Política

Vocería oficial: los continuos errores de Adrián Ravier desatan malestar, pero Javier Milei descarta moverlo

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A exactamente un mes de asumir como el segundo vocero de la gestión de Javier Milei, la actuación del economista Adrián Ravier comenzó a encender severas alarmas en el seno del Gobierno nacional. Lo que arrancó como una bocanada de aire fresco tras la estrepitosa salida de Manuel Adorni —quien dejó la jefatura de Gabinete envuelto en una causa judicial por presunto enriquecimiento ilícito— mutó rápidamente en un profundo malestar en las oficinas de Balcarce 50 debido a una sucesión de traspiés comunicacionales y desatinos conceptuales.

A pesar del enojo generalizado entre ministros y funcionarios del gabinete, en la Casa Rosada descartan de plano que el Presidente vaya a pedirle la renuncia en el corto plazo. Cerca del mandatario sostienen que la figura del vocero cuenta con el aprecio personal de Milei y que una remoción en este contexto enviaría un mensaje político contraproducente para la gestión.

Del streaming al pifie con la cotización del dólar

El detonante del nivel de tensión actual ocurrió durante su participación en el canal de streaming oficialista Carajo. Durante la entrevista, Ravier sorprendió al afirmar abiertamente que

“es una posibilidad”

que la cotización del dólar alcance los $1700 o $1800 en el transcurso de los próximos meses. La frase generó inquietud inmediata en el equipo económico e impulsó a diversos funcionarios a monitorear minuto a minuto el comportamiento de la divisa en los mercados.

La declaración desató duras críticas dentro del oficialismo, donde señalaron la falta de distinción entre el rol de un analista económico independiente y la responsabilidad institucional de ser la voz oficial del Poder Ejecutivo.

“No parece terminar de entender que es el vocero del gobierno, del presidente y que lo que dice no es su palabra como economista, es la palabra del Gobierno”

, recriminaron desde los pasillos de la Casa Rosada.

Fallas en conferencias y traspiés acumulados

El episodio del dólar no fue un hecho aislado, sino la gota que colmó el vaso en un legajo de equivocaciones que Ravier acumuló en apenas cuatro semanas. Tras haber reanudado las conferencias de prensa habituales con un estilo sobrio y formal, alejado de las confrontaciones que caracterizaban a su antecesor, el funcionario empezó a mostrar fallas operativas de consideración frente a las preguntas de los periodistas acreditados.

El pasado martes, al ser consultado sobre las actividades de exploración británica e israelí en las Islas Malvinas, el vocero confundió los papeles y leyó un texto que no correspondía al tema.

“Perdón, está mal la respuesta. Era una respuesta a otra pregunta. Un segundo que chequeo esto”

, debió excusarse en plena rueda antes de dar con la nota de protesta elevada a la embajada del Reino Unido. Acto seguido, ante una repregunta, admitió no contar con más información sobre el asunto y dio por terminada la conferencia.

A ese episodio se le sumó la necesidad de dedicar minutos oficiales para aclarar un tuit previo en el que empleaba el término “país bananero”, además de sus controvertidos dichos en el medio El Cronista sobre las restricciones impuestas a los periodistas en la Sala de Prensa de la Casa Rosada.

Respaldo presidencial y ‘coaching’ a cargo de Santiago Caputo

Frente a las críticas por los recurrentes deslices, la postura del Presidente permanece firme en cuanto a mantenerlo en sus funciones. Dentro del equipo gubernamental argumentan que Milei no suele desprenderse de colaboradores cercanos ante el primer traspié y coinciden en que

“cambiarlo no, porque lo eligió el presidente; además es alguien querido y de la causa”

.

Sin embargo, para intentar encauzar las apariciones públicas de Ravier, desde el entorno del asesor presidencial Santiago Caputo intensificaron un proceso de entrenamiento y acompañamiento mediático. En el entorno de los asesores sostienen que el economista debe asumir con urgencia que no dispone de margen para nuevos fallos, por lo que trabajan activamente en la preparación de sus intervenciones para afianzar la comunicación del Gobierno.

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