Autos eléctricos vs. nafteros: cuánto cuesta cargar la batería y la brecha del 90% frente al tanque lleno
El desembarco y paulatino avance de los autos eléctricos en la Argentina instaló un interrogante central entre los conductores: cuánto cuesta realmente alimentar la batería de estos vehículos y qué margen de ahorro representan frente al uso de nafta tradicional. Aunque la respuesta varía según la zona geográfica, la tarifa del kilowatt hora (kWh) y el punto de recarga elegido, los números actuales muestran brechas de costo significativas a favor de la movilidad eléctrica.
Carga domiciliaria: precios y la inversión inicial
A diferencia de los combustibles fósiles, cuyo valor se determina de manera uniforme por litro, el gasto en un auto eléctrico depende en gran medida de dónde y cómo se conecta. Si se toma como referencia el BYD Dolphin Mini GS —equipado con una batería de 43,2 kWh—, hacer una recarga completa de 0% a 100% en una vivienda de la Ciudad de Buenos Aires (con un costo promedio de $150 por kWh) demanda aproximadamente $6.480, monto que luego se suma a la factura del servicio residencial. En provincias como Córdoba o Mendoza, donde el precio del kWh se sitúa cercano a los $200, la misma recarga asciende a $8.640.
Sin embargo, para abastecer el vehículo en el hogar se requiere una logística previa. La instalación de un punto de carga exclusivo con sus correspondientes tareas técnicas exige una inversión inicial que oscila entre los US$1.300 y US$1.700. Si bien algunos modelos permiten enchufarse directo a la red convencional sin adquirir cargadores especiales, esa opción extiende los tiempos de espera y requiere verificar previamente que la instalación soporte el consumo continuo.
Cargar en estaciones públicas y tiempos de espera
El escenario cambia cuando la batería se reabastece fuera de casa. En la red de estaciones de Chargebox, el plan para usuarios ocasionales fija una tarifa unificada de $700 por kWh a nivel nacional, independiente de la potencia del equipo. Con ese valor, llenar por completo la batería del compacto de BYD representa unos $30.240. En tanto, si se interrumpe el proceso al alcanzar el 80% partiendo desde cero, el costo baja a $24.200. Para los hábitos diarios, donde suele recargarse del 20% al 80% de la capacidad, el gasto ronda los $18.000.
La diferencia principal en las estaciones públicas radica en la velocidad del proceso. En un cargador semirrápido, llevar el modelo tomado como referencia hasta el 80% de su energía demora alrededor de tres horas, mientras que en un punto de recarga rápida la tarea se completa en aproximadamente 40 minutos.
La brecha frente al tanque de nafta
Al trasladar la medición al mercado de combustibles convencionales, la brecha económica resulta notoria. En las estaciones de servicio de YPF en la Capital Federal, el litro de nafta súper se ubica en torno a los $2.047, mientras que la variante premium cotiza a $2.244. Para un modelo masivo como el Fiat Cronos, que posee un tanque de 48 litros, completarlo con nafta súper requiere $98.256 y trepa a $107.712 con combustible de mayor octanaje.
Bajo estos parámetros, recargar la batería de un eléctrico en un domicilio porteño cuesta cerca de un 93% menos que llenar el tanque de nafta súper de un sedán convencional. Incluso recurriendo a cargadores públicos, donde la tarifa eléctrica es notablemente superior, el costo para abastecer la batería no llega a representar un tercio de lo que cuesta el combustible fósil. No obstante, para determinar el gasto total por kilómetro recorrido se deben contemplar factores clave como la autonomía nominal, el estilo de conducción y el consumo real de cada unidad.

