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Agtech en Argentina: el campo abraza los algoritmos para romper el estancamiento productivo

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CÓRDOBA.- La imagen del agro argentino, históricamente ligada a la maquinaria pesada, experimenta una transformación profunda. Hoy, la innovación en el campo no es solo tangible; la verdadera revolución llega de la mano de los datos, los algoritmos, las imágenes satelitales, las plataformas de procesamiento de registros y los drones. Esta vasta oferta tecnológica busca ser convertida en adopción concreta por parte de los productores, quienes priorizan el impacto directo en sus resultados económicos ante la estrechez de los márgenes de rentabilidad.

Bernardo Piazzardi, director del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral y senior advisor de MAP Latam, subraya una paradoja: una encuesta reciente entre 1.000 productores reveló que el 80% cree que las nuevas tecnologías digitales cambiarán su modelo de negocio, pero solo el 5% las ha adoptado. “Está el fierro caliente para martillar”, grafica Piazzardi, destacando la necesidad de acelerar esta transición.

Las barreras a la adopción y la falta de extensionismo digital

Las dificultades para la incorporación efectiva de estas herramientas son diversas: económicas, culturales y operativas. Piazzardi enfatiza la ausencia de un “extensionismo del siglo XXI para el agro”, una función que históricamente cumplió el INTA. Si bien instituciones como CREA y Apresid lideran en la difusión tecnológica, su alcance es limitado frente a las 200.000 explotaciones del país. La discusión se centra en quién debe asumir este rol de acompañamiento y capacitación, sugiriendo esquemas mixtos que involucren al Estado, universidades y empresas, inspirados en modelos como el Embrapa en Brasil o las oficinas de extensión del USDA en Estados Unidos.

La relevancia de esta discusión trasciende al sector agropecuario. El complejo agroexportador representa cerca de dos tercios de las exportaciones argentinas y es la principal fuente de divisas. Cada mejora productiva, impulsada por la tecnología, tiene un impacto directo en las exportaciones, la recaudación fiscal y la disponibilidad de dólares. Piazzardi sostiene que la incorporación de soluciones tecnológicas debe ser un tema de interés estatal, ya que “ahorra costos, mejora rindes, mejora exportaciones, mejora recaudación…Es decir, multiplica el dinero”.

Juan Manuel Garzón, economista del Ieral de la Fundación Mediterránea, destaca que Argentina posee un “campo moderno”, con niveles de agricultura de precisión cercanos a los de Estados Unidos y Brasil, a pesar de la histórica falta de previsibilidad económica. Los productores, según Garzón, son “profundamente pragmáticos” y adoptan tecnología solo cuando perciben claramente su utilidad y retorno económico, en un contexto de alta presión sobre los costos y carga tributaria.

El rol de las startups y las plataformas de validación

Federico Bert, gerente del Programa de Digitalización del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), describe el proceso de adopción como “muy incipiente aunque inexorable”. Señala que el principal factor limitante no es el financiamiento, ya que muchas de estas tecnologías no son de alto costo, sino la falta de conocimiento detallado, las limitaciones operativas como la conectividad y la resistencia al cambio de productores no nativos digitales. Bert resalta el papel crucial de las startups de tecnología agropecuaria (agtech) en dar visibilidad, ayudar y capacitar a los productores, advirtiendo que “no es una elección sumar la tecnología, sino se suma se pierde competitividad y si se pierde, se queda afuera”.

Argentina se posiciona como uno de los países líderes en la transformación tecnológica del campo, con un ecosistema agtech sofisticado que incluye plataformas de gestión, automatización, trazabilidad, sistemas predictivos y monitoreo satelital, con la Inteligencia Artificial (IA) como un componente central. Las soluciones más penetradas son las plataformas de monitoreo de cultivos y registros satelitales, junto con un avance importante de los drones en los últimos dos años.

Para reducir el riesgo en la adopción, cobran fuerza los modelos de validación tecnológica en condiciones reales de producción. Un ejemplo es Validagro, una plataforma de innovación abierta que permite testear tecnologías directamente en las 20.000 hectáreas de Estancia Las Cabezas, de Fersam Agroindustrial, con conectividad avanzada y condiciones operativas reales. Manuel Pascual, director de Desarrollo Corporativo y Nuevos Negocios de Fersam y representante en el directorio de Validagro, explica que muchas soluciones llegan al mercado sin haber sido probadas en la complejidad del campo, lo que genera desconfianza. La plataforma, impulsada por un ecosistema diverso de actores estratégicos, busca que la tecnología se enfrente a la realidad y que el campo retroalimente los proyectos, ya que la innovación no puede pensarse de manera aislada. “La tecnología es una de las llaves para romper” el estancamiento productivo que Argentina sufre hace años, afirma Pascual. Este año, Validagro recibió 58 proyectos, un 35% más que en 2025 (sic), de diversos países y provincias argentinas.

La visión de las agtech: eficiencia y sustentabilidad

Agustín Rocha, cofundador y CEO de SIMA, una empresa con 12 años de trayectoria que opera en ocho países, destaca la complejidad de digitalizar un sector “muy físico, muy regional y muy desparramado territorialmente”, con ciclos productivos largos. Rocha señala la marcada diferencia entre grandes y pequeños productores: mientras los primeros pueden destinar recursos a la innovación, los segundos tienen menos tiempo y margen para experimentar. SIMA no solo ofrece software, sino “una forma distinta de trabajar”, desarrollando herramientas predictivas a partir de los datos recolectados.

Nicolás Bergman, fundador de Vistaguay, agtech especializada en drones para el agro, enfatiza la necesidad de producir más eficientemente en un contexto donde cada decisión impacta en la rentabilidad y sustentabilidad. Las soluciones digitales, según Bergman, brindan información precisa para actuar “exactamente donde hace falta y en el momento correcto”, conectando necesidades agronómicas con pilotos de drones y soluciones digitales de manera simple y accesible.

En síntesis, la tecnología digital ya no es un agregado, sino que se está convirtiendo en una “parte estructural del sistema productivo”, como concluye Bert. Para acelerar este proceso, Garzón insiste en la necesidad de previsibilidad, inversión y capacidad de prueba continua, elementos clave para que el campo argentino continúe su camino hacia un futuro más eficiente, rentable y sustentable.

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