Escándalo en París: denuncian que expulsan a estudiantes argentinos de la Maison por participar en actos del 24 de marzo
Trece estudiantes e investigadores argentinos que residen en la Maison Argentine de París fueron expulsados por el director de la institución, Santiago Muzio, con fecha límite del 30 de junio. Los afectados denuncian que la medida es una represalia por su participación en las conmemoraciones del Día de la Memoria el pasado 24 de marzo y por reclamar la reaparición de una placa por los desaparecidos de la dictadura, retirada de la entrada de la casa.
La situación ha generado una fuerte controversia, con los expulsados exigiendo la renuncia o remoción de Muzio, una auditoría integral de su gestión y la reincorporación de los residentes. La Casa Argentina, una donación del millonario Otto Bemberg al país, es administrada por la Subsecretaría de Educación y el Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello.
Un director en la mira: vínculos políticos y denuncias de autoritarismo
Santiago Muzio, abogado franco-argentino, es señalado por los residentes como un “aliado ideológico” del presidente Javier Milei, quien lo habría referido como “mi representante” en París. Su perfil incluye vínculos con el partido de derecha Vox en España y con la política integrista francesa Marion Marechal Le Pen, nieta del fundador del Frente Nacional. Muzio se mudó a la residencia oficial con su familia y ha sido cuestionado por su militancia en causas de la derecha extrema, como su batalla contra la eutanasia, y por alquilar los salones del Estado argentino sin libre acceso para los residentes.
Los estudiantes y profesores también denuncian que bajo su gestión se iniciaron obras sin la autorización de la Cité Universitaire ni de la Municipalidad de París, y sin la supervisión de un arquitecto elegido por concurso. Además, Muzio se negó a firmar la carta de valores de la Cité, que promueve el humanismo, la igualdad y la no discriminación. La Cité Universitaire ya había tenido enfrentamientos previos con el director por su negativa a fomentar la “brassage” (mezcla) con otras casas de estudiantes de diferentes países.
Un estudiante, que prefirió mantener el anonimato, describió una “atmósfera de paranoia colectiva, de miedo” en la Casa Argentina. “Cualquier reclamo para él son ideas marxistas. No escucha a nadie ni da explicaciones. La casa está cerrada a la Cité y a sus ideas de integración. Funciona como un comité ultra”, afirmó. A pesar de la laicidad de la Cité, Muzio colocó una imagen de la Virgen de Luján en la Casa Argentina.
La placa de los desaparecidos y el 24 de marzo
El conflicto escaló con la misteriosa desaparición de una placa que recordaba a los 30.000 desaparecidos de la dictadura, ubicada en la entrada de la Maison. Los residentes y la comunidad argentina en París reclamaron su restitución. Ante la negativa de Muzio de permitir un acto conmemorativo en la Casa Argentina, la Cité Universitaire organizó un homenaje en sus propias instalaciones el 24 de marzo, donde se colocó una nueva placa. Ese día, el director se encontraba en Hungría con el presidente Milei y el primer ministro Viktor Orbán.
Salvador Calanni, vicepresidente del Comité de Residentes e investigador postdoctoral en neurociencias en la Sorbonne Université, relató a Clarín su desalojo. Había aplicado para una extensión de su estadía, presentando sus logros académicos y becas obtenidas, pero su solicitud fue denegada. Calanni asegura que su expulsión se debe a su participación en la organización del evento del 24 de marzo en la Casa Alemana y su repudio público a la remoción de la placa.
La violinista Dafne Publice, proveniente de La Matanza y becaria de un programa especial para estudiar música, también fue expulsada. Publice, quien llegó a París gracias a un Plan Nacional de Orquestas Infantil-Juveniles, contó que Muzio les dijo que quienes no permanecían en la casa eran “indeseables políticamente”.
Nicolina Porcelli, arquitecta egresada de la Universidad de La Plata y presidenta del Comité de Residentes, también recibió el aviso de desalojo. Porcelli, quien firmó la carta de valores de la Cité en representación de los residentes, cuestionó los criterios de selección para la renovación de cupos, que incluyeron la solicitud de calificaciones, lo cual consideró “extraño” dado que la casa aloja a artistas, músicos e investigadores, no solo estudiantes con notas académicas.
La respuesta oficial y el reclamo de los residentes
Desde el Ministerio de Capital Humano, una fuente oficial desestimó las acusaciones, afirmando que “en todos los casos se trata de residentes cuyos compromisos finalizaron el 30 de junio y que no fueron renovados en el marco del proceso habitual de reducción de cupos para esta época del año. Sin que ello implique incumplimiento alguno por parte de la institución”.
Sin embargo, los miembros del Comité de Residentes desmintieron esta versión. “Es mentira que es un proceso habitual de reducción de cupos. Y lo que denunciamos es un sesgo en esta reducción. Porque a los otros residentes también se les termina el contrato el 30 de junio. Pero solo nos dejaron afuera a los del comité o a los que se quejaron por lo de la placa”, sentenciaron.
El caso ha generado una “seria incomodidad educativa y diplomática para la relación franco-argentina”, según la corresponsal María Laura Avignolo, dada la visibilidad del conflicto y las acusaciones de politización de una institución educativa y cultural.

