Gestión económica: la caída del consumo y la actividad presiona a Javier Milei y Luis Caputo
A más de dos años del inicio de la gestión libertaria, la discrepancia entre la estabilización macroeconómica y el estancamiento de la economía real empieza a marcar el pulso político del Gobierno nacional. Pese al logro de haber reducido la inflación interanual desde niveles superiores al 200%, la falta de reactivación en la actividad productiva, la caída continuada del consumo y los crecientes niveles de mora familiar encienden luces de alarma tanto dentro del Ministerio de Economía que conduce Luis Caputo como en los despachos donde se delinea la estrategia oficialista con vistas a las próximas contiendas electorales.
Indicadores en rojo: consumo, actividad y endeudamiento
Los datos oficiales y privados reflejan la dureza del escenario microeconómico. Según las últimas mediciones del Indec, la actividad económica registró en mayo un descenso del 0,5%, acumulando un débil avance interanual del 0,2%. En paralelo, el sector del consumo masivo encadena siete meses seguidos de contracción: mediciones de la consultora Scentia arrojaron una baja del 2,5% en junio, con un retroceso interanual del 2,7% y una caída acumulada del 2,9% durante el primer semestre del año.
La pérdida del poder adquisitivo incide de manera directa en el presupuesto de los hogares. Más de 10 millones de personas perciben ingresos inferiores a los $1.500.000 mensuales, cifra insuficiente para cubrir la canasta básica. Ante este panorama, el recurso al endeudamiento para sostener gastos corrientes alcanzó niveles críticos. Un informe del Centro de Economía y Política Argentina (CEPA) advirtió que la morosidad de las familias con entidades bancarias y billeteras virtuales durante mayo superó los picos registrados durante la crisis de 2001 y la pandemia del Covid-19, configurando una dinámica en la que numerosos hogares deben tomar nuevos créditos para saldar compromisos previos.
Tensiones en el equipo económico y expectativas sociales
La falta de un repunte palpable en el bolsillo de la población comenzó a generar cruces e inquietud en el seno del Poder Ejecutivo. Las recientes declaraciones del viceministro José Luis Daza sobre el surgimiento de «brotes verdes» despertaron críticas desde el ala política de la Casa Rosada, donde reclaman moderar las promesas. A esto se sumaron las declaraciones de Adrián Ravier, vocero del área, quien estimó públicamente que la cotización del dólar podría ubicarse entre los $1.700 y $1.800 en los próximos meses, condicionando las gestiones de Caputo para incentivar la reinversión de ahorros no declarados.
En el terreno de los análisis de opinión pública, especialistas coinciden en que la agenda social ha comenzado a virar hacia la economía cotidiana. El consultor Pablo Knopoff, de Isonomía Consultores, sostiene que la resolución de la macroeconomía fue un primer paso valorado, pero advierte sobre la emergencia de sectores que demandan soluciones inmediatas en la microeconomía:
«Esto iba a suceder, inevitablemente. Que se discuta la micro y no la macro revela un primer éxito del Gobierno. Cumplió con una parte del mandato que recibió de las urnas, que consistía en ordenar el plano económico y bajar la inflación. Pero mucha gente se pregunta: ¿y con esto qué?»
Por su parte, Federico Aurelio, titular de Aresco, plantea la incertidumbre respecto del margen de paciencia social frente a la estabilidad del Presidente Javier Milei en las encuestas:
«No hay nada novedoso en los últimos meses desde lo económico, lo cual no es positivo. La valoración que vemos nosotros del Gobierno sigue siendo negativa, establemente negativa. Milei no cae más, pero no se recupera. Habrá que ver cuánto es el tiempo de espera de esa parte de los argentinos que lo apoya y que supedita su acompañamiento a que la situación mejore.»
A su turno, el historiador Rosendo Fraga matizó el peso del factor económico en los procesos electorales contemporáneos, señalando tendencias internacionales donde cobraron centralidad debates sobre seguridad, valores y pobreza por sobre el mero comportamiento del bolsillo.
El tablero opositor y la búsqueda de alternativas
Mientras el Gobierno lidia con las urgencias del programa económico, el espacio opositor atraviesa sus propios debates y fragmentaciones. Dentro del peronismo, se profundizan las diferencias entre la conducción de Cristina Fernández de Kirchner —cuyas intenciones de candidatura expresadas por Máximo Kirchner chocan con su inhabilitación judicial— y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien impulsa el armado territorial atento a la posible realización de las primarias.
Frente a las fricciones internas y los intentos desarticulados de articulación por parte de dirigentes como Sergio Massa, mandatarios provinciales del PJ y aliados observan el tablero con cautela. En este marco, proliferan movimientos de cara al futuro político, incluyendo la figura del empresario Jorge Brito. Con el asesoramiento del armador político Emilio Monzó y del consultor Jaime Durán Barba, Brito evalúa opciones para posicionarse por fuera de las estructuras partidarias tradicionales, en un escenario donde la demanda de previsibilidad busca reconfigurar las alternativas de la política nacional.

