Sociedad

Jorge Luis Borges: la historia de su primer matrimonio, entre celos, peleas y reconciliaciones

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La vida sentimental de Jorge Luis Borges, un laberinto de flechazos no correspondidos y amores frustrados, tuvo dos excepciones que lo llevaron al altar. La más conocida es su unión con María Kodama en 1986, poco antes de su muerte. Sin embargo, su primer matrimonio, menos explorado y quizás el más enigmático, fue con Elsa Astete Millán, una mujer ajena al círculo intelectual del célebre escritor.

Este vínculo, que se concretó en 1967, fue una compleja mezcla de amor juvenil recuperado, necesidad de compañía y el pragmatismo de su madre, Leonor Acevedo. La relación, que duró menos de tres años, estuvo plagada de celos, discusiones y tensiones, revelando una faceta poco explorada de la intimidad del autor de “Ficciones”.

El reencuentro que llevó al altar

Borges conoció a Elsa Astete en La Plata en 1929. Él tenía 30 años y ella 19. Se dice que se enamoraron y hasta llegaron a comprometerse, pero ella finalmente se casó con Ricardo Albarracín, dejando a Borges en el pasado. No volvieron a verse hasta 1964, cuando Elsa enviudó. Al enterarse, Borges la contactó y el reencuentro reavivó la chispa.

Según Lucas Adur, doctor en Letras y coordinador del comité académico de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, en su biografía Jorge Luis Borges, un destino literario, el escritor estaba “emocionado con el reencuentro” y tenía “un deseo y una necesidad acuciante de casarse”. Este apuro se reflejó en la rapidez con la que avanzó la relación. El 25 de abril de 1967, Adolfo Bioy Casares anotó en su diario: “Come en casa Borges. Me anuncia que en septiembre se casa con Elsa Astete […] Me pide que sea testigo”.

La necesidad de una cuidadora y el visto bueno materno

La decisión de Borges de casarse no fue puramente romántica. Su ceguera había avanzado considerablemente, reduciendo su autonomía. Necesitaba compañía y cuidados diarios, una tarea que hasta entonces había recaído en su madre, Leonor Acevedo, ya nonagenaria. Adur explica que era “indispensable encontrar una compañera, pero no una compañera ocasional, sino una esposa, que resolviera la cuestión de una vez por todas y pudiera hacerse cargo de Georgie cuando su madre ya no estuviera”.

Leonor, quien había expresado a Bioy que “una mujer que se case con él tiene que ser muy abnegada”, vio en Elsa a la candidata ideal. Aunque Astete no formaba parte del ambiente intelectual de Borges, su madre comentó a Bioy: “No es intelectual… Bueno, eso tal vez resulte una ventaja. Yo me quedo tranquila: creo que lo va a cuidar. Ya no es joven. Fue linda: ahora, ya la verás. Pero él no ve. Para él sigue siendo la de antes”. Elsa, de 57 años al momento del casamiento, fue elegida sobre otras opciones como la escritora Margarita Guerrero.

Un matrimonio tenso y el desprecio del círculo íntimo

El anuncio del casamiento sorprendió a los círculos intelectuales. La revista Primera Plana lo publicó en junio de 1967 con un tono peyorativo, y en agosto confirmó la concreción civil: “Borges no quiso dar publicidad al hecho y el viernes 4 se deslizó tímidamente con su novia en el Registro Civil de Palermo”.

Desde el inicio, Elsa no fue bien recibida por el círculo íntimo de Borges. Bioy Casares la describió con desdén: “vieja; de piel grisácea; en actitud de sierva enamorada […] de la baja burguesía […] ignorante, pero respetuosa del saber y dispuesta a instruirse”. La convivencia también fue peculiar: vivían en cuartos separados en un departamento en Monserrat. Borges, acostumbrado a su rutina de soltero, encontró difícil asimilar los cambios. Elsa, por su parte, no veía con buenos ojos las amistades femeninas de su esposo ni su grupo de estudio de anglosajón.

Harvard, celos y avidez monetaria

En septiembre de 1967, la pareja viajó a Harvard, donde Borges debía dar clases. Contrario a las expectativas, Elsa no fue de gran ayuda. No hablaba inglés y no se adaptó a Cambridge, lo que limitó su participación en las actividades académicas y sociales de su esposo. La convivencia se volvió tensa, con frecuentes choques que llevaban a Borges a abandonar el hogar conyugal para pasar la noche en hoteles.

A pesar de las dificultades, Borges escribió el poema “Elsa” durante ese viaje, publicado en Elogio de la sombra (1969), aunque luego eliminado de ediciones posteriores. Sin embargo, las tensiones crecían. Bioy Casares registró en su diario la preocupación por los celos de Elsa, quien supuestamente “le está rompiendo recuerdos, cartas, fotografías” a Borges sin que él lo supiera. También se burlaba de su falta de cultura, como cuando Elsa confundió a Guy de Maupassant con “Cu de Maupassant”.

La avidez monetaria de Elsa también fue un punto de conflicto. Leonor Acevedo atribuía a ella el exceso de viajes y conferencias de Borges. Adur señala que Elsa estaba “interesada en los beneficios económicos que implicaban las conferencias, aun cuando Borges se había planteado hablar menos y escribir un poco más”. Llegó al extremo de animarlo a publicar textos de los que él no estaba seguro, priorizando el pago. En una ocasión, Borges pidió que el dinero de sus traducciones se enviara a la Biblioteca Nacional para que Elsa no lo recibiera.

En medio de este torbellino, Borges le dijo a Bioy: “No sé qué puede hacerse con Elsa. Hay un recorrido que siempre es el mismo, en que yo digo que vivir conmigo es intolerable y que lo mejor para ella es la separación; después de eso viene la reconciliación, con los platos que me gustan: ñoquis a la romana o sardinas. Si no hay pelea, tampoco hay esos platos…”.

El fin de la relación y el inicio de otro capítulo

Para 1968, Borges ya había conocido a María Kodama, una joven que participaba en sus cursos de anglosajón. La infelicidad en su matrimonio con Elsa se hizo evidente, y en un segundo viaje a Estados Unidos en 1969, Borges le rogó a Kodama que “se ocupara un poco de Elsa”. Este encuentro fue decisivo para Kodama, quien notó la angustia del escritor.

A principios de 1970, la relación con Elsa era insostenible. Sus amigos lo animaban a separarse. Aunque el divorcio no estaba reglamentado en Argentina, Borges consultó abogados y finalmente, con la ayuda de su traductor Norman Thomas di Giovanni, se gestó la separación. El 7 de julio de 1970, Borges abandonó el hogar conyugal bajo el pretexto de ir a trabajar, mientras Di Giovanni lo llevaba al aeropuerto para un vuelo a Córdoba. Simultáneamente, un abogado se presentó en la casa para informar a Elsa de la decisión y recuperar algunas pertenencias del escritor.

La separación fue de mutuo acuerdo. La revista sensacionalista Así tituló: “El divorcio de Borges. Candidato argentino al Premio Nobel no fue capaz de soportar a su esposa”. Borges, en una entrevista con el medio, afirmó: “Después de tres años comprendimos con mi esposa que no nos entendíamos. Ahora todo está tramitándose en un juzgado. Creo que esto es muy normal […] Nos separamos como amigos. Entre mi esposa y yo no hay una situación hostil. Somos dos mundos distintos, que no tenemos punto de contacto”. Tras la separación, Borges regresó a vivir con su madre, y poco después, comenzó a dedicarle textos a María Kodama, marcando el inicio de una nueva etapa en su vida.

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