Murió el Indio Solari: qué escuchar después del ícono ricotero y sus legados musicales
La noticia de la muerte de Carlos Alberto Solari, conocido como el Indio Solari, marca el fin de una era para la música argentina. El vocalista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y posteriormente una exitosa carrera solista, falleció este martes a los 77 años, dejando un vacío en el corazón de millones de seguidores. Su partida no solo cierra la fantasía de un posible regreso de Los Redondos, sino que también invita a explorar el vasto universo musical que lo inspiró y que él mismo recomendaba.
La trascendencia del Indio Solari va más allá del rock. Es un fenómeno cultural que movilizó multitudes, como el histórico recital de Olavarría que congregó a medio millón de personas en una ciudad de menos de 150 mil habitantes. Su impacto se refleja en las emotivas despedidas de diversas personalidades, entre ellas la del reconocido historiador Felipe Pigna, quien lamentó su pérdida y destacó el alcance de una figura que, de un inicio casi secreto, se convirtió en patrimonio sentimental de varias generaciones.
El Indio Solari: entre Bowie y el tango
En una de sus escasas entrevistas, Solari dejó una frase reveladora sobre sus preferencias musicales:
“A mí siempre me interesaron más los David Bowie que los Eric Clapton de esta vida”.
Esta declaración, más allá de la provocación, ofrecía una clave para entender su oído. El Indio se inclinaba por la mutación, por la experimentación sonora, por los samplers y las texturas, en contraposición a la idea de un músico que se ancla en un estilo clásico. Su admiración por David Bowie, el camaleón del rock, subraya su interés en la transformación y el riesgo, elementos que se reflejaron en la complejidad de las composiciones de Los Redondos.
Las canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y las de su etapa solista, no eran “nada más” que rock. Estaban impregnadas de escenas, personajes oblicuos, climas nocturnos y un aura de misterio que construía mundos sin explicarlos por completo. Esta densidad narrativa y sonora encontraba paralelismos insospechados en la música ciudadana. El Indio no escatimaba elogios para el tango, y de hecho, muchas de sus obras comenzaban con largas introducciones instrumentales, una característica propia del género que prepara la escena antes de la irrupción de la voz.
Solari valoraba el nuevo tango, elogiando a grupos como La Chicana, que incluso le devolvió el gesto con una versión de “El tesoro de los inocentes”. También rescataba a bandas de rock alternativo como Pequeña Orquesta Reincidentes, destacando su “cosa medio Nick Cave”. El historiador de la cultura argentina Sergio Pujol incluso llegó a trazar una afinidad entre el sonido de ciertos quintetos de tango renovador y Los Redondos, señalando músicas “perfectas, ajustadas y expansivas al mismo tiempo”. Aunque no hay una influencia directa de Manzi o Expósito, el “perfume no literal” de tango se percibe en canciones como “Ropa sucia”, con su inconfundible canyengue.
Los sonidos que lo inspiraron
A pesar de su reticencia a la exposición, el Indio Solari solía “abrir hilo” cuando se le preguntaba por sus gustos musicales. En sus recomendaciones aparecían nombres tan variados como Tom Petty, Los Lobos, John Mellencamp, Arctic Monkeys, el Álbum Blanco de The Beatles y hasta Jacques Brel.
Entre ellos, Los Lobos merecen una mención especial. Esta banda de raíz chicana, que fusiona rock, tex-mex, blues y canción popular, ofrece una experiencia sonora que un oído ricotero podría disfrutar plenamente. En su música, como en la del Indio, conviven la fiesta y la sombra, la densidad y el baile. Además, la presencia del trompetista Juan Cruz de Urquiza en grabaciones del Indio y Los Redondos, y su posterior trabajo en la música de Charly García, sugiere una conexión con el jazz, abriendo otra puerta a seguir explorando.
Como bien lo sintetizó Javier Martínez, fundador de Manal:
“Los Redondos me gustan, tienen swing”.
Esa frase, simple pero profunda, resume la esencia de una banda y un artista que supieron escuchar y crear con un ritmo particular, dejando un legado que, incluso después de su partida, invita a seguir buscando y descubriendo la música que lo habitó y lo inspiró.

