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Copa del Mundo: furor en el Fan Fest de Plaza Seeber tras el agónico pase de la Selección a la final

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La tensión se respiraba en el aire de Palermo mucho antes del pitazo inicial, pero nadie imaginó que el desenlace de la semifinal de la Copa del Mundo ante Inglaterra demandaría semejante dosis de sufrimiento. En el Fan Fest de Plaza Seeber, miles de porteños pasaron del silencio absoluto y la parálisis tras el primer gol rival a un estallido de euforia colectiva que culminó con el pase a la gran final del certamen.

De la parálisis al grito sagrado

El encuentro comenzó con una Plaza Seeber colmada de banderas celestes y blancas, cánticos y una ilusión que se vio bruscamente interrumpida. El primer gol de la selección inglesa cayó como un balde de agua fría sobre la multitud. Durante unos minutos, las cabezas gachas y las miradas perdidas dominaron la escena en el espacio público palermitano. Sin embargo, el desaliento duró poco: el empuje de los hinchas desde el centro de la plaza reactivó el aliento colectivo bajo el grito de «¡Vamos, Selección!».

La parálisis se quebró definitivamente con el gol del empate. En cuestión de segundos, la plaza entera se convirtió en un pogo gigante. Los abrazos entre desconocidos, las banderas flameando y el estallido de fuegos artificiales marcaron el inicio de una remontada que se consolidaría minutos más tarde con el tanto de la clasificación. El pogo, los besos y las lágrimas de desahogo coparon la tarde porteña al ritmo del clásico cántico:

“Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés”.

Fútbol, memoria y hermandad en las calles

La victoria final desató una marea de emociones que trascendió lo estrictamente deportivo. Para muchos de los presentes, el cruce contra el seleccionado británico revivió sentimientos profundos vinculados a la historia argentina. Adrián Velázquez, un misionero de 31 años que reside en Buenos Aires desde hace seis, sintetizó el sentir de la jornada:

“Casi me muero de los nervios, pero estoy re contento”.

Aunque aclaró que lo vivió «nomás como fútbol», reconoció que el partido le despertó «emociones distintas» debido a que un familiar suyo combatió en la Guerra de Malvinas.

En la misma sintonía, Graciela Costa, una jubilada de 62 años, analizó el impacto social del triunfo:

“La Argentina necesita sanar el corazón con respecto a lo que pasó en las islas. Y esto también nos une como pueblo. Veo a la gente unida y divirtiéndose sanamente”.

Un festejo sin fronteras

El sentimiento de pertenencia y alegría también alcanzó a la comunidad extranjera residente en la Ciudad de Buenos Aires. Manuela Tineo, una estudiante de Alimentación de 25 años nacida en Venezuela, no pudo contener las lágrimas tras el pitazo final.

“No caigo todavía, no caigo de la emoción. Nunca perdí la fe. Me emociona mucho esto de acá, saber que vamos a vencer. Es ser un poquito feliz en el día a día”,

expresó visiblemente conmovida.

Tras la confirmación de la clasificación a la final de la Copa del Mundo, la multitud comenzó a desconcentrarse lentamente de Plaza Seeber para trasladar la fiesta hacia la avenida del Libertador y el Monumento de los Españoles, en una jornada histórica que los hinchas tardarán en olvidar.

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