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Finanzas en pareja: cómo se organiza el dinero en los hogares argentinos y qué revelan las brechas salariales

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En un escenario económico desafiante, la gestión del dinero dentro de las parejas se consolida como un tema central en los hogares argentinos. Más allá de los números, las finanzas revelan dinámicas de poder, acuerdos tácitos y desigualdades históricas que impactan directamente en los vínculos.

Julieta Bonfill, licenciada en Economía, Asesora Financiera y Directora de Modo Finanzas, subraya la urgencia de estas conversaciones: “Hablar de dinero en la pareja es hablar de algo mucho más profundo que números. La economía del hogar revela dinámicas de poder, acuerdos tácitos y desigualdades históricas. En un contexto económico como el actual, donde la incertidumbre es parte del día a día, tener esta conversación es todavía más urgente”.

Modelos de organización financiera en Argentina

Un reciente relevamiento del Centro de Investigaciones Sociales de UADE arroja luz sobre las preferencias de las parejas argentinas. El modelo de organización económica más frecuente (28%) combina gastos compartidos con administración individual. Muy de cerca, el 27% de las parejas opta por ingresos totalmente compartidos a través de un fondo común. En menor medida, un 15% declara depender económicamente de su pareja y un 14% prefiere mantener sus ingresos completamente separados.

Estos datos locales contrastan con tendencias internacionales. Una encuesta de Bankrate en Estados Unidos, realizada sobre 2217 adultos, mostró que el 62% de las parejas con una relación estable mantiene al menos una parte de su dinero separada. Solo el 38% usa exclusivamente cuentas conjuntas, mientras que el 34% combina cuentas conjuntas y separadas, y el 27% las mantiene totalmente separadas.

Un factor cultural y generacional emerge de estos estudios: las parejas más jóvenes tienden a preferir una mayor separación financiera. El 88% de la Generación Z guarda al menos una parte de su dinero para sí misma, frente al 70% de los millennials, el 59% de la Generación X y el 52% de los baby boomers.

Ejemplos cotidianos, como el de Flora y Mariano, socióloga y consultor respectivamente, reflejan esta realidad. “Nosotros desde el principio manejamos las cuentas por separado y los gastos fijos los compartimos. Cuando teníamos sueldos, dividíamos el gasto fijo de forma proporcional. Las compras del súper son indistintas. Queremos tener autonomía económica y poder manejar nuestras cuentas para gastar lo que queramos”, cuenta Flora, quien además comparte que los ahorros están unificados en una cuenta de inversión. Otro caso es el de Dana y Luca, quienes utilizan la aplicación Splitwise para gestionar sus gastos comunes, realizando transferencias a principio de mes para equilibrar las cuentas.

Desigualdad de ingresos y el rol del género

El ideal de un modelo híbrido, que busca mantener la independencia financiera y a la vez dividir gastos comunes, se topa con la realidad de la desigualdad de ingresos. Bonfill explica: “Este modelo híbrido también tiene que ver con la situación económica actual: muchas parejas hoy toman decisiones financieras por necesidad, no por filosofía. Mudarse juntos para abaratar costos, compartir gastos esenciales y mantener independencia en lo personal se volvió una estrategia para sostenerse en un contexto donde vivir solo es casi un lujo”.

En Argentina, se estima que una mujer necesitaría 12 meses y 98 días para equiparar el salario que un varón gana en 12 meses. Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, esta brecha salarial oscila entre el 25% y el 30%.

El estudio de UADE también revela que el 41% de los varones se identifica como principal sostén económico del hogar, frente al 17% de las mujeres. Además, el 26% de los hombres señala ser quien realiza el mayor aporte económico, mientras que un 20% indica que lo hace su pareja. En general, el 53% de los argentinos menciona las preocupaciones económicas como principal fuente de cansancio cotidiano.

Jorgelina, periodista casada hace 22 años con Diego, despachante de aduana, comparte su experiencia: “Cuando arrancamos los dos estudiábamos y trabajábamos, entonces cada uno tenía su cuenta, sus tarjetas y sus finanzas. Una vez que nos casamos seguimos manteniendo las cosas por separado hasta hoy: cada uno se ocupa de cosas para pagar. Nunca llevamos la cuenta de qué paga cada uno, sino que se fue dando naturalmente en función de cómo nos iba yendo laboralmente”.

La “infidelidad financiera” y la importancia de la transparencia

“Nadie tiene que estar hurgando en los gastos del otro, pero si la cuenta es conjunta eventualmente eso pasa y sienta un precedente. Nosotros nos manejamos siempre con cuentas personales separadas y nadie jamás le pidió explicaciones al otro sobre cómo gastaba su plata. Es un poco la base de la confianza, como no revisar el celular”, plantea Flora.

La falta de comunicación y la improvisación en el manejo del dinero pueden derivar en malentendidos y tensiones. Bonfill enfatiza: “La mayoría de nosotros no recibió educación financiera, venimos de familias donde el dinero era tabú y cada uno trae su propia historia con el ahorro, el gasto y el control. Entonces la pareja ‘va viendo’, improvisa. Y cuando se improvisa con plata, tarde o temprano aparecen los malentendidos, los reproches y las tensiones. Entonces, cuando asesoro a parejas en sus finanzas se los digo siempre: la conversación incómoda hoy, evita el problema grande mañana”.

Un tema que a menudo genera conflictos, e incluso divorcios, es la “infidelidad financiera”: ocultar gastos, deudas o cuentas bancarias a la pareja. Un estudio de CreditCards.com en Estados Unidos encontró que alrededor del 40% de las personas en pareja admitió haber incurrido en esta práctica. Este fenómeno tiene una dimensión de género, con testimonios que recuerdan cómo abuelas o madres guardaban joyas como una forma de independencia económica.

Sin embargo, la infidelidad financiera no es exclusiva de las mujeres. Natalia, comunicadora de 58 años, relata su experiencia en su primer matrimonio: “Fue una de las causas de nuestro divorcio”. Hoy, con su segunda pareja, asegura vivir una situación diametralmente opuesta. “Aprendí con mucho dolor y pérdidas, de las económicas también”.

La transparencia no es solo un ideal romántico, sino una herramienta fundamental para la salud financiera y emocional de las parejas. Aquellas que logran acuerdos sinceros y consensuados son las que mejor atraviesan las crisis económicas.

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