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Tensión en el Gobierno: la “emocionalidad” de Milei y el desafío universitario

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El presidente Javier Milei atraviesa un período de alta complejidad, marcado por una “emocionalidad importante” que, según la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el propio mandatario no logra domar. Esta revelación surge en medio de un clima político enrarecido, donde las tensiones internas en el gabinete y el creciente malestar social por el ajuste impactan directamente en la gestión libertaria.

Bullrich admitió públicamente que Milei la reprochó delante de todo el equipo de ministros por haberle exigido al vocero presidencial, Manuel Adorni, la presentación de su declaración jurada. Este pedido buscaba cerrar un escándalo sobre la situación patrimonial de Adorni que se inició a mediados de marzo. La declaración de la ministra desbarata la versión oficial que Milei había sostenido la semana anterior, donde afirmaba que Bullrich solo había anticipado algo conversado previamente con él y el Jefe de Gabinete. Adorni, durante un streaming, había corroborado esa versión, que ahora se revela falsa.

Este episodio no solo expone un costado traumático de la administración libertaria, sino que también evidencia las luchas internas que se multiplican, especialmente desde que el entorno presidencial resolvió blindar políticamente al portavoz oficial. La “emocionalidad” del Presidente, a la que aludió Bullrich, parece haber escalado desde la finalización de las sesiones extraordinarias del Congreso, un período que el Gobierno consideraba una extensión exitosa de su revalidación electoral.

El quiebre con los medios y el desafío estudiantil

El desencanto de Milei con el periodismo continúa siendo un eje central de su gestión. La semana anterior, el Presidente confesó en Olivos que “la batalla contra los medios de comunicación la tengo perdida”, lo que en su lógica implica una profundización de sus críticas. Desde el fin de semana, ha calificado al 95% de los periodistas como “basura”, una postura que, según analistas, difícilmente cambiará hasta el final de su mandato. Esta confrontación, con los riesgos objetivos que implica, se suma a la estrategia presidencial de no abrir nuevos frentes, aunque para Milei, “todo tiene que ver con todo”.

En este contexto, el multitudinario desafío federal estudiantil de este martes representó para el líder libertario un nuevo ataque de “la casta” amparada por los medios de comunicación. El Gobierno ha redoblado su apuesta frente a los reclamos presupuestarios de las universidades, desobedeciendo dos fallos judiciales y no aplicando la Ley de Financiamiento aprobada por el Congreso, que fue vetada en vano. Además, se realizó un drástico recorte de $2,5 billones sobre el Presupuesto 2026, con un fuerte impacto en el sistema educativo y sanitario.

Las cifras son elocuentes: más de $45 mil millones de quita en el programa Educ.Ar, $35 mil millones en el plan de alfabetización nacional, $21 mil millones en infraestructura escolar y equipamiento, $9 mil millones en el Fondo de Compensación salarial docente y $7 mil millones en políticas socioeducativas. Varias universidades, como las de La Plata, Avellaneda y San Martín, también sufren reducciones presupuestarias significativas.

Deterioro educativo y el libreto de “la casta”

El Gobierno parece haber retrotraído su memoria a abril de 2024, cuando una formidable movilización estudiantil lo sorprendió a solo cinco meses de asumir. En aquel momento, la convocatoria se centró en la presunta intención oficial de cerrar las universidades, una realidad que nunca se concretó. En su lugar, La Libertad Avanza logró imponer en la agenda la necesidad de auditorías para evitar el uso “político” de los presupuestos universitarios. Sin embargo, no hay información sobre la realización efectiva de esas auditorías ni sus responsables.

El movimiento estudiantil de 2024 permitió al Gobierno ganar tiempo y espacio para ejecutar un ajuste que alimentó el equilibrio de las cuentas y el superávit fiscal. Paralelamente, se verificó un deterioro en la enseñanza pública, reflejado en la masiva marcha callejera. Los datos son contundentes: el presupuesto universitario pasó de representar el 0,72% del PBI en 2023 al 0,47% en 2026. Los salarios docentes cayeron un 34,2% entre noviembre de 2023 y abril de este año, y, según la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, la crisis estaría provocando la renuncia de un docente cada 48 horas.

Para enfrentar este nuevo desafío, el Gobierno desempolvó el mismo libreto de 2024, culpando a “la casta” de maniobras desestabilizadoras. Sin embargo, aquella vez fracasó al enfrentarse a jóvenes que buscaban un ascenso cultural y social. La presencia de representaciones políticas y sindicales en la Plaza de Mayo, si bien es funcional al relato oficial, también pone en evidencia cómo los libertarios parecen emparentarse con la “casta” que tanto denostan, con figuras como Adorni asumiendo un rol protagónico.

El ajuste presupuestario en educación se inscribe en un contexto de dificultades inocultables, impactando en una clase media y media baja que históricamente ha confiado en la educación estatal como vía de movilidad social. A esto se suma el aumento en el transporte, que continuará hasta septiembre, y la incertidumbre sobre los precios de los combustibles, congelados por 45 días para contener la inflación y a la espera del fin de las tensiones internacionales. Este panorama explicaría el creciente mal humor social, que el Presidente y el ministro de Economía, Luis Caputo, intentan frenar con promesas inciertas de “los mejores 18 meses” que se recuerden para la Argentina, inicialmente pronosticados para abril y ahora postergados para junio.

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