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Liderazgo y alta competencia: Sergio Hernández y Julio Lamas revelan las claves para formar equipos ganadores

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Los reconocidos entrenadores de básquetbol argentino, Sergio Hernández y Julio Lamas, figuras emblemáticas con 30 campeonatos ganados entre ambos, se reunieron este jueves por la tarde en el Microestadio del campo de deportes de Ciudad Universitaria. Convocados por la Secretaría de Bienestar Estudiantil y el área de deportes de la UBA, ofrecieron una charla a alumnos y profesionales, apenas minutos después de que se conociera la lista de 26 futbolistas que viajarán al Mundial 2026.

Ambos referentes, que no solo dirigieron la Selección Argentina sino que también intercambiaron roles como entrenador principal y ayudante de campo, destacaron la voluntad de compartir conocimiento y la constante necesidad de seguir aprendiendo. “Un buen líder nunca deja de tener inquietudes y de aprender, de adaptarse a lo que viene”, coincidieron Hernández, de 62 años y 18 títulos, y Lamas, de 61 años y 12 trofeos.

La difícil elección y la gestión de la frustración

Uno de los puntos centrales de la charla, moderada por Juan Manuel Herbella, giró en torno a la complejidad de definir una lista mundialista. “Uno de los momentos más difíciles como entrenador es cuando tenés que definir los 12 que van a un Mundial”, afirmó Hernández. Explicó que los equipos no se arman con los 12 mejores jugadores, sino con aquellos que mejor articulan entre sí. “No podés llevar seis números 9 y a veces uno que es ‘súpercrack’ se queda afuera”, ilustró, enfatizando la importancia de la empatía y la idoneidad para manejar la parte emocional.

“Hagamos lo que hagamos, vamos a vivir momentos duros, pero si nos manejamos con coherencia y empatía, ese momento se empatiza. Y DT y jugadores nos iremos de la reunión con un poco de tristeza pero sabiendo que cada uno hizo lo suyo.”
— Sergio Hernández

Lamas, por su parte, complementó la visión de su colega sobre cómo comunicar la decisión a un jugador que queda fuera: “Primero empatía, ponerme en el lugar del otro porque es el que va a recibir la noticia. Y ahí… cortita y al pie, sin vueltas”. Reconoció que el momento será doloroso, pero una comunicación directa y empática puede facilitar la aceptación de la decisión.

Evolución del liderazgo y el rol de las estrellas

Ambos entrenadores reflexionaron sobre la evolución en la relación con los jugadores y la gestión de los egos. Hernández bromeó sobre su dureza pasada, pero subrayó la importancia de construir un vínculo profesional y cordial basado en el respeto. “La base del liderazgo es el conocimiento y cuando el jugador está enfocado en eso, está más allá de un grito o un reto”, sentenció. También describió la intensidad del básquet: “En el básquet estamos todos medios locos. Es que el básquet no te da tiempo a ir al baño, se juega con una intensidad constante, de un lado al otro.”

Lamas alertó sobre la menor tolerancia a la frustración en la sociedad actual, tanto en jóvenes como en adultos. “Si vos hacés lo mismo que hace 5 años, sos peor que antes. Hay que evolucionar”, sostuvo, y añadió que “no hay liderazgo si no conocés las emociones del otro”.

Respecto a la convivencia de entrenadores de alto nivel en un mismo cuerpo técnico, un módulo poco común en otros deportes como el fútbol, Hernández lo consideró natural en el básquet. Recordó cuando convocó a Lamas como asistente para los Juegos Olímpicos de China 2008, no por amistad, sino por su profundo conocimiento del básquet internacional. “Era un interlocutor, alguien también con el que compartir ideas y estrategias”, explicó Hernández, destacando la medalla de bronce obtenida como resultado de esa colaboración.

Lamas relató su experiencia adaptándose al rol de asistente en 2008, admitiendo que “los egos están, existen”. Recordó una anécdota con Emanuel Ginóbili, quien al verlo incómodo le preguntó: “Cuesta, ¿no? Ceder el liderazgo”. Esa reflexión lo impulsó a tomar nota de las funciones de un segundo entrenador. Posteriormente, el rol se invirtió para Londres 2012, con Lamas como DT principal y Hernández como asistente, una dinámica que ya fluía con mayor naturalidad.

Sobre el trato a las superestrellas, Hernández enfatizó: “Nadie que dice ‘soy el mejor’, es el mejor. El que dice eso… empezá a desconfiar”. Mencionó a figuras como Andrés Nocioni, Emanuel Ginóbili o Facundo Campazzo, quienes “impactan sobre el colectivo” y “ayudan a ganar”. Argumentó que si se busca que un jugador sea un león en la cancha, no se puede pretender que sea un “gatito mimoso” fuera de ella. “El liderazgo es un servicio”, concluyó, destacando a aquellos que inclinan la balanza en favor del equipo.

Lamas reforzó la idea de que “la estrella es el que hace mejor al equipo, al DT”. Compartió una anécdota de los Juegos de Londres con Ginóbili, quien tras un partido difícil, le preguntó cuántos pases debería haber dado a sus compañeros. Al día siguiente, Ginóbili no solo buscó la respuesta, sino que la aplicó en el siguiente encuentro, dando el doble de pases. “Un líder es eso: tomó el problema para solucionarlo”, sentenció Lamas.

El futuro, la tecnología y la Generación de Cristal

Mirando hacia el futuro, Lamas insistió en la necesidad de adaptación constante. “Si haces lo mismo que hace 5 años, sos peor que antes”, afirmó. Subrayó la importancia del conocimiento, la capacitación, la tecnología y la toma de decisiones basada en datos. También abordó el impacto de las redes sociales y la necesidad de “jerarquizar dónde voy a poner el oído”.

Hernández, por su parte, consideró que “el mundo es un antes y un después de las redes sociales”, aunque para los jóvenes “el mundo nació con ellas”. Alentó a no creer en la etiqueta de “Generación de Cristal” y a utilizar el conocimiento disponible para bien. “Para llegar a donde quieran debe haber esfuerzo, constancia, en la profesión que sea. Y hay algo que depende de ustedes, la construcción de seguridad, de su autoestima”, aconsejó.

Finalmente, Hernández compartió una reveladora anécdota con Luis Scola en 2017, durante un proceso de renovación de la Selección. Con un promedio de edad de 23 años en el equipo, el preparador físico Manuel Álvarez les dijo: “Acá hay un solo deportista de alto rendimiento: el señor Scola. Los demás, me puedo equivocar, son de alta competencia, pero no de alto rendimiento”.

El mensaje clave, según Hernández, fue que “la alta competencia es el hábitat, pero el alto rendimiento son los hábitos”. Scola, con su ejemplo, demostraba que ser un deportista de alto rendimiento implica actuar como tal las 24 horas, controlando el entrenamiento, la nutrición y el descanso. Lamas concluyó: “Para ser un deportista de alto rendimiento hay que vaciarse todos los días, dejar todo; ser autónomo y estar en todos los detalles, lo que no se sabe, preguntarlo”.

Al ser consultado sobre el rival más difícil que le tocó defender como DT, Hernández no dudó: “Luka Doncic”. Relató un partido contra Eslovenia donde Doncic le anotó 36 puntos solo en el primer tiempo. Su consejo a Lamas, quien jugaba al día siguiente contra el mismo rival, fue: “No lo hagas enojar. Cuando él encontró un motivo para hacer personal el partido, chau. Nunca sentí una impotencia tan grande”.

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