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Felipe «Toto» Evangelista: de presidente de Ferro a recuperar un ícono de Caballito Norte

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Caballito Norte, la porción del barrio porteño que se extiende entre el Cid Campeador y Plaza Irlanda, las vías del ferrocarril y la avenida Gaona, resiste al boom inmobiliario conservando su fisonomía de baja altura, calles empedradas y frondosos árboles. En este sector, donde aún sobreviven casas centenarias, comercios históricos y la imponente Basílica Nuestra Señora de Buenos Aires, se alza un cruce de seis esquinas que alberga un antiguo buzón de correos de hierro fundido y, a su lado, el bar El Viejo Buzón, un verdadero ícono que acaba de reabrir sus puertas tras un año de intensas reformas.

Al frente de este emblemático espacio se encuentra Felipe “Toto” Evangelista, un vecino de toda la vida y ex presidente del Club Ferrocarril Oeste. “Nuestra misión es defender una historia, una identidad que tiene que ver con lo que somos”, asegura Evangelista, quien se muestra sorprendido por la rápida acogida de los vecinos. “La idea era arrancar con bajo perfil, en voz baja, tranquilos, pero enseguida se llenó de gente que nos estaba esperando”.

La historia del bar y su vínculo con el barrio

Evangelista relata que, si bien para muchos Caballito es el bullicioso cruce comercial de Acoyte y Rivadavia, esta parte norte es “como un pueblo”, donde la comunidad defiende con ahínco su identidad y patrimonio. Un ejemplo claro fue la reacción de los vecinos cuando el buzón de correos fue retirado para su restauración. “Estaban furiosos, no entendían qué había pasado. Son símbolos que importan mucho. Seguro que, cuando yo nací, mi papá habrá despachado en ese mismo buzón las cartas para avisar de las buenas noticias a la familia en Italia. ¡Imaginate si no nos va a importar!”, explica.

La historia de El Viejo Buzón se entrelaza con la de la familia Evangelista. En la misma esquina, antes de ser bar, funcionaron una panadería y una fiambrería. El taller de soldadura de su padre estaba justo al lado, en Neuquén 1080. La barra actual del bar, de hecho, está construida con el antiguo banco de trabajo de su progenitor. El bar fue inaugurado en 1987 por iniciativa de Toto para que trabajara su hermano, Carlos Alberto, apodado “Tablón” y muy querido en la cancha de Ferro. Tras el fallecimiento de sus hermanos, Toto Evangelista asumió la dirección del local en 2012.

Ferro y la cultura barrial: un mismo espíritu

El Viejo Buzón es un santuario para los amantes de Ferrocarril Oeste. Remeras, fotos y guiños al club de Caballito adornan cada rincón. “Caballito, sin la cancha, no es Caballito”, sentencia Evangelista, destacando la importancia del club campeón, premiado por la Unesco y con miles de chicos en sus deportes. Su hermano “Tablón” fue quien convirtió el bar en un verdadero centro cultural del barrio, donde cantó por primera vez el Mono Burgos, se realizaron concursos de pintura y shows de tango. Por sus puertas pasaron figuras como Araceli González, futbolistas como el “Ratón” Ayala y Alejandro Mancuso, y los jóvenes talentos de la pensión de Ferro, que encontraban en el bar un ambiente familiar y protector.

El propio Felipe “Toto” Evangelista tuvo una destacada trayectoria en el club. “Fui presidente de Ferro entre 1993 y 1996. Soy hincha desde siempre, me gusta decir que pasé de la tribuna al sillón. Y cuando estuve al mando, nunca descendimos; si lo hubiéramos hecho, no podría estar acá”, afirma, haciendo hincapié en la complejidad de administrar un club de fútbol, donde “se administran sentimientos”.

Modernización con esencia: la clave de la reapertura

La remodelación del bar fue impulsada por el propio Evangelista, quien se asoció con Palbo Durán, presidente de la Cámara de Cafés y Bares de la Ciudad de Buenos Aires, y Diego Pasquale. “Son personas que tienen un impulso tremendo para revivir las costumbres porteñas, los bares notables. Es gente a la que se les debe agradecer mucho por recuperar espacios olvidados o deteriorados”, destaca. El local cerró por un año y un mes para llevar a cabo una obra que implicó cambios estructurales en cocina, equipos, extracción y baños, pero siempre con el objetivo de mantener la esencia.

“El lugar es el de siempre. El piso calcáreo está intacto: este damero es una de las primeras cosas que vieron los inspectores en 2014 cuando nos nombraron Bar Notable.”

La barra, aunque restaurada y agrandada, sigue siendo la original, construida con el banco de trabajo de su padre. Las camisetas y fotos de antaño también se mantienen, como “íconos y recuerdos de quienes pasaron por estas puertas”. La vida cultural del bar continúa con noches de música en vivo y actividades sociales, consolidando la idea de que “todo bar de barrio tiene que ser un poco un centro cultural”. Próximamente, un mural en la escalera simulará el túnel a la vieja cancha de Ferro, con Carlos Timoteo Griguol y los jugadores campeones.

El menú, por su parte, conserva clásicos como las milanesas para compartir, los platos de olla para el invierno, lentejas, locro en fechas patrias y mondongo, sumando nuevas propuestas como croquetas, empanadas fritas, picadas y el “bife de chorizo ferroviario”.

Caballito Norte: entre la nostalgia y la renovación

Evangelista celebra la efervescencia cultural y gastronómica que vive Caballito Norte, con nuevos restaurantes y cafeterías, y el auge de artistas plásticos y movimientos musicales. “Siempre fui fanático de mi barrio y de Ferro, y me alegra que pasen cosas nuevas”, afirma. Destaca el nacimiento de Sui Generis en Caballito y la movida de trap y rap en Parque Rivadavia. “Lo importante es modernizarse sin perder la esencia”, concluye.

En esta nueva escena, El Viejo Buzón se posiciona como un custodio de la memoria barrial. “Yo hoy soy uno de los sobrevivientes, para los jóvenes soy un viejo que vivió esa historia, que vio al barrio festejar el carnaval, que jugó a la pelota en la calle, que era parte de ‘la barra de la esquina’”, reflexiona. Y, entre risas, zanja la eterna pregunta: “¿Es más difícil manejar un bar o un club de fútbol? Sin dudas, un club de fútbol. Es que el bar no tiene arcos…”

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