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Fútbol y política: la Selección mantiene la distancia con el poder y consolida una nueva identidad popular

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La sintonía inquebrantable entre la Selección Argentina y su gente consolida un fenómeno social que trasciende lo deportivo y expone una grieta irreversible con el poder político. Desde la consagración en el Mundial de Qatar 2022, las calles del país sostienen un estado de festividad permanente que prescinde sistemáticamente de la intermediación del Estado, marcando una distancia histórica entre la pasión popular y la representación institucional.

La mutación del vínculo: de 1986 al vacío del poder

La relación entre el éxito deportivo, la sociedad y el poder político experimentó un giro radical en las últimas décadas. En 1986, tras la consagración en México, Diego Maradona asistió a la Casa Rosada para ofrendarle la Copa del Mundo al entonces presidente Raúl Alfonsín, quien cedió el balcón al plantel en un gesto de mutuo reconocimiento democrático. Sin embargo, en 2022 el escenario fue opuesto: la multitud en las calles desplazó al Estado y el plantel, con el guiño de sus referentes, rechazó la utilización política intentada por la gestión de Alberto Fernández, evitando la foto oficial en la sede de gobierno.

Según el sociólogo Pablo Semán y Ulises Ferro, este distanciamiento evidencia que la relación entre la sociedad y el Estado cambió drásticamente. En sus análisis, señalaron que las dirigencias invalidadas intentan ejercer un «punguismo simbólico» sobre un colectivo social autónomo que construye su propia narrativa:

«La relación entre sociedad y estado cambió; no estamos en 1986. La política no pudo ofrecernos siquiera la fantasía de un lugar común»

Ante esta realidad, el presidente Javier Milei optó por un pragmatismo intuitivo al ofrecer de antemano desalojar la Casa Rosada para que los jugadores festejen solos en el balcón, asumiendo de manera implícita que la presencia estatal podría empañar la celebración.

Fútbol y elecciones: las encuestas que desarman mitos

Un estudio de opinión pública realizado por el consultor Jorge Giacobbe derriba la vieja creencia de que los triunfos deportivos benefician electoralmente a los gobiernos de turno. De acuerdo con el sondeo, el 85,5% de los encuestados afirmó que un campeonato de la Selección no traería beneficios para Javier Milei, mientras que el 93,4% aseguró que un triunfo del equipo dirigido por Lionel Scaloni no alteraría su voto. Asimismo, el 71,5% rechazó la idea de utilizar el Mundial para lograr la unidad política, sosteniendo que el fútbol no tiene relación con la gestión pública.

El estudio también reveló un fuerte componente de nihilismo pasional en la sociedad argentina: ante la consulta sobre qué preferían para los próximos cuatro años, un 44,2% de los consultados eligió que la Selección vuelva a ganar el Mundial por sobre una mejora en la economía nacional, opción que obtuvo el 48,8%. Esta paridad refleja la búsqueda de instantes de felicidad absoluta en medio de crisis prolongadas. En cuanto a la popularidad, las figuras del plantel gozan de un consenso inalcanzable para la dirigencia tradicional: Julián Álvarez lidera con un 93,2% de imagen positiva, seguido por Lionel Scaloni (92,3%), Emiliano «Dibu» Martínez (92,2%) y Lionel Messi (90,9%).

Tensiones operativas y la interna con la AFA

A pesar de la pretendida neutralidad, gestos como la exhibición de la bandera de Malvinas o las recientes declaraciones éticas de Lionel Messi sobre la desigualdad y la gente que no llega a fin de mes generaron incomodidad en el oficialismo. La soberanía de las islas y la situación social obligaron al Gobierno a emitir mensajes contradictorios y comunicados de prensa para asimilar el impacto de las críticas.

En este contexto, Javier Milei instruyó a sus funcionarios a facilitar la logística de los festejos sin forzar acercamientos políticos. Los contactos gubernamentales se realizaron directamente con el plantel, puenteando a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El operativo de seguridad involucró a figuras como Martín Menem, Diego Santilli y el viceministro porteño Gustavo Coria, quien mantiene diálogo con el presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia.

Por su parte, Claudio Tapia vive el presente deportivo como una revancha personal frente a la presión judicial y los intentos del Ejecutivo de desplazarlo, apuntando a una supuesta alianza entre el empresario Guillermo Toffoni, Javier Milei y el asesor Santiago Caputo para intervenir la federación. Para Tapia, el éxito deportivo funciona como su principal escudo de protección política.

La «nueva argentinidad» y el arraigo maradoniano

El fenómeno trasciende lo institucional para reconfigurar la identidad nacional. El sociólogo Pablo Alabarces explica que, mientras en el pasado el relato de la patria era potestad del Estado, hoy se define a través de la pasión futbolística. Aunque el 73% de los argentinos considera a Lionel Messi como el mejor jugador de la historia, el 57,4% siente que la forma de ser del argentino se parece más a la de Diego Maradona, caracterizada por la transgresión y el desborde, frente al 39,4% que se identifica con el perfil de Messi.

Esta nueva fisonomía social incorpora masivamente a mujeres y jóvenes. Según datos del consultor Fernando Moiguer, el 80% de los jóvenes se declara «muy orgulloso» de su país y el 71% prefiere vivir en Argentina antes que en el exterior. Este fervor juvenil no se asocia a los símbolos patrios tradicionales, sino a la ritualización de lo cotidiano: el mate, el fernet y la amistad. Se consolida así una patria gozosa y compartida, una utopía efímera que redefine el ser argentino en las calles.

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