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Servicio militar obligatorio: el trágico crimen que empujó a Carlos Menem a decretar el fin de la colimba

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Durante casi un siglo, el Servicio Militar Obligatorio rigió la juventud de millones de argentinos. Popularmente bautizado como la «colimba», este sistema de conscripción no solo representaba un rito de paso forzoso, sino también una estructura arraigada en el funcionamiento de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, en la década de 1990, un brutal crimen institucional dentro de un cuartel militar quebró la tolerancia social y política, forzando un giro histórico que transformó definitivamente la defensa nacional en la Argentina.

El nacimiento de la «colimba» bajo la firma de Roca

El origen de la conscripción obligatoria en el país se remonta a los albores del siglo XX. Fue instituido en 1901 mediante la Ley N.º 4.301, conocida formalmente como el Estatuto Militar Orgánico. La iniciativa fue impulsada por el entonces ministro de Guerra, Pablo Riccheri, durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, en un contexto de tensiones limítrofes y consolidación del Estado nacional.

Bajo este régimen, los ciudadanos varones eran convocados originalmente al cumplir entre 20 y 21 años para realizar tareas de adiestramiento militar por un período de entre 18 y 24 meses. Con las décadas, el sistema se modificó: la edad de incorporación se redujo a los 18 años y la selección pasó a depender estrictamente de un recordado sorteo público transmitido por radio, que determinaba el destino de los conscriptos entre el Ejército, la Armada o la Fuerza Aérea.

La jerga popular no tardó en bautizar el servicio como «colimba». El término, extendido a lo largo de generaciones, nació de la combinación de las tres tareas básicas y cotidianas que los conscriptos debían realizar bajo estricta disciplina militar: correr, limpiar y barrer.

El caso Omar Carrasco: el crimen que conmocionó al país

El punto de quiebre definitivo del sistema ocurrió en el otoño de 1994 en la provincia de Neuquén. El 3 de marzo de ese año, Omar Carrasco, un joven de 19 años oriundo de la localidad de Cutral Có, ingresó al Grupo de Artillería 161 en Zapala para cumplir con su deber cívico militar. Apenas tres días después, el conscripto fue visto con vida por última vez.

La respuesta inicial de las autoridades castrenses apuntó a una supuesta deserción, informando a la familia que el joven había abandonado las instalaciones por su propia cuenta. No obstante, la persistencia de sus padres y la presión social destaparon la peor sospecha: el 6 de abril de 1994, tras un mes de búsqueda, el cadáver de Carrasco fue hallado oculto en el propio predio del cuartel militar.

La investigación judicial posterior reveló que el joven soldado murió a causa de una feroz golpiza propinada en el marco de los denominados «bailes», castigos físicos y humillaciones aplicadas de forma sistemática por oficiales, suboficiales o soldados antiguos como método de «ablandamiento» y disciplina. El hallazgo del cuerpo expuso ante la opinión pública una densa trama de encubrimiento, complicidad y vejámenes dentro del Ejército Argentino.

La abolición del sistema y el nacimiento del servicio voluntario

El impacto político y el repudio generalizado de la sociedad civil acorralaron al gobierno de turno. Ante una indignación popular que amenazaba con escalar, el entonces presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, tomó la decisión política de desactivar la conscripción forzosa. El 31 de agosto de 1994, el Poder Ejecutivo firmó el decreto que suspendió el Servicio Militar Obligatorio en todo el territorio nacional.

Para formalizar y dar marco jurídico a la nueva estructura de las Fuerzas Armadas, el Congreso de la Nación sancionó a comienzos de 1995 la Ley 24.429 de Servicio Militar Voluntario. A partir de esa normativa, la incorporación de ciudadanos a las filas militares pasó a ser una opción de carrera profesional y de carácter estrictamente optativo, cerrando de manera definitiva el capítulo de la «colimba» en la historia argentina.

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