Alerta en la industria aceitera: Argentina presiona en Europa para evitar un bloqueo al biodiésel
La industria aceitera argentina intensifica sus gestiones en Europa para intentar frenar una medida de la Unión Europea (UE) que podría complicar gravemente las exportaciones de biodiésel nacional. La preocupación central es la posible clasificación de la soja argentina como cultivo de “alto iLUC” (Cambio Indirecto del Uso de la Tierra), una decisión que excluiría al biodiésel elaborado con esta materia prima de los mandatos europeos de energías renovables y limitaría drásticamente su acceso a ese mercado.
En este contexto, el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, confirmó la realización de una reunión bilateral clave en Europa el próximo 16 de julio. Participarán importadores europeos, representantes de la Comisión Europea, exportadores argentinos y funcionarios de la Cancillería argentina. El objetivo es revertir esta clasificación antes de su publicación, prevista para el 10 de agosto.
El debate por el “iLUC”: impacto ambiental y barrera comercial
La discusión se centra en el criterio del Cambio Indirecto del Uso de la Tierra (iLUC), utilizado por la Unión Europea para evaluar el impacto ambiental de las materias primas destinadas a biocombustibles. La hipótesis europea sostiene que desviar cultivos como la soja de la producción de alimentos a la de energía aumenta indirectamente la presión para expandir la frontera agrícola, incluso sobre bosques y otros ecosistemas, lo que incrementaría las emisiones de gases de efecto invernadero.
La industria argentina rechaza categóricamente esta interpretación, argumentando que no refleja la realidad productiva local. Sostiene que la superficie sembrada con soja no se ha expandido, sino que, por el contrario, ha disminuido en los últimos años. Además, considera que una eventual clasificación de la soja argentina como “alto iLUC” funcionaría, de hecho, como una barrera comercial que favorecería a materias primas producidas dentro de Europa.
“Lo que están diciendo es que la soja, como se usa para biocombustibles y se deja de usar para alimentos, tiene que abrir otras áreas de producción, que pueden ser bosques nativos o áreas de otro uso de tierra para reemplazar estas áreas. Lo cual es un error, por lo menos en la Argentina, porque de hecho vemos que en soja el área está estancada e inclusive ha disminuido de los casi 20 millones de hectáreas que hubo a lo que tenemos hoy, que son unas 17 millones”, afirmó Luis Fontán, director de AGD, durante el Seminario Acsoja 2026.
Fontán también señaló que, más allá del debate ambiental, existe un trasfondo comercial que beneficiaría a los productores europeos. “Es un tema muy político, es una barrera arancelaria, porque eso eliminaría la posibilidad de las pequeñas exportaciones que tenemos hoy a la Unión Europea, favoreciendo el consumo de los aceites producidos fundamentalmente en Europa, colza, etcétera”, añadió.
Consecuencias millonarias para el sector oleaginoso
Si la clasificación como “alto iLUC” prospera, el impacto excedería el negocio actual del biodiésel. Para el sector, comprometería la generación de valor agregado de toda la cadena oleaginosa y limitaría el acceso a nuevos mercados vinculados a los biocombustibles. Idígoras advirtió que las consecuencias alcanzarían las exportaciones de poroto y aceite de soja destinadas a abastecer la industria europea de biocombustibles, afectando no solo a Argentina sino también a Brasil y Estados Unidos.
Además, esta medida podría impedir que el aceite de soja sea considerado elegible para futuros mercados, como el de los combustibles sostenibles para la aviación (SAF). “Esa es la razón por la cual estamos insistiendo tanto en revertir esta situación, porque es claramente una barrera no arancelaria”, subrayó Idígoras.
Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), entre 2018 y 2025, el 97% de las exportaciones totales de biodiésel argentino tuvo como destino el bloque europeo. En 2025, la Unión Europea concentró el 100% de los envíos. Ese año, Argentina exportó a ese mercado unas 280.000 toneladas de biodiésel por US$350 millones, además de 45.000 toneladas de aceite de soja para uso industrial por otros US$50 millones, según Ciara-CEC.
La preocupación fue compartida por ejecutivos de las principales compañías agroindustriales que operan en Argentina durante el panel “Agregar valor: claves para el futuro de las cadenas oleaginosas y de cereales” en el Seminario Acsoja 2026. Fernando Correa Urquiza, de LDC, coincidió con la preocupación, poniendo el acento en el impacto económico para una industria que ya opera muy por debajo de su capacidad.
“Estamos intentando evitar que el cultivo de soja sea considerado iLUC alto y quedar fuera de los mandatos de biodiésel europeos y, por tanto, terminar con la cuota, que ya es de por sí baja, y terminar de cerrarnos cualquier oportunidad de mercado a una industria de biocombustibles”, afirmó Correa Urquiza.

