la polémica sobre la muerte del expresidente Juscelino Kubitschek, sugiriendo que fue asesinado en 1976 por la dictadura militar. El documento, con más de 5.000 páginas, fue elaborado por la historiadora Maria Cecília Adão y actualmente está bajo análisis de la Comisión sobre Muertos y Desaparecidos Políticos, un órgano con apoyo técnico del Ministerio de los Derechos Humanos.

Esta investigación contradice directamente una conclusión de hace una década de la Comisión Nacional de la Verdad de Brasil, que descartó pruebas suficientes para establecer un asesinato en el accidente de tránsito que le costó la vida a Kubitschek. La revelación, anticipada por el diario Folha de São Paulo, añade un nuevo capítulo a una controversia que persiste desde hace casi medio siglo.

La muerte de ‘JK’ y la sombra de la dictadura

Juscelino Kubitschek, conocido popularmente como ‘JK’, fue una figura clave en la historia brasileña, recordado por impulsar la construcción de Brasilia, la actual capital del país, inaugurada en 1960. Su fallecimiento ocurrió el 22 de agosto de 1976, cuando su automóvil chocó con un autobús en la carretera que une São Paulo y Río de Janeiro, a la altura del municipio de Resende.

Desde el momento del incidente, las circunstancias de su muerte generaron suspicacias. Al menos tres comisiones de la verdad a nivel regional o municipal ya habían defendido la hipótesis de un atentado, alimentando la creencia popular de que no fue un accidente. La dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985 persiguió y proscribió a numerosos opositores, y la figura de Kubitschek, aunque fuera de la política activa, representaba un símbolo democrático.

Nuevas evidencias y fallos en investigaciones previas

La actual investigación fue reabierta en febrero pasado por decisión del Gobierno brasileño. Esta medida se fundamenta en un informe de 2019 del Ministerio Público Federal que detectó «fallos graves» en las investigaciones realizadas por el Estado brasileño en su momento. Si bien ese informe de la fiscalía tampoco logró concluir que la muerte fue un asesinato por falta de pruebas definitivas, sí señaló deficiencias procesales que justificaban una revisión a fondo.

El nuevo documento de la historiadora Maria Cecília Adão, instructora de la investigación, ahora propone una conclusión más categórica sobre la implicación de la dictadura. La Comisión sobre Muertos y Desaparecidos Políticos tiene la tarea de evaluar estas miles de páginas y determinar si las nuevas evidencias son suficientes para cambiar la narrativa oficial y confirmar que la muerte de ‘JK’ fue, en efecto, un crimen político.

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