Capilla del Señor: el pueblo sin acta de fundación que guarda un relicario de Jesús y misterios masónicos
A menos de una hora de la Ciudad de Buenos Aires, Capilla del Señor se erige como un destino que conjuga la nostalgia de sus calles de adoquines y casas centenarias con una profunda carga histórica y misterios sin resolver. Este pueblo de poco más de 10.000 habitantes, reconocido por su singular encanto, guarda secretos que van desde un relicario de Jesús hasta una enigmática simbología masónica y la huella de una comunidad de inmigrantes irlandeses que desapareció sin dejar rastros.
En diálogo con LA NACION, Roberto Simonetti, director de Turismo de Exaltación de la Cruz, y Alberto Balada, exdirector de Cultura del mismo partido, desentrañaron las curiosidades que convierten a Capilla del Señor en un sitio único, más allá de su oferta gastronómica y arquitectura de antaño.
El pueblo que nació sin acta de fundación
A diferencia de la mayoría de las localidades, Capilla del Señor no posee un acta de fundación. Su origen se remonta al 14 de septiembre de 1735, fecha en que la capilla de la familia de Francisco Casco de Mendoza fue designada como viceparroquia. Este hecho, en el contexto del nacimiento de los curatos en la provincia, propició un espontáneo aglutinamiento de población alrededor del lugar de culto.
Desde entonces, cada 14 de septiembre se celebra el “cumpleaños” del pueblo, con una procesión que parte de la iglesia central, recorre la plaza José de San Martín y regresa al templo. La población optó por esta fiesta patronal como fecha fundacional, en lugar de la creación del municipio en 1856.
Simbología masónica en el corazón del pueblo
La iglesia de Capilla del Señor ostenta una categoría única, según Simonetti. “Debajo de cada imagen del Viacrucis hay placas de mármol con una cruz labrada, algo que ni siquiera la Basílica de Luján posee. Se hicieron para conmemorar los 2000 años del nacimiento de la Virgen María”, explicó el director de Turismo.
“Además, hay mucha simbología masónica. En el altar mayor, arriba de todo, hay un triángulo con un ojo y rayeras, exactamente igual al que aparece en los billetes de dólar. Los católicos ortodoxos dicen que representa a la Santísima Trinidad, pero en el cementerio también ves compases invertidos, relojes de arena y calaveras, que son símbolos masones. Incluso el primer periódico local y provincial, El Monitor de la Campaña, tenía una portada con simbología que nadie entendía y cuyos dueños eran masones”, detalló Roberto Simonetti.
La colonia irlandesa que se desvaneció
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el partido de Exaltación de la Cruz fue un polo de atracción para inmigrantes irlandeses que huían de la pobreza y la crisis de la papa en su país. Estos colonos aplicaron sus conocimientos en agricultura y cría de ovejas, integrándose rápidamente a los negocios agrarios regionales. Capilla del Señor fue un epicentro de esta comunidad, donde incluso se publicaban avisos en inglés en el primer periódico de la provincia de Buenos Aires.
Alberto Balada, exdirector de Cultura, destacó la influencia irlandesa: “Muchos inmigrantes eran de campo, que prefirieron la llanura pampeana antes que Nueva York. Trajeron la cría de ovejas, que no era autóctona, y progresaron tanto que compraron las principales casonas de Capilla. Eran tan influyentes que en la parroquia daban misas en inglés o irlandés y actualmente hay un altar dedicado a San Patricio, el único de una colectividad. Incluso las estatuas de la fachada de la iglesia, San Mateo y San José, están ahí en honor a donantes irlandeses”.
A mediados del siglo XIX, el padre Anthony Dominic Fahy inauguró una escuela militar para hijos de irlandeses. Sin embargo, con la llegada del peronismo en 1946, se cuenta que la escuela fue demolida para evitar su expropiación. A pesar del marcado impacto en la sociedad y tradiciones de Capilla, hoy no quedan vestigios de esta comunidad: ni descendientes, ni arquitectura, solo las esculturas en la iglesia y el altar a San Patricio.
El relicario con astillas de la Santa Cruz
Hacia finales del siglo XVIII, la Iglesia Católica buscó evangelizar los territorios del sur de Buenos Aires. Para ello, el Vaticano envió a un sacerdote italiano con un relicario que contenía dos astillas de la Santa Cruz, donde Jesús fue crucificado. La medida, que también buscaba recolectar el diezmo, no tuvo el éxito esperado.
El sacerdote regresó a Italia, pero no sin antes dejar el valioso relicario en la iglesia de Capilla del Señor, que ya era un punto relevante en el partido de Exaltación de la Cruz. Así, este pueblo de provincia se convirtió en custodio de un tesoro religioso de incalculable valor.
Capilla del Señor se revela como un destino que va más allá de su belleza arquitectónica y su oferta gastronómica, invitando a los visitantes a explorar sus profundas capas de historia, leyendas y secretos que la convierten en un imperdible a pocos kilómetros de la capital.

