Exportaciones de biodiésel: la Argentina defendió ante la Unión Europea la sustentabilidad de la soja
Una delegación de funcionarios del Gobierno nacional y representantes del sector privado mantuvieron una reunión clave en Bruselas con la Comisión Ejecutiva de la Unión Europea (UE). El objetivo central del encuentro fue defender el sistema de producción del biodiésel argentino y evitar que la soja sea clasificada como un cultivo de alto riesgo de Cambio Indirecto del Uso de la Tierra (ILUC, por sus siglas en inglés), una etiqueta ambiental que pondría en jaque exportaciones millonarias.
La misión bilateral se activó luego de que el Parlamento Europeo rechazara una propuesta de la Comisión Europea (CE) para aplicar dicha categoría restrictiva a la oleaginosa. Con este antecedente a favor, la comitiva argentina busca ahora que el brazo ejecutivo de la UE plasme de manera definitiva en su reglamentación técnica lo ya resuelto por los eurodiputados, garantizando así la continuidad del flujo comercial hacia el Viejo Continenten.
Un mercado de 350 millones de dólares en juego
Para la agroindustria local, la definición de este reglamento es crítica. El año pasado, las ventas externas de biodiésel argentino hacia la Unión Europea representaron unos US$ 350 millones. Actualmente, el bloque europeo constituye el único mercado de escala para este biocombustible nacional, dado que Estados Unidos —el otro gran comprador histórico— cerró sus fronteras en 2016 tras imponer elevados aranceles por una denuncia de productores norteamericanos.
La delegación argentina estuvo liderada por el vicecanciller Fernando Brun, el embajador ante la UE, Fernando Iglesias, y el subsecretario de Mercados Agroalimentarios, Agustín Tejeda. Por el sector privado, participaron activamente directivos de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio). Del otro lado de la mesa, la contraparte europea estuvo presidida por el Comisario de Comercio de la UE, Maroš Šefčovič.
Los argumentos técnicos de la Argentina
Durante las sesiones de trabajo, el presidente de Ciara, Gustavo Idígoras, expuso datos técnicos para demostrar que el modelo agrícola del país no genera deforestación ni desplazamientos de tierras nocivos. Según la entidad, la superficie total destinada al cultivo de soja en la Argentina no se expandió, sino que experimentó una contracción en los últimos años.
Idígoras detalló que el crecimiento de la producción se explica principalmente por la soja de segunda, que se implanta inmediatamente después de la cosecha de cultivos de invierno sobre la misma superficie ya explotada. De esta forma, se argumentó que no existe un efecto de cambio indirecto en el uso del suelo.
“La realidad productiva argentina no se ve reflejada en la propuesta de legislación de la CE. El Parlamento Europeo coincide con la Argentina y por eso fue rechazada. Ahora tenemos la oportunidad de introducir cambios que tengan en cuenta la superficie real de soja en la Argentina y en el Mercosur, que nos caracteriza por ser un país de bajo riesgo de ILUC”, explicó Idígoras.
Nuevos cultivos y metodologías locales
Además de la defensa de la soja tradicional, la representación argentina solicitó formalmente que el nuevo reglamento europeo (denominado reglamento 807) adopte una metodología de cálculo basada en estadísticas y datos nacionales, en lugar de utilizar parámetros globales genéricos que distorsionan la realidad local.
Asimismo, los empresarios propusieron incorporar formalmente el concepto de «cultivos secuenciales» bajo las directrices de la FAO. Esta alternativa permitiría que la rotación con especies adicionales como la camelina, carinata, colza y cártamo sea catalogada de forma automática como de bajo riesgo ambiental. La aprobación de esta propuesta abriría una nueva ventana de exportación para estos subproductos industrializados hacia el mercado comunitario.

