Sociedad

Patagonia Bush Pilots: la escuela de vuelo de Trevelin que redefine el turismo aéreo en la cordillera

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TREVELIN, Chubut.– La Patagonia, vista desde el aire, revela una dimensión de su inmensidad que sorprende incluso a quienes la conocen a fondo. Lagos que se convierten en espejos, ríos que trazan caminos imposibles y la cordillera que adquiere una perspectiva única son parte de la experiencia que ofrece Patagonia Bush Pilots, la única escuela profesional de bush flying de Sudamérica, fundada por Ezequiel “Queque” Parodi.

El bush flying, una disciplina nacida en Alaska y Canadá, implica operar pequeños aviones en territorios remotos, sin infraestructura convencional y en plena naturaleza salvaje. Este concepto encontró en la cordillera patagónica, específicamente en Trevelin, Chubut, un escenario natural idóneo para su desarrollo. Parodi explica que se trata de un tipo de vuelo íntimamente ligado a la naturaleza, utilizando aeronaves preparadas para operar en lugares sin aeropuertos tradicionales ni pistas preparadas, gracias a ruedas de gran tamaño y la capacidad de aterrizar en distancias cortas sobre superficies de montaña, costas o sectores aislados.

La Patagonia potencia esta experiencia, comprimiendo distancias que por tierra demandarían horas en apenas minutos de vuelo. “Desde Esquel a Bariloche en auto podés tardar cinco horas. En avión es una hora y media. Además, acá tenés todo: montañas nevadas, glaciares, lagos transparentes, volcanes, estepa, fauna marina. Es el mejor lugar del mundo para volar”, asegura Parodi.

De la necesidad a la creación de una escuela única

La historia de Patagonia Bush Pilots se inició en 2018, mucho antes de la popularidad de los vuelos sobre campos de tulipanes o las imágenes virales en redes sociales. En ese momento, Ezequiel Parodi realizaba su curso de piloto privado en Trelew, debido a la ausencia de escuelas de vuelo activas en la región cordillerana. La dificultad de recorrer más de 700 kilómetros para volar lo llevó a una conclusión: obtendría su licencia, pero no tendría dónde practicar en la cordillera.

Esta carencia lo impulsó a crear su propio espacio. Junto a un amigo de la infancia, adquirió un pequeño avión Cessna y comenzó los trámites para habilitar una escuela aeronáutica, un proceso que demandó más de un año. Paralelamente, se propusieron recuperar el aeródromo de Trevelin, que llevaba años prácticamente abandonado. “La pista estaba tomada por la maleza y casi no tenía mantenimiento. Solo la usaba Gendarmería con helicópteros. Hoy la seguimos manteniendo con fondos propios”, detalla Parodi.

El trabajo de recuperación del aeródromo fue arduo. Limpiaron la pista, reacondicionaron las instalaciones y comenzaron a generar contenido audiovisual sobre vuelos en la Patagonia. Estos videos, que circulaban en YouTube e Instagram bajo la cuenta @patagoniabushpilots, rápidamente captaron la atención de pilotos y entusiastas de la aviación de todo el mundo. “El contenido que hacíamos era distinto a lo que existía en la Argentina. Mostrábamos vuelos de montaña, aterrizajes en lugares remotos y toda la geografía patagónica desde arriba”, afirma el fundador.

Vuelos panorámicos y la experiencia de los tulipanes

Lo que comenzó con vuelos turísticos mínimos, un avión de dos plazas y un pasajero, hoy es una empresa con cuatro aeronaves, que ofrece vuelos panorámicos, experiencias de bautismo aéreo y un globo aerostático que opera durante la temporada de tulipanes. Desde el aeródromo de Trevelin, los recorridos sobrevuelan los límites del Parque Nacional Los Alerces, los ríos Grande y Percy, la represa Futaleufú y las cascadas Nant y Fall. También se realizan vuelos especiales a Lago Rosario, lagunas de alta montaña y sectores de la cordillera con paisajes casi inaccesibles por tierra.

Entre octubre y noviembre, la región se convierte en uno de los destinos más fotografiados de Argentina con la floración de los campos de tulipanes de Trevelin. En esta época, Patagonia Bush Pilots organiza vuelos especiales y experiencias en globo aerostático sobre el valle. El ascenso en globo se realiza durante las primeras horas de la mañana, aprovechando la calma del viento y la luz que transforma el paisaje en una postal. “Queremos que el globo sea parte permanente de la experiencia turística de Trevelin”, expresa Parodi.

“Hay turistas que vienen solo para vivir eso. Muchos dicen que nunca imaginaron ver la Patagonia desde un globo”

La actividad se desarrolla en el predio de Tulipanes Patagonia, donde miles de flores cubren el valle con la cordillera nevada de fondo. El vuelo cautivo asciende unos treinta metros, permitiendo una vista única de los cultivos, los viñedos cercanos y el paisaje del valle 16 de Octubre.

El desafío de volar en la Patagonia

Volar en la Patagonia exige un nivel de preparación particular, debido al viento que domina la región y transforma cada vuelo en un ejercicio constante de lectura del paisaje. “Volar acá es más difícil que hacerlo en la llanura”, afirma Parodi. “Nosotros tenemos que aprender a leer el aire como un surfista aprende a leer el agua”.

Las montañas modifican las corrientes de viento, generan turbulencias y alteran el comportamiento meteorológico en minutos. Por ello, la formación de pilotos de montaña requiere un estudio y entrenamiento mucho más intensos. “El aire es un fluido y tenés que entender cómo se mueve. Nosotros hacemos ejercicios para que los alumnos observen cómo corre un río y entiendan que el aire funciona de manera parecida”, agrega.

La planificación también es crucial. Antes de cada vuelo, se revisa la meteorología, las rutas alternativas y el comportamiento del viento en distintos sectores de la cordillera. “Cuando volás en montaña no podés improvisar. Tenés que entender el lugar donde estás volando”, argumenta Parodi, quien asegura que ninguno de sus pilotos transporta pasajeros sin acumular al menos 500 horas de vuelo, lo que les brinda el criterio necesario para operar en la montaña.

Trevelin, capital del vuelo de montaña

Además de la escuela y los vuelos turísticos, Patagonia Bush Pilots organiza el Trevelin Fly-In X-STOL, el mayor encuentro de vuelo de montaña y aterrizajes de precisión de Sudamérica. Cada verano, pilotos de distintos países participan en clínicas de seguridad, desafíos de aterrizaje corto y pruebas tradicionales del bush flying, como el “bombardeo de harina”, una competencia clásica de Alaska adaptada a la Patagonia. “El objetivo es posicionar a Trevelin como la capital del vuelo de montaña en Sudamérica”, sostiene Parodi.

La propuesta también busca potenciar el turismo local, atrayendo a visitantes, pilotos, fotógrafos y familias que durante varios días recorren la comarca, se alojan en Esquel y Trevelin, y combinan la experiencia aérea con otras actividades de la región. Muchos turistas toman los vuelos en los primeros días de su viaje para decidir qué lagos, cascadas o senderos recorrer por tierra. “Arriba del avión entendés realmente la dimensión de todo esto”, concluye Parodi, mientras un pequeño avión despega y se pierde entre montañas, bosques y lagos de altura, dejando solo el eco de su motor en el viento patagónico.

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