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Crisis textil: el sector perdió 13.000 empleos en un año y la actividad se desplomó 27%

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La industria textil argentina atraviesa una profunda crisis que se manifiesta en una drástica pérdida de empleo y una caída sostenida de la actividad. Según los últimos datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), el sector registró 99.000 empleos formales en febrero, lo que representa una pérdida neta de 13.000 puestos de trabajo en comparación con el mismo mes del año anterior. La situación se agrava si se considera que, desde diciembre de 2023, la actividad ya perdió más de 22.000 empleos registrados.

Esta sangría laboral se destaca por su magnitud dentro del panorama industrial general. Los empleos textiles representan uno de cada tres puestos de trabajo dados de baja en la industria manufacturera argentina, que acumula una pérdida de casi 80.000 empleos registrados en el mismo período, según relevamientos oficiales y consultoras privadas como el Monitor de la Unión Industrial Argentina y el Observatorio IPA.

Actividad en picada y baja inversión

La caída del empleo va de la mano con el desplome de la actividad. La FITA informó que en marzo la actividad textil sufrió una contracción del 23,3% interanual. Esta cifra contrasta fuertemente con la recuperación de la industria general, que en el mismo mes anotó un crecimiento del 5%. El balance del primer trimestre del año es aún más contundente: mientras el total de la industria manufacturera apenas retrocedió un 2,3%, el sector textil se hundió un 27,1%.

Esta parálisis se refleja en la utilización de la capacidad instalada de las fábricas, que tocó un mínimo del 40%, muy por debajo del 59% que promedió la industria en general. La fuerte contracción en la producción de hilados de algodón y tejidos es el principal factor detrás de este freno generalizado, mientras que sectores como la refinación de petróleo y las industrias metálicas básicas impulsan una mejor dinámica en otras ramas.

La incertidumbre también impacta en los planes de inversión. Durante el primer cuatrimestre de 2026, las compras de maquinaria importada -un termómetro clave para medir la apuesta a largo plazo del sector- sumaron apenas US$ 40 millones, lo que representa un descenso del 22% respecto al año anterior. La caída fue especialmente notoria en la adquisición de bienes de capital esenciales, como hiladoras y telares.

Precios y comercio exterior: un escenario dual

El comportamiento de los precios en el sector textil muestra una dinámica dual. En góndolas y locales comerciales, las prendas de vestir, el cuero y el calzado registraron en marzo un incremento del 3,2% mensual y un 12,7% anual, ubicándose por encima de la inflación mensual general. Sin embargo, a nivel mayorista, los precios textiles se movieron a un ritmo más lento, con una suba del 1,1% mensual y 15% anual, cifras que se posicionan por debajo del promedio de los productos manufacturados.

En el frente del comercio exterior, el freno del consumo interno provocó un desplome en las importaciones de productos textiles. En abril, cayeron un 10% en volumen y un 21% en valor, acumulando en lo que va del año un retroceso del 29% y 36% respectivamente.

La contracara positiva se dio en las exportaciones: las ventas al exterior crecieron un 41% en volumen y un 33% en valor durante abril, impulsadas fundamentalmente por los despachos de hilados y tejidos, que mostraron incrementos interanuales superiores al 140%. No obstante, este alivio exportador no alcanzó a derramarse de manera homogénea, ya que las ventas de prendas terminadas y confecciones siguieron mostrando saldos negativos en su valor, consolidando un escenario de reactivación compleja y desigual.

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