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De bizcochuelos en plazas a un equipo de 14 y local propio: el salto de Mesa Dulce

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La historia de Facundo y Juan Ignacio Romero, dos hermanos sanjuaninos, representa un claro ejemplo de esfuerzo y perseverancia. Lo que comenzó como un pequeño emprendimiento de repostería, vendiendo bizcochuelos en plazas y parques, se transformó en Mesa Dulce, un proyecto en constante crecimiento que hoy emplea a más de 14 personas y está a un paso de inaugurar su primer local propio.

El punto de partida de esta aventura se remonta a unos cuatro años atrás, cuando Facundo Romero, aún en la secundaria, buscaba generar ingresos para sus gastos personales. En diálogo con LA NACION, Facundo relató los inicios casi improvisados: “Me faltaban huevos para hacer los bizcochuelos. Me acuerdo que le pedí 400 pesos a mi viejo para ir a comprarlos”. La falta de un molde lo llevó a pedir uno prestado a una vecina, y con esos elementos básicos, preparó las primeras unidades que, para su sorpresa, tuvieron una gran aceptación desde el primer momento.

Poco después, su hermano Juan Ignacio se sumó al proyecto, dividiendo las tareas: Facundo se encargaba de la venta y Juan Ignacio de la cocina. Fue entonces cuando decidieron apostar por los brownies, un producto que, según explicaron, no era tan común en San Juan en ese entonces.

El salto a las redes y un golpe familiar

Con el tiempo, los hermanos comprendieron la necesidad de expandir su alcance más allá de los parques. Tras intentos iniciales con tarjetas de contacto que no generaron pedidos, surgió la idea de crear contenido para redes sociales, dando origen al nombre Mesa Dulce. Sus primeros videos eran básicos y sin gran repercusión, hasta que decidieron cambiar la estrategia y mostrar la realidad detrás de su emprendimiento. “Queríamos que la gente entendiera un poco más sobre nuestra historia, que no éramos multimillonarios que regalaban brownies a todo el mundo, sino que nos esforzábamos por ganarnos nuestras cosas”, explicó Facundo.

En medio de este crecimiento, los hermanos atravesaron un momento devastador: la pérdida de su padre.

“Eso fue algo muy duro para nosotros”, recordó Facundo.

Este golpe familiar los llevó a cancelar planes de expansión a Mendoza y a cuestionarse la continuidad del proyecto. La incertidumbre fue grande: “No sabíamos qué hacer, si queríamos seguir realmente o no con el emprendimiento y si valía la pena esforzarse tanto por algo que todavía seguía siendo chico”. Sin embargo, tras unos días de reflexión, decidieron seguir adelante, fijándose la meta de mudarse y empezar de cero. En dos meses de intenso trabajo, lograron ahorrar el dinero necesario para independizarse y dedicarse por completo a Mesa Dulce.

Viralización y el sueño del local propio

Un punto de inflexión llegó cuando Facundo decidió mostrar el detrás de escena de su trabajo diario. “Voy a hacer un video mostrando cómo es mi día a día saliendo a vender al parque”, pensó. Este contenido se viralizó rápidamente, desatando una avalancha de pedidos. “Pasamos más de dos meses enteros durmiendo tal vez cuatro horas al día de tantos mensajes que llegaban”, contó Facundo, reflejando el impacto de la exposición en redes.

Actualmente, con una comunidad de más de 100.000 seguidores en Instagram, los hermanos Romero ya tienen confirmada la apertura de su propio local. “Todavía no lo tenemos definido al 100%, pero vamos a abrir un local”, adelantó Facundo, atribuyendo el éxito al trabajo constante y a la búsqueda incesante de mejorar la calidad de sus productos. “Somos fieles creyentes de que ningún cliente va a probar el mismo producto dos veces”, afirmó.

Mesa Dulce trascendió la mera generación de ingresos para convertirse en un estilo de vida para Facundo y Juan Ignacio, impulsándolos a crecer personal y profesionalmente. A pesar de las adversidades, su visión sigue siendo ambiciosa. “Queremos que Mesa Dulce esté en toda la Argentina”, expresó Facundo, reafirmando el compromiso de mantener la esencia de esfuerzo y constancia que los llevó hasta donde están hoy.

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