Fabio Banegas, el pianista rosarino que difunde la obra de su maestro José Antonio Bottiroli en el mundo
El pianista y concertista argentino Fabio Banegas, de reconocida trayectoria internacional, presenta oficialmente José Antonio Bottiroli (1920-1990) Complete Piano Works, Vol. 4 – Mementos (Naxos – Grand Piano). Con este lanzamiento, Banegas culmina una ambiciosa tarea de cuatro volúmenes dedicados a la obra de su maestro, el pianista, compositor y poeta rosarino José Antonio Bottiroli, cuya prolífica producción aún no ha recibido el reconocimiento que merece.
El material discográfico, que suma más de cuatro horas y cuarenta minutos de música argentina, se complementa con un seriado titulado Bottiroli, compositor argentino. Este programa se emitirá todos los sábados de junio a las 21 por la señal Allegro HD, donde se podrá apreciar la interpretación de Banegas en torno a las composiciones de su mentor.
Un embajador de la música argentina
Radicado hace décadas en Estados Unidos, Fabio Banegas fue recientemente reconocido como Ciudadano Distinguido en Rosario, su ciudad natal. Este galardón subraya su compromiso no solo con la investigación y difusión de la música argentina, sino también con el cultivo de los grandes maestros del clasicismo a nivel global.
“Fui reconocido como Ciudadano Distinguido en Rosario”, enfatiza Banegas, con la satisfacción de haberse ganado un lugar en su terruño, un válido estímulo para el artista que, desde hace décadas, vive en Estados Unidos, lejos de su tierra natal, pero muy abocado a la investigación y difusión de la música argentina y a cultivar a los grandes maestros del clasicismo en el mundo.
Ganador del Global Music Awards, entre otros galardones, Banegas no solo es un intérprete formidable, sino que ha asumido la noble misión de actuar como embajador y preservacionista de la obra de compositores argentinos en el exterior. Su labor se centra en dar visibilidad a piezas y nombres que, como el de Bottiroli, no siempre ocupan el lugar merecido en el panorama musical.
“Sé cuándo conecto con el público de una manera mística”, explica el ejecutante, avezado en el trajín de emocionar desde las 88 teclas repartidas entre blancas y negras, una extensión de su propia osamenta. Banegas, que obtuvo, entre otros galardones, el Global Music Awards, es un ejecutor portentoso de su arte, pero, además, se colocó sobre sus espaldas la noble tarea de la difusión de los compositores argentinos en el exterior. Una suerte de embajador y preservacionista de piezas y nombres que no siempre ocupan el lugar merecido.
Banegas destaca la riqueza del legado de José Antonio Bottiroli, quien dejó más de 115 obras musicales y aproximadamente 87 poemas. La música de Bottiroli, según su alumno, es un fiel reflejo de sus vivencias y de su profunda conexión con el entorno, especialmente con la naturaleza y la psicología humana.
“Cuando pasaba tiempo en Los Cocos, aparecía la influencia de la vegetación, los sonidos de las hojas y el canto de los pájaros”, explica Banegas, detallando cómo su maestro utilizaba la “etopeya musical” para crear retratos sonoros de personas y paisajes, desde nocturnos inspirados en las galaxias cordobesas hasta piezas dedicadas a su esposa e hija.
Infancia rosarina y vocación musical
Nacido en 1967 cerca del Hipódromo de Rosario, Fabio Banegas rememora una infancia feliz, marcada por la figura de su abuelo paterno, Natalio Cirilo Banegas, un influyente propietario de caballos de carrera. Su abuela Ángela, de origen siciliano, gestionaba los negocios familiares, mientras que por línea materna, Banegas tiene raíces checas, una conjunción que, según él, contribuyó a su personalidad “polifónica” y su afición por una vida cosmopolita. La familia Banegas, que incluía a un hermano cirujano radicado también en Estados Unidos, se crió en el Club Regatas de Rosario, donde la natación era una de sus pasiones.
La vocación musical de Banegas surgió a temprana edad, influenciada por el repertorio clásico que se escuchaba en su hogar y por una tía que estudió música con Manuel de Falla. A los dos o tres años, ya pedía escuchar discos de música clásica. A los siete, su madre lo inscribió en clases de piano, un instrumento que rápidamente dominó.
El encuentro con José Antonio Bottiroli fue trascendental. A los 14 años, durante una celebración de la escuela de maestros de su padre, Banegas conoció al compositor. Su padre, maestro y colega de Bottiroli, propició que el joven Fabio tocara para el maestro. A pesar de interpretar obras complejas como la “Sonata del claro de luna” de Beethoven y “Nocturnos” de Chopin, Banegas recuerda la experiencia con humildad.
“Seguramente un desastre, pero siempre tuve la virtud de poder transmitir sentimientos. Cuando regresé a casa, mi papá estaba terminando una conversación telefónica con Bottiroli, quien le confirmó que me daría clases todos los sábados. Nos volvimos inseparables, al punto tal que lo consideraba como un abuelo.”
De Rosario a Los Ángeles
En 1994, Banegas se graduó como profesor y licenciado en música con especialidad en piano de la Universidad Nacional de Rosario, dejando trunca una cursada en Derecho. Su camino hacia Estados Unidos comenzó al acompañar a la soprano Alicia Caruso a Minnesota para una actuación, lo que aprovechó para perfeccionar su inglés. Posteriormente, una beca musical que ganó con honores consolidó su estadía definitiva en el país norteamericano.
En Los Ángeles, donde reside actualmente, Banegas también incursionó en el periodismo, obteniendo un diploma de la UCLA, y trabajó como modelo publicitario, una faceta que le generaba mayores ingresos que las clases de piano. A pesar de los años, confiesa que los choques culturales persisten y extraña el humor argentino, los encuentros espontáneos y el ritmo de vida de Rosario y Buenos Aires.
“No es fácil, a pesar de que hace treinta años que resido acá, tengo choques culturales a diario. Extraño mucho el humor de Argentina, los encuentros sociales, encontrarme con alguien en la peatonal de Rosario y tomarme un café sin programarlo antes. O cenar tarde”, comparte. Sin embargo, valora la familia de amigos que ha construido y la posibilidad de viajar a Europa, donde tiene familia en República Checa.
A sus 57 años, Fabio Banegas se mantiene en excelente forma física, cuidando sus manos y practicando natación, consciente de que su cuerpo es su principal instrumento. Se considera un “puente” entre el pasado y el presente, dedicado a legar la obra de otros, una tarea que lo llena de felicidad y salda una deuda histórica con compositores como José Antonio Bottiroli.

