Restricciones a la prensa en Casa Rosada: el Gobierno mantiene el control a pesar de la desestimación judicial
Las restricciones al trabajo de la prensa acreditada en la Casa Rosada se mantienen, a pesar de que el jefe de Gabinete Manuel Adorni había prometido el 4 de mayo una «normalidad» que aún no llega. Más de un mes después de aquella declaración y de la última conferencia de prensa con preguntas que ofreció el funcionario, los periodistas continúan con zonas vedadas y un control estricto de sus movimientos dentro de Balcarce 50.
La situación, inédita desde el retorno de la democracia, persiste pese a los reclamos reiterados a la Secretaría de Prensa y Comunicación, a cargo de Javier Lanari. Este funcionario de Javier Milei fue quien dispuso el cierre de la sala de prensa y las limitaciones actuales.
El origen de las restricciones y la desestimación judicial
La decisión gubernamental de prohibir inicialmente el ingreso de la prensa, que se extendió por once días en abril, se basó en una denuncia penal presentada por Casa Militar. La acusación era contra dos periodistas de TN, Luciana Geuna e Ignacio Salerno, por grabaciones presuntamente sin autorización de pasillos y despachos con «lentes inteligentes». El Gobierno los acusó de «espionaje».
Sin embargo, el pasado 13 de mayo, el juez federal Ariel Lijo desestimó la denuncia contra Geuna y Salerno. A pesar de que este era el argumento principal que sostenía las restricciones impuestas, la situación para los trabajadores de prensa no ha cambiado.
Una rutina de acceso y circulación con nuevos protocolos
La rutina de los periodistas acreditados en la Casa Rosada ha variado notablemente. Actualmente, cada periodista debe identificarse con nombre y DNI en la reja de Balcarce 78, donde se ubica la comisaría, un ingreso que no utilizan funcionarios ni visitantes. Dentro del edificio, deben pasar por un scanner y una revisión minuciosa. Personal de Casa Militar entrega una credencial que debe portarse en todo momento y devolverse al retirarse, a diferencia de la práctica anterior al 23 de abril.
Una vez superados los controles, los periodistas acceden a la sala de prensa por una escalera lateral en el primer piso. Las condiciones en la sala también son limitadas: desde el inicio del gobierno libertario no cuenta con aire acondicionado ni calefacción. Además, los accesos a balcones que dan a los salones de los Científicos y Eva Perón están prohibidos, y sus puertas vidriadas fueron esmeriladas por orden gubernamental. La circulación por el ala opuesta, donde se encuentra la oficina del asesor presidencial Santiago Caputo y otros funcionarios, también está vedada.
Las restricciones se extienden al Patio de las Palmeras, en la planta baja, un lugar que tradicionalmente permitía cubrir la entrada y salida de funcionarios y visitantes. En este sector, donde se ubican el Ministerio del Interior y la oficina de Adorni, los periodistas ya no pueden estar presentes mientras el presidente Javier Milei ingresa o se retira de la Casa Rosada, supuestamente por cuestiones de seguridad. Esta medida también representa una novedad en comparación con gobiernos anteriores.
A todo esto se suma la vigilancia constante del personal de Casa Militar, que circula en los pasillos cercanos a la sala de prensa mientras los acreditados realizan sus tareas.
Las promesas incumplidas de Manuel Adorni
El 4 de mayo, Adorni había manifestado: “Vamos a volver al esquema de conferencias, que van a ser…, no diarias, pero sí van a ser…, nos vamos a ver seguido, digamos, las caras”. Pocos días después, el 8 de mayo, regresó para presentar a los ministros Alejandra Monteoliva (Seguridad) y Luis Caputo (Economía). Este último encuentro, en el que Caputo se mostró molesto por una consulta sobre presuntos sobresueldos, fue el último del jefe de Gabinete y ex vocero presidencial con los acreditados de la Casa Rosada, dejando sus promesas de normalización sin cumplirse hasta el momento.

