Retos virales: uno de cada cuatro adolescentes participó de desafíos riesgosos, según un estudio de la U. Austral
Los desafíos virales en redes sociales se han convertido en una preocupación creciente para la salud y seguridad de los adolescentes argentinos. Tras episodios alarmantes, como las amenazas de tiroteos en escuelas que obligaron a suspender clases y desplegar operativos de seguridad, un nuevo estudio de la Universidad Austral pone de manifiesto la magnitud del problema: uno de cada cuatro adolescentes participó de al menos un reto viral durante el último año.
La investigación, que entrevistó a 848 chicos argentinos de entre 11 y 17 años, fue publicada recientemente en la prestigiosa revista científica internacional Youth & Society. Sus hallazgos no solo confirman la alta incidencia de estas prácticas, sino que también detectan asociaciones significativas entre la participación en retos virales y mayores niveles de adicción digital, especialmente vinculados al uso problemático de Instagram e internet.
El informe advierte que algunos de estos desafíos pueden implicar riesgos físicos, psicológicos y sociales, incluyendo prácticas peligrosas como la privación extrema del sueño o las autolesiones, las cuales han llegado a causar muertes. Este panorama se complementa con datos de TikTok, que en el último trimestre de 2024 eliminó casi 700.000 videos en Argentina por violaciones a sus normas, muchos de ellos relacionados con retos virales peligrosos.
La búsqueda de aprobación y la poca conciencia del riesgo
Los resultados del estudio detallan que el 14% de los encuestados realizó uno o dos retos virales en el último año, el 5% participó en tres o cuatro, y el 6% se involucró en cinco o más. En conjunto, el 25% de los adolescentes reportó haber participado en al menos un desafío viral.
“Esto no implica que todos los retos virales son negativos o peligrosos. Sin embargo, algunos pueden afectar nocivamente la salud física y mental”, apunta Santiago Resett, investigador independiente del Conicet-Universidad Austral y docente de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Resett menciona ejemplos preocupantes como “tratar de pasar la mayor cantidad de tiempo sin dormir o autosofocarse para quedar inconscientes”, prácticas que han provocado fallecimientos. Otro dato que llamó la atención de los investigadores es que el 11% de los chicos busca ser imitado al compartir un desafío, mientras que el 6% disfruta hacerlos en grupo para sentirse parte.
Detrás de estos retos, afirma Resett, subyace la necesidad de aprobación social y el temor a “no quedarse afuera del grupo”. El especialista destaca la “poca conciencia del riesgo que hay tanto entre los adolescentes como entre sus padres sobre lo que implica” esta exposición. Aunque un reto no sea intrínsecamente peligroso, genera una sobreexposición digital que aumenta las probabilidades de un uso compulsivo de redes y de sufrir acoso virtual, ciberbullying o grooming.
El investigador subraya que no es el uso de la red social en sí lo problemático, sino que “hay adolescentes que ya presentan alguna vulnerabilidad: o son muy desinhibidos, buscadores de sensaciones, o todo lo contrario, tímidos, retraídos, pero mediante el celular y las redes sociales encuentran un lugar para exponerse”. El trabajo analizó plataformas como TikTok, Instagram, YouTube y WhatsApp, donde los retos virales se expanden rápidamente.
Correlaciones y rol de los adultos
El estudio detectó una correlación alta entre la motivación social para participar en desafíos virales y los problemas asociados al uso excesivo de internet. “Cuanto más importante es para los adolescentes participar de estos retos para sentirse incluidos o aceptados por sus pares, es altamente probable que también experimenten mayores dificultades vinculadas al uso compulsivo de internet”, describió Resett.
Asimismo, se halló una correlación significativa entre la satisfacción generada por los retos virales y la adicción a Instagram. Los adolescentes que más disfrutaban participar en estos desafíos tendían con mayor frecuencia a presentar un uso problemático de esa red social. Los factores principales detrás de este fenómeno son la satisfacción personal y la presión del grupo de pares.
Resett insiste en la importancia de la intervención de adultos: “Más que prohibir las nuevas tecnologías o dar sermones moralizantes a los adolescentes, se debe trabajar desde la reflexión y enseñar a pensar en las consecuencias de las acciones”. El investigador lamenta el bajo nivel de involucramiento de los padres y señala el “nuevo egocentrismo” del adolescente actual, que cree que “A mí no me pasa nada”. Por ello, resalta la necesidad de que escuelas y familias se involucren activamente para fortalecer el pensamiento crítico digital y promover un uso responsable de las redes sociales.

