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Caso Cuadernos: La expareja de Centeno completó su tensa declaración y enfrentó audios que la comprometían

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Hilda Horovitz, expareja de Oscar Centeno, completó su declaración como testigo en el juicio oral del caso Cuadernos de las Coimas. La audiencia, marcada por la tensión, la enfrentó nuevamente a sus propios mensajes y audios, en los que insinuaba tener material comprometedor sobre la trama de corrupción y reclamaba dinero a cambio.

La mujer, quien se descompensó en la audiencia anterior, afirmó al iniciar su testimonio: “No estoy bien del todo. Pero haciendo fuerza para estar y terminar con esto”. Durante el período en que convivió con Centeno, aprovechó un viaje del chofer a Salta para hacer copias de parte de la documentación que este guardaba en su ropero. Según se desprende de su testimonio y los elementos exhibidos, la intención era utilizar estos documentos con fines extorsivos.

El duro interrogatorio la llevó a confrontar grabaciones y textos donde, con distintos niveles de sutileza, dejaba entrever la posesión de información sensible y solicitaba dinero. Estas acciones buscaban presionar al exfuncionario Roberto Baratta, jefe de Centeno y mano derecha de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación, señalado como presunto recaudador en la causa.

El martes previo, Horovitz había roto en llanto y se descompensó al surgir la figura de su padre adoptivo, “Negrito”, durante las preguntas y la exhibición de audios, lo que obligó a suspender la audiencia.

El hilo de la extorsión y los “papeles”

La fiscalía retomó la declaración exhibiendo un audio de Horovitz en el que decía: “Voy a hacerle quilombo, ahora me quedo tranquila porque quiero terminar la casa. Pero no va a quedar acá, va a seguir. Tengo 9 años para hacerlo mierda. Recién va el primero o el segundo año”, en referencia a Centeno, de quien denunció haber sufrido violencia.

A lo largo de ambas audiencias, la mujer mantuvo un relato ambiguo sobre el material copiado para “cubrirse”. Mencionó “papeles”, “recibos”, “carpetas”, “libretas” y “planos de casas”. Aseguró haber visto los cuadernos de las coimas en el ropero, pero afirmó no haberlos leído, solo hojeado, sin aclarar si formaban parte de lo que usó extorsivamente.

Como parte de su estrategia, Horovitz se contactó con periodistas y entregó “los papeles” a Miriam Quiroga, excolaboradora de Néstor Kirchner. Su objetivo, según explicó, era “hacerlo apurar [a Baratta] y ver si me podía ayudar”.

A pesar de que los mensajes y audios contenían amenazas casi explícitas —como “que me deposite 2000 por mes y estamos todos tranquilos”—, la mujer evitó reconocer abiertamente la extorsión. Sostuvo que solo pedía “ayuda” o advertía sobre las consecuencias de ciertos actos. Ante la pregunta de la fiscal Fabiana León sobre el sentido de una foto de un bolso con dólares que envió a Baratta, Horovitz respondió: “No sé”.

No obstante, la testigo valoró haber reconocido la autoría de todos esos mensajes. “Estoy aceptando lo que hice, que es mucho. Porque acá vino uno que hizo la demencia [sic]”, dijo, y agregó: “Yo no puedo creer que un encargado, sabiendo la vida y obra de todo el mundo, no se acuerde de que lo que vio”. Esta frase parecía aludir al testimonio anterior de Julio César Silva, encargado del edificio de la familia Kirchner en Recoleta, quien se desdijo en el juicio de sus declaraciones de 2018 sobre movimientos de bolsos.

Horovitz también se refirió indirectamente a viejos intercambios entre Baratta y Miriam Quiroga, recuperados del teléfono del exfuncionario en otra causa y publicados por Infobae en 2021. Esos mensajes mostraban que Baratta, sin responder directamente a Horovitz, intentaba contenerla a través de Quiroga, pidiéndole que la “entretuviera”, que “ganara tiempo”. Cansada de las evasivas, Horovitz le pidió a Quiroga que le devolviera los papeles, a lo que Baratta instruyó: “Perdelos”.

Centeno y el testimonio del vecino de Cristina Kirchner

Oscar Centeno, presente en la exsala AMIA, escuchó a su expareja con la cabeza gacha, tomando anotaciones. En la audiencia pasada, Horovitz había dicho que Centeno solía hablar poco de su trabajo y “anotar todo”. Con voz agrietada, la mujer reconoció haber sido su “testaferro” y querer “perjudicarlo” por infidelidades y episodios de violencia.

Gran parte del interrogatorio estuvo a cargo de la defensa de Baratta, liderada por Elizabeth Gómez Alcorta, extitular del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. La letrada indagó sobre la personalidad de Centeno, a quien Horovitz describió como “agresivo”, “variable” y muy hábil para mentir. Relató que Centeno había dejado el Ejército tras arrojar una granada a un superior, evitando represalias al simular demencia.

Horovitz también fue consultada sobre sus contactos con periodistas, a quienes dijo haber recibido en plazas, durante paseos con su perro “Choco”, para evitar recibirlos en su casa. Afirmó que los papeles fotocopiados “nunca los tuvo un periodista, siempre los tuvo el hijo de Miriam Quiroga, Emiliano”, a quien conocía por haber trabajado juntos en Yacimientos Carboníferos, él en la sección de “archivos”.

Tras Horovitz, declaró Ignacio Laplacette, un empresario que vivió entre 2007 y 2011 en el primer piso del edificio de la expresidenta Cristina Kirchner en la calle Uruguay. Por problemas de salud, vendió el departamento. Aunque la negociación la llevó Osvaldo Sanfelice, el comprador final fue Osvaldo De Sousa, socio de Cristóbal López. Laplacette relató que, ya como expropietario, se sorprendió al pasar por la zona y ver las ventanas de su exdepartamento tapadas con papeles.

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